Ahed Tamimi

(Artículo publicado en El Periódico de Catalunya)

Ahed Tamimi. 16 años. Durante una manifestación en contra de la decisión de Donald Trump de reconocer Jerusalén como la capital de Israel se encaró con un soldado israelí equipado con casco, chaleco y arma en su aldea de Nabi Saleh. Lo abofeteó en la cara, lo golpeó. Ahed, pese a su juventud, es una conocida activista en su pueblo, donde cada viernes hay protestas, a las que ella acude desde los nueve años. Su padre, Bassem, conoce muy bien las cárceles israelís, y fue declarado en el 2012 «prisionero de conciencia» por parte de Amnistía Internacional. Días después de que Ahed abofeteara al soldado, un aparatoso dispositivo militar israelí se desplegó en su aldea. Asaltaron la casa y se llevaron a Ahed. Al día siguiente, cuando su madre se personó para estar presente en su declaración, fue arrestada. Ayer fue detenida su prima Nor Naji TamimiNaftali Bennet, ministro israelí de Educación, opinó que Ahed debería terminar su vida en prisión. Sigue leyendo

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La primavera palestina

(Artículo publicado en El Periódico de Catalunya)

Pues no, Jerusalén no ardió. Y no, no hay en marcha una tercera Intifada, la Intifada de Trump, a cuenta de la decisión de EEUU  de reconocer Jerusalén como capital de Israel sin tener en cuenta ni la legalidad internacional ni el plan de paz aún vigente sobre el papel, el de dos Estados. Ha habido disturbios en zonas fronterizas de Gaza y Cisjordania, y han muerto algunos palestinos, claro (¿cuándo no mueren palestinos? Hasta el 4 de diciembre este año habían muerto 61 palestinos en los territorios ocupados, según la Oficina de Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios). Ha habido manifestaciones, se han lanzado cohetes desde Gaza y nadie puede descartar algún acto individual de violencia pero no, no hay una intifada en ciernes, una pena, tanta saliva y tinta malgastada. Sigue leyendo

La cruzada de Trump

(Artículo publicado en El Periódico de Catalunya el 6/12/2017)

Hay que agradecerle a Donald Trump que con su desacomplejada mezcla de ignorancia, arrogancia, vanidad y egoísmo haya dado el paso de formalizar lo que desde hace años son unas cuantas verdades en el llamado conflicto palestino-israelí. Por ejemplo: que EEUU no es un mediador de buena fe e imparcial entre las dos partes. Que lo que digan, sienten o piensen los palestinos no tiene el mínimo peso en el devenir de los acontecimientos (y mucho menos sus derechos). Que  el liderazgo palestino no es más que una fachada, y que da igual lo que haga, cuántos deberes intente cumplir, que nunca será tratado en pie de igualdad en un conflicto con una correlación de fuerzas profundamente desequilibrada. Que lo que opine el resto de la comunidad internacional no tiene ninguna influencia sobre el binomio Washington-Tel-Aviv. Que la solidaridad de los «hermanos árabes» con  los palestinos es algo peor que retórica vacía: una falsedad que se cobra en sangre lo que se vende en petróleo.  Que la legalidad internacional y las resoluciones de la ONU no tienen la más mínima importancia cuando de Israel y EEUU se trata.  Que los palestinos están solos, a su suerte, y son débiles. Que el proceso de paz es una cortina de humo, que la solución de los dos Estados está muerta y enterrada. Que ser fuerte y tomar decisiones sustentadas por la fuerza da réditos. De Teherán a Pyongyang, de Riad a Pekín, de Moscú a Estambul, se toma buena nota de este hecho: primero construye asentamientos, y después niégate a responder preguntas. Funciona.

