Banderas

Sobre la diputada de Podem que retiró las banderas españolas del Parlament entre aplausos de los diputados de la CUP (en un acto que incluso Carme Forcadell pidió, en vano, que rectificara). No sé qué pensarán de ello el resto de “pueblos de España” con los que la izquierda independentista dice no tener ningún problema, al contrario, afirma querer hermanarse. Algunos de ellos se sentirá representado por esa bandera, porque España no es tan solo una estructura estatal y burocrática. No me gustan las banderas, pero algo sé de ellas. Por ejemplo, que esa bandera española no es un símbolo del “régimen del 78”. Que no es la franquista. Ni la de los Borbones. Que muchos catalanes se sienten representados solo por ella, o por ella y la senyera. Que al retirar solo una bandera, y no las dos, no se hizo un manifiesto a lo “sin patria y sin tierra”, no se dio una patada al orden establecido, no se puso en marcha ninguna revolución, no se exigió un nuevo orden social más justo, no se hermanó con los pueblos libres del mundo. Al retirar una bandera se eligió automáticamente otra. La diputada de Podem y quienes la aplaudieron no desdeñaron todas las banderas y lo que representan para abrazar un espíritu internacionalista, sino que rechazaron una bandera en concreto para enarbolar otra. Con su gesto demostraron, –constataron, de hecho, porque en los últimos tiempos ya habíamos tenido sobradas pruebas– una triste realidad: que un nacionalista es un nacionalista, ante todo y por encima de cualquier otra consideración, y que luego viene todo lo demás. Exactamente igual que los nacionalistas españoles. Qué frío hace, cuando solo hay banderas con las que envolverse.

@jcbayle

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Feminicidio

Noticia 1: El pasado 16 de julio, una niña de 12 años fue violada en Pakistán mientras cortaba la hierba. Su hermano, tras enterarse de lo ocurrido, acudió a la jirga, una especie de autoridad local formada por ancianos, a denunciar los hechos, y dos días después el consejo ordenó la violación de la hermana del violador, de 16 años. La familia del violador la entregó para que se aplicara la sentencia. Sigue leyendo

El elefante y la cola del ratón

En plena segunda Intifada, el embajador de España en Tel-Aviv invitó a los corresponsales de la prensa española a comer en su residencia. El diplomático acababa de llegar, y una invitación de este tipo es un formalismo habitual. Avanzada la comida, los periodistas nos enfrascamos en una discusión sobre si el muro que entonces Israel construía en Cisjordania debía llamarse muro o valla. A lo largo de su trazado, la barrera combina trayectos en los que toma la forma de un gran muro de ocho metros de alto (más alto de lo que fue el muro de Berlín) y otros en los que es una gran valla electrificada con una amplia zona de seguridad a ambos lados. Llamar muro a la barrera, que es como la llaman los palestinos, supone considerarla ilegal y criticar su construcción del lado palestino de la Línea Verde, la expropiación de tierras palestinas que acarreó y los movimientos estratégicos unilaterales en términos de fronteras y asentamientos que implica. Llamarla valla, que es como la califica Israel, equivale a justificar su construcción por motivos de seguridad y dotarla por tanto de legitimidad e incluso de legalidad bajo el argumento de la defensa propia. En esa comida, los corresponsales españoles coincidimos en llamar muro a la barrera. Los corresponsales israelíes castellanoparlantes, muchos de origen latinoamericano, formaban el bando de la valla. La conversación, una discusión en realidad, fue poco edificante, el embajador nos observaba estupefacto. Sigue leyendo

Yerushalayim, Al Quds

Artículo publicado el 4 de junio en El Periódico de Catalunya

En las tiendas de la Ciudad Vieja de Jerusalén, da igual si es en el barrio musulmán o el judío, es frecuente encontrar una fotografía de David Rubinger en la que se ve a tres paracaidistas del Ejército israelí arrobados ante el Muro de las Lamentaciones. La fotografía fue tomada el 7 de junio de 1967, cuando las tropas israelís conquistaron la Ciudad Vieja, y con el tiempo la imagen de los tres soldados se ha convertido en icónica de la joya de aquella victoria: Jerusalén. Sigue leyendo

Entre el yihadismo y los ultras

Ojalá fuera tan sencillo, evitar atentados terroristas como el de Londres, la muerte intolerable e injustificable de inocentes: se prohíbe viajar a los musulmanes hasta Occidente con iPad y ordenadores portátiles y ya está. Ya puestos, y sin ánimo de dar ideas, se puede prohibir a los musulmanes directamente viajar a Occidente. Ojalá fuera tan fácil, ojalá bastara con levantar muros, no solo en las fronteras exteriores (lo del iPad y los aviones no es nada comparado con los campos en Grecia, las vallas en Turquía, la muerte en el Mediterráneo), sino en las interiores: muros que separen entre sí calles de Londres, alambradas entre las ‘banlieue’ y el centro de París, concertinas en las empresas alrededor de las trabajadoras con hiyab. Ojalá fuera tan fácil, bombardear algún desierto remoto en un Estado fallido, abrir uno, dos, tres ,muchos Guantánamos, los que hagan falta, pisotear la carta de derechos humanos de la ONU, deportar a musulmanes a decenas de miles. Dónde hay que firmar, igualmente habríamos tirado por la ventana los principios, nos habríamos vendido el alma, hubiésemos sucumbido al terror, nos habríamos convertido (de nuevo) en aquello que juramos que no volvería a suceder, pero al menos estaríamos seguros, ¿no? ?¿No? ¿No? Sigue leyendo

iPad en el avión

Lo llaman seguridad, pero no lo es. Decisiones como la de prohibir que ciertos pasajeros (los que embarcan desde una serie de países de Oriente Próximo y África con vuelos directos a Estados Unidos o el Reino Unido) suban a aviones con dispositivos electrónicos no es una medida de seguridad. Es, dejando de lado proteccionismo comercial para ayudar a las aerolíneas estadounidenses, una flagrante forma de discriminación. Y otras cosas más:

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Kerry, fiel amigo de Israel hasta el final

Una de las características más frustrantes del mal llamado conflicto entre palestinos e israelís es que no hay nada que no se sepa. Todo está estudiado, analizado, dicho, cuantificado. En su discurso del miércoles, el secretario de Estado de Estados Unidos, John Kerry, efectuó un sobrio análisis de la situación entre palestinos e israelís. Habló de ocupación, se refirió a las pésimas condiciones de vida de los palestinos, y describió con acierto qué son y qué suponen los asentamientos. Más allá del ruido y de la furia, de la hasbara y los lobis, de los prosionistas de convicción, corazón, de bolsillo, desinformados y bien o mal intencionados, todo el mundo que quiere hcerlo sabe lo que sucede en Israel y los territorios ocupados palestinos. Hay una ocupación y un ocupado. El ocupante sojuzga al ocupado con una amplia red de todo tipo de violencias. El ocupado responde con violencia, en ocasiones terrorista. En junio del próximo año, la ocupación de Cisjordania, la franja de Gaza y Jerusalén Este cumplirá ya 50 años. Como para no saber muy bien lo que sucede.

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