Corresponsales en peligro (II)

Todos tenemos un pasado. “Jamás olvidaré la primera vez que llegué a Bagdad. Era el 12 de abril. Sadam Husein había sido derrocado tres días antes y al pisar la ciudad me sentí atrapado al otro lado de la pantalla en dos películas: Mad Max y Apocalypse Now . La ciudad sin ley ardía por los cuatro costados; multitudes saqueaban todo lo que estaba a su alcance; los tanques circulaban por las calles y los helicópteros Black Hawk, en vuelo rasante entre las palmeras, bombardeaban la universidad. No era difícil