Equilibrio de terror nuclear

¿Qué hacer con Irán? Esa es una de las preguntas del momento, sobre todo tras el informe del OIEA que sostiene que hay indicios creíbles de que Teherán intenta desarrollar un arma atómica. Qué hacer con Irán para que no se convierta en una potencia nuclear, qué hacer con Irán para que no sea un contrapeso de Israel en la zona, qué hacer con Irá para que deje de ser una alternativa (hasta la primavera árabe, la única alternativa) a todos los que no están de acuerdo con el diktat estadounidense-israelí en Oriente Próximo.

La política de Irán no es nueva: la creación, posesión y expansión de un arsenal nuclear para convertirlo en la continuación de la diplomacia y la geoestrategia por otros medios es una idea tan vieja como la guerra fría.  Siguiendo las enseñanzas de EEUU y la URSS, hicieron lo mismo Pakistán y la India y Corea del Norte. Los dos primeros buscando el clásico equilibrio del terror; en el caso de Pyongyang, como única forma de garantizar la supervivencia del régimen. A los coreanos les ha funcionado: de los tres países que George Bush incluyó en el eje del mal (Irak, Irán y Corea del Norte), al árabe lo invadieron, al persa lo han intentado estrangular con sanciones económicas y el coreano se permite el lujo de alargar la negociación para ver si se reanudan las conversaciones a seis bandas (EEUU, Corea del Norte, Corea del Sur, China, Japón y Rusia) para desmantelar su programa nuclear a cambio de ayuda humanitaria y energética. La diferencia no se le escapa a nadie, y mucho menos a Irán: si tienes un programa nuclear, te tratan diferente. Con más respeto.

El equilibrio del terror clásico, el de la guerra fría, se basaba en que tanto EEUU y sus aliados como la URSS sabían que no había nada que ganar con la destrucción mutua y, con ella, la del resto del planeta. Eran actores racionales. Con el paso del tiempo, aunque no están en el Tratado de No Proliferación Nuclear, también se considera que Pakistán (pese a ser en muchas instancias un Estado fallido y siempre que no caiga en manos islamistas), la India y, por supuesto, Israel son actores racionales. Corea del Norte, faltaría más, es irracional. Y también lo sería Irán. Lo de Israel y las armas nucleares es el perfcto resumen de la posición única que ostenta este país en la comunidad internacional: oficialmente no dice ni sí ni no sobre si tiene armas nucleares y los inspectores no pueden visitar sus instalaciones. Una desfachatez que no se le permite gratis a nadie y que además es elevada a la altura de jugada maestra diplomática bajo el nombre de doctrina de la ambigüedad nuclear. Doble rasero nuclear, en realidad.

Y es ese doble rasero nuclear es lo que contamina todo lo relacionado con el programa nuclear de Irán. ¿Por qué Israel es un actor racional?, se pregunta el académico Joseph Massad en este artículo que recuerda la harto conocida historia (de terror) nuclear de Tel-Aviv. A ojos occidentales, Irán es irracional porque se le acusa de haber impulsado actos terroristas (como el de la embajada israelí en Buenos Aires), porque ayuda a organizaciones consideradas terroristas (Hizbulá, Hamas), porque es un régimen teocrático y porque es una dictadura. Si analizamos a Israel bajo este mismo prisma sin dobles raseros, sería un actor absolutamente irracional (actos de terrorismo de Estado fuera de sus fronteras, guerras, belicismo, la ocupación, beligerancia con sus vecinos…) Hagamos una prueba: cierra los ojos, cuenta hasta 10 y piensa si crees que Israel es capaz en un momento dado de usar un arma nuclear. Pues eso.

Lo que pasa es que en realidad el tema no es la racionalidad o la irracionalidad de Irán, eso es propaganda. De lo que hablamos es de que no haya más armas nucleares en la zona que las de los israelíes. De lo que hablamos es de que EEUU quiere tener como gendarme del patio árabe a Arabia Saudí (dechado de democracia y de racionalidad, como todo el mundo sabe). De lo que hablamos es de que los dobles raseros los reservamos sólo para uno. Así las cosas, Irán tiene unos cuantos motivos racionales y muchos más irracionales para dotarse de la bomba. Aunque sólo sea para ver qué cara se les queda a israelíes, saudíes y occidentales.

Volvemos, pues, al principio. ¿Qué hacer con Irán? Hasta ahora la estrategia ha sido intentar frenar a Irán con sanciones, con la doble intención de dificultar el acceso al material y el conocimiento necesario para el programa nuclear y de encender la chispa del descontento interno que llevara, si no a un cambio de régimen, a un cambio de caras dentro del régimen más susceptibles de llegar a acuerdos que las actuales. Ninguna de las dos ideas han funcionado, y difícilmente funcionarán con una nueva ronda de sanciones. Queda, pues, el uso de la fuerza, una posibilidad que produce vértigo a todo el mundo, empezando por el secretario de Defensa de EEUU.

Pero nada es descartable. Al final, la pregunta clave para hacer de adivino en el asunto de Irán es: ¿permitirá Israel que haya alguien más en la zona con armas nucleares? Es sencillo: sí o no.

Anuncios

Comentarios

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s