Al loro, Obama

Hay partido en el 2012, o mejor, Barack Obama lo tiene muy crudo para ser reelegido presidente de EEUU; la sombra de Jimmy Carter sobrevuela sobre la CasaBlancade Obama; el Tea Party es muy poderoso; los republicanos ya ganaron las legislativas; es la economía, estúpido; ningún presidente, desde Roosevelt, ha repetido mandato con un desempleo superior al 7,2% y ahora está en el 8,6%. Y las encuestas, por Dios las encuestas: el presidente entra en el año electoral con un índice de aprobación inferior al 45%; más del 70% de los estadounidenses piensa que el país va en la mala dirección; un 54% piensa que Obama no comparte sus prioridades sobre el país y otro 54% dice que Obama no merece ser reelegido. Hasta en entusiasmo, uno de los grandes valores de la campaña de Obama en el 2008, pierde el demócrata: el 61% de los republicanos dice estar muy entusiasmados para votar frente al 47% de los demócratas.

Faltan semanas para que, con los caucus del partido Republicano en Iowa, empiece oficialmente la campaña electoral estadounidense que culminará en noviembre del 2012. Desde la victoria republicana en las elecciones legislativas de hace un año, se ha convertido en una verdad inamovible, en un ejemplo de libro del conventional wisdom periodístico estadounidense e internacional, que Obama afronta una campaña muy dura, en la que su reelección será muy complicada si no imposible.

Como siempre que hablamos de unas elecciones estadounidenses, miremos primero los números en términos de votos electorales. Respecto el mapa electoral del 2008 del enfrentamiento Obama-McCain, los analistas coinciden en que hay 12 estados en los que ganó Obama que están en juego: Colorado, Florida, Iowa, Michigan, Nevada, New Hampshire, New Mexico, North Carolina, Ohio, Pennsylvania, Virginia y Wisconsin. Esto significa que de saque el candidato demócrata y el republicano (sea quien sea) parten con un 196-191 a favor de Obama. La victoria está en 270. Obama, como todo presidente que busca ala reelección, tiene mucho que defender, es cierto, pero no debe ganar en todos estos estados: a los 270 se llega por muchos caminos. En algunos estados, como Florida, será difícil volver a ganar; otros, como Ohio, no deben darse por perdidos de antemano. En todo caso, en este largo proceso electoral es en los sondeos de estos estados en lo que deberemos fijarnos, más que en las encuestas nacionales, que para lo único que sirven es para ver cuál es la tendencia.

Tendencia que, curiosamente, a pesar de todo el desastre demoscópico descrito anteriormente, es favorable a Obama, que gana en un hipotético mano a mano a Newt Gingrich (50%-44%) y a Romney (47%-46%). De hecho, Obama gana en el cara a cara a todos los candidatos republicanos. Al loro, que Obama no está tan mal, que diría aquel.

1. El partido Republicano es un páramo. Pasado el tiempo de las excentricidades (Herman Cain), de las segundas partes texanas (Rick Perry) y del Tea Party imposible de ser elegido (Michele Bauchman) la recta final a Iowa deja a dos contendientes reales: Mitt Romney y Newt Gingrich. El mormón ya perdió las primarias del 2008, una contienda que ganó John McCain dejando a veces la impresión de que los republicanos preferían a cualquiera antes que a Romney. Gingrich, aspirante a ser el cualquiera del 2012, es de nuevo un candidato más viejo que Obama, con más pasado que él, tan establishment de Washington como el que más y difícilmente presentable como una cara nueva. Hay un hecho inamovible que el humo de los spin doctors no debe ocultar: no puede afirmarse que Obama puede perder hasta que no se sepa a quién se enfrenta. Esto es un uno contra uno; que pierda uno significa que gana el otro. O sea: no es lo mismo opinar si Obama merece o no ser reelegido así, en abstracto, que decir que no sabiendo que en ese caso apuestas por Gingrich o Romney como presidente.

2. El péndulo roto de la política estadounidense ha destrozado el centro, ha extremado el derechismo del partido Republicano y ha desplazado a la izquierda, sin que se haya movido, al partido Demócrata (derecha e izquierda siempre en términos estadounidenses). El Tea Party atrae votos (los que ya aportó Sarah Palin en el 2008) pero tiene tres efectos perniciosos para los republicanos: su candidato nunca satisfará a todo el movimiento conservador, los moderados e independientes se asustan ante ciertas opiniones de los candidatos republicanos que buscan en vano cubrir toda su base y los más progresistas, horrorizados, votarán mayoritariamente a Obama como mal menor aunque sepan que les ha traicionado y les volverá a traicionar. Es la teoría de la manta corta: un candidato republicano a la presidencia (al Congreso es otro tema) debe elegir si se cubre la cabeza o los pies, porque no le llega para todo. A Obama, por los mismos motivos, tiene un patchwork.

3. Una cosa es ser el culpable de la desastrosa situación económica. Eso lo fueron George Bush hijo y George Bush padre (por méritos propios y por vicepresidente de Ronald Reagan). Otra cosa es ser el tipo que heredó el desastre y que no ha podido arreglarlo en cuatro años. No es exactamente lo mismo a la hora de ser castigado por electorado.

4. Obama tiene muchos puntos débiles, no sólo la economía. Tres años después, aún no sabemos qué presidente es en realidad, ha sido errático, indeciso y contradictorio en política exterior (Guantánamo, ese símbolo) y demasiado contemplativo y tímido en la interior; sus reformas han sido de mínimos y, a pesar de que el bloqueo de Washington es estructural y tiene profundas (y preocupantes) raíces, es cierto que ha fracasado en sus dos grandes mensajes del 2008: el de cambio y el de esperanza. Como líder ha decepcionado. Pero, insisto, esto será un Obama vs Gingrich o un Obama vs Romney. Y en estos términos, Obama tiene aún margen para ganar.

Para entendernos: otra cosa muy diferente sería un Obama vs Hillary…

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2 pensamientos en “Al loro, Obama

  1. Pingback: La guardiana de las esencias del Obamismo | Décima Avenida 2.0

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