El péndulo roto

Publica The Economist a un año vista de las elecciones presidenciales estadounidenses (el primer martes después del primer lunes de noviembre del 2012 será el 6 de noviembre) que en el actual Partido Republicano Ronald Reagan no sería el candidato elegido para evitar la reelección de Barack Obama, ya que el gurú del conservadurismo estadounidense nunca hubiera pasado el examen que las bases conservadoras exigen a sus candidatos. Acierta en lo de Reagan The Economist, pero yerra cuando dice que el centro está huérfano en EEUU, con un Partido Republicano que se ha lanzado al monte del Tea Party y un presidente Barack Obama que se nos ha hecho izquierdista.

Yerra porque Obama ni se ha hecho ni es un izquierdista. El problema es que el péndulo que marca el centro político en EEUU se ha roto, y si los republicanos han virado violentamente hacia la derecha, el partido demócrata, sin moverse de dónde estaba, se ha convertido de repente en un partido de izquierdas. Movimientos como Occupy Wall Street son, directamente, extrema izquierda antisistema, que dice José María Aznar de los indignados españoles.

Hoy en día, alguien que aspire a liderar el Partido Republicano debe ser reaganiano en lo económico (anti-impuestos, anti-presencia del Gobierno en la esfera privada) pero también tener unos recios valores morales y familiares, estar en contra del aborto, defender la máxima mano dura posible con los inmigrantes, ser un halcón en política exterior, al menos coquetear con el creacionismo frente a las teorías darwinistas, apoyar cualquier cosa que haga Israel más que muchos israelíes, negar el cambio climático, oponerse a la planificación familiar y abominar de cualquier tipo de discriminación positiva, ya sea con mujeres, con negros o con cualquier minoría. Y, por supuesto, aceptar e incentivar una gran presencia de la religión en la vida pública.

El Tea Party no es el padre de esta situación, sino el heredero (en EEUU siempre ha habido, con otros nombres o sin nombre, una fuerte base ultraconservadora). Al menos de palabra, algo parecido a un candidato perfecto conservador según los estándares actuales es George Bush hijo (otra cosa son los hechos: bajo su presidencia se disparó el déficit federal, por ejemplo). No es de extrañar, ya que el gran ideólogo de cortejar e incentivar el extremismo conservador y renegar del centro fue su gurú, Karl Rove.

Fue una estrategia exitosa, ya que a ella se debe la reelección de Bush en el 2004 frente a John Kerry. Pero una estrategia que lastra ahora al Partido Republicano y, lo que es peor, lleva a la formación a adoptar posiciones directamente irresponsables. Cualquier votación sobre temas trascendentales que ha habido en el Congreso en los últimos años (bajo presidencia de Obama pero también de Bush, como el primer rescate de Wall Street), sobre todo en el ámbito económico, han salido adelante gracias a una mayoría de votos demócratas, en muchas ocasiones con la pinza en la nariz y acabando aceptando posiciones republicanas que son demasiado centristas para la mayoría de los congresistas republicanos. El último gran espectáculo en este sentido fue el en el fondo absurdo debate sobre el techo de gasto.

Ese es el principal problema al que se enfrentan ahora los aspirantes a derrocar a Obama: ninguno de ellos satisfará a todas las corrientes de la gran familia conservadora. Y si lo intenta, se alejará de ese centro al que se refiere The Economist, dejándoselo a Obama. Que le pregunten, si no, a John McCain por Sarah Palin. Sería una buena stuación para el Partido Demócrata si no fuera que un Partido Republicano esencialmente montaraz no hace otra cosa que aumentar el bloqueo de un sistema político (el famoso “Washington”) que hace tiempo que es ineficaz. Qué tiempos estos, en los que el Partido Republicano busca desesperadamente otro Reagan y ni The Gipper es lo suficientemente bueno…

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6 pensamientos en “El péndulo roto

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