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Banderas

Sobre la diputada de Podem que retiró las banderas españolas del Parlament entre aplausos de los diputados de la CUP (en un acto que incluso Carme Forcadell pidió, en vano, que rectificara). No sé qué pensarán de ello el resto de “pueblos de España” con los que la izquierda independentista dice no tener ningún problema, al contrario, afirma querer hermanarse. Algunos de ellos se sentirá representado por esa bandera, porque España no es tan solo una estructura estatal y burocrática. No me gustan las banderas, pero algo sé de ellas. Por ejemplo, que esa bandera española no es un símbolo del “régimen del 78”. Que no es la franquista. Ni la de los Borbones. Que muchos catalanes se sienten representados solo por ella, o por ella y la senyera. Que al retirar solo una bandera, y no las dos, no se hizo un manifiesto a lo “sin patria y sin tierra”, no se dio una patada al orden establecido, no se puso en marcha ninguna revolución, no se exigió un nuevo orden social más justo, no se hermanó con los pueblos libres del mundo. Al retirar una bandera se eligió automáticamente otra. La diputada de Podem y quienes la aplaudieron no desdeñaron todas las banderas y lo que representan para abrazar un espíritu internacionalista, sino que rechazaron una bandera en concreto para enarbolar otra. Con su gesto demostraron, –constataron, de hecho, porque en los últimos tiempos ya habíamos tenido sobradas pruebas– una triste realidad: que un nacionalista es un nacionalista, ante todo y por encima de cualquier otra consideración, y que luego viene todo lo demás. Exactamente igual que los nacionalistas españoles. Qué frío hace, cuando solo hay banderas con las que envolverse.

@jcbayle

Feminicidio

Noticia 1: El pasado 16 de julio, una niña de 12 años fue violada en Pakistán mientras cortaba la hierba. Su hermano, tras enterarse de lo ocurrido, acudió a la jirga, una especie de autoridad local formada por ancianos, a denunciar los hechos, y dos días después el consejo ordenó la violación de la hermana del violador, de 16 años. La familia del violador la entregó para que se aplicara la sentencia. Sigue leyendo

El elefante y la cola del ratón

En plena segunda Intifada, el embajador de España en Tel-Aviv invitó a los corresponsales de la prensa española a comer en su residencia. El diplomático acababa de llegar, y una invitación de este tipo es un formalismo habitual. Avanzada la comida, los periodistas nos enfrascamos en una discusión sobre si el muro que entonces Israel construía en Cisjordania debía llamarse muro o valla. A lo largo de su trazado, la barrera combina trayectos en los que toma la forma de un gran muro de ocho metros de alto (más alto de lo que fue el muro de Berlín) y otros en los que es una gran valla electrificada con una amplia zona de seguridad a ambos lados. Llamar muro a la barrera, que es como la llaman los palestinos, supone considerarla ilegal y criticar su construcción del lado palestino de la Línea Verde, la expropiación de tierras palestinas que acarreó y los movimientos estratégicos unilaterales en términos de fronteras y asentamientos que implica. Llamarla valla, que es como la califica Israel, equivale a justificar su construcción por motivos de seguridad y dotarla por tanto de legitimidad e incluso de legalidad bajo el argumento de la defensa propia. En esa comida, los corresponsales españoles coincidimos en llamar muro a la barrera. Los corresponsales israelíes castellanoparlantes, muchos de origen latinoamericano, formaban el bando de la valla. La conversación, una discusión en realidad, fue poco edificante, el embajador nos observaba estupefacto. Sigue leyendo

Yerushalayim, Al Quds

Artículo publicado el 4 de junio en El Periódico de Catalunya

En las tiendas de la Ciudad Vieja de Jerusalén, da igual si es en el barrio musulmán o el judío, es frecuente encontrar una fotografía de David Rubinger en la que se ve a tres paracaidistas del Ejército israelí arrobados ante el Muro de las Lamentaciones. La fotografía fue tomada el 7 de junio de 1967, cuando las tropas israelís conquistaron la Ciudad Vieja, y con el tiempo la imagen de los tres soldados se ha convertido en icónica de la joya de aquella victoria: Jerusalén. Sigue leyendo