Islamismo= Justicia + Desarrollo + Renovación + Cambio + Reforma

Los nombres que eligen los partidos islamistas cuando se presentan a las elecciones son siempre rimbombantes: en Marruecos, han ganado bajo la marca Partido dela Justicia y el Desarrollo; en Egipto, los Hermanos Musulmanes concurren como el Partido Libertad y Justicia que encabeza la coalición Alianza Democrática; en Túnez optaron por Movimiento Ennahda, Renovación), muy similar a lo que hizo Hamás en Palestina cuando ganó las elecciones del 2006 encabezando la lista Cambio y Reforma. En el Líbano, Hezbolá se coloca dentro del Bloque del Cambio y, fuera del mundo árabe, no debería sorprender que la formación que gobierna Turquía se llame… Justicia y Desarrollo.

Nombres rimbombantes pero no vacíos de contenido. Porque aunque en Occidente resulte difícil de creer, en los países árabes los partidos islamistas representan exactamente eso para amplias capas de la población. Justicia, porque son la oposición a unas tiranías que eran eminentemente injustas, porque allí donde hay estructuras tribales son los imanes los que imparten la justicia cotidiana y porque con su labor de caridad han promovido durante años la redistribución de la riqueza y, por tanto, la justicia social. Desarrollo, porque defienden políticas de aprovechamiento de los recursos propios para salir del pozo de la pobreza frente al expolio y la corrupción de las élites que los han gobernado (los Ben Ali, los Mubarak, los Al Fatah) y que tanto han contribuido a empobrecer sus países y sociedades. Renovación, cambio y reforma, porque durante los largos años de dictadura u ocupación que en muchos casos siguen vigentes prácticamente han sido los únicos que han podido ejercer la oposición política desde las mezquitas, uno de los pocos lugares, si no el único, en los que los gobiernos no podían cercenar la libertad de reunión y casi casi la de expresión.

La pauta no suele fallar: en el momento en que se les da la posibilidad de votar, ganan los islamistas porque los árabes tienen esa manía de votar lo que no deben, como escribió con certera ironía Robert Fisk ya hace unos años, mucho antes de la primavera árabe (“Esos molestos habitantes de Oriente Próximo votan a la gente equivocada, apoyan a la gente equivocada, aman a la gente equivocada”). Paradojas árabes: inmediatamente después de una revolución, las fuerzas políticas que salen reforzadas son las más conservadoras. Las razones son múltiples: porque las élites que gobernaban desde las dictaduras estaban apoyadas por Occidente y eran vistas como occidentalizadas  y occidentalizantes; porque son las mejor organizadas; porque son las que se han estado trabajando este apoyo durante años. Y también porque el mundo árabe y el musulmán llevan años de involución conservadora. Lo realmente extraño sería que no ganaran los islamistas.

Así que ahora le toca a Occidente aprender a lidiar con las consecuencias políticas de una primavera que no ha auspiciado, que no ha apoyado y en la que se ha movido a remolque de los acontecimientos. Arabia Saudí es un ejemplo de que hablar con los islamistas no es un problema de principios insalvable, aunque en muchas ocasiones así nos lo quieran vender. Los que han impedido tanto como han podido el acceso de Turquía ala UE; los que gobiernan en su casa en muchas ocasiones haciendo la vista gorda (o pactando con) a un creciente discurso anti-musulmán que se esconde tras la repulsa a la inmigración; los que sólo conciben su relación con el mundo árabe a través del prisma del apoyo incondicional a Israel; todos ellos, EEUU y Europa, tendrán que acostumbrarse a un nuevo equilibrio geoestratégico en el Mediterráneo, a una nueva realidad que tendrá aspectos desagradables (esa Ilustración árabe nuevamente retrasada, las mujeres, las minorías religiosas, los jóvenes que verán sus demandas insatisfechas) y sobre la que tendrán mucha menos capacidad de influencia. No soy optimista respecto a la cintura de la vieja Europa y de los decadentes EEUU para frontra nuevos retos tan complejos.

Justicia, Desarrollo, Renovación, Cambio, Reforma… son palabras que se abren a nuevos significados en el mundo árabe.

PD: Por cierto, leído hoy el artículo que he citado antes de Fisk, que es del 2007, (aquí de nuevo el link) es demoledor, sobre todo cuando cita a Mubarak y a Gadaffi.

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