27-1=?

Noto en los comentarios en prensa pero sobre todo en los tertulianos de televisión y radio –donde es más fácil ser osado, aunque sea desde la ignorancia, porque inconsciente y erróneamente pensamos que en lo audiovisual no existe la hemeroteca–, noto, decía, una satisfacción poco disimulada por la autoexclusión de Londres del acuerdo de los 17 países de la eurozona al que se unirán algunos, tal vez todos, de los otros nueve países que estando en la UE no están aún en el euro.

La satisfacción está en línea con ese europeísmo naíf que las élites, la opinión publicada y gran parte de la opinión pública españolas tradicionalmente han tenido con las cosas de Europa, un entusiasmo que en parte se explica por lo mucho que ha hecho la UE por España (y no sólo los fondos de cohesión). Si los británicos de entrada son euroescépticos y luego, una vez se han informado, muchos de ellos siguen siéndolo, los españoles de entrada son europeístas y después de informarse, siguen siéndolo. El referéndum de la Constitución europea es un perfecto ejemplo.

Según ese europeísmo, los británicos –de los que se duda hasta de que sean europeos y no, en un proceso de identidad a la inversa, estadounidenses disfrazados– son una china en el zapato que han frenado tozudamente el camino hacia unos Estados Unidos de Europa obligando a adoptar siempre un descafeinadísimo café para todos con cuatro cucharadas de mínimos denominadores. Por este motivo, lo ocurrido en Bruselas mientras España estaba en el puente festivo previo al Madrid-Barça es una buena noticia, ya que ahora sí Europa camina hacia una mayor integración.

En realidad, la negativa del primer ministro, David Cameron, a apoyar un pacto fiscal para resolver la crisis en la zona euro debido a que no se aceptaron las salvaguardas que pedía para la City de Londres es un golpe mortal a la idea de una integración europea más allá de lo económico. El 26 contra 1 deja fuera al país sin el cual una integración política es imposible. Guste o no, sin Londres no hay una política exterior o militar común posible. Puede que sea cierto que el Reino Unido sea una dama decadente, que EEUU prefiera la UE, aunque sea sin Londres, a Londres en solitario, pero también lo es que sin los británicos no hay peso político. Juntos, lo tienen, lo tenemos, difícil para ser una potencia política en un mundo con tantas potencias emergentes; por separado, imposible.

La Europa de los 27-1 es una Europa de los Estados, liderada por un directorio alemán-alemán con Francia de relaciones públicas. Es una Europa en la que se impone un pensamiento económico único y que deja a una entidad fuera del control democrático, el Banco Central Europeo (BCE), al mando de algunas de las decisiones económicas más importantes. Sí, se han puesto los cimientos hacia una política fiscal común (de Estados decidida por Estados), pero se ha destruido mucho de lo poquito que se había construido hacia otro tipo de integraciones.

Así que si, económicamente, la previsión a corto plazo para Europa es jarabe de palo (recesión, si no depresión, impulsada por la austeridad, con el BCE jugando a apretar pero no ahogar a los díscolos con la esperanza de que al salir de la purga todos seamos más guapos, altos, rubios y de ojos azules), políticamente se cierne un largo invierno de irrelevancia para los defensores del europeísmo, de una integración de máximos y de los utópicos Estados Unidos de Europa.

Así que euforia europeísta, la justa.

PD: Y otros tipos de euforia tampoco parecen muy justificados…

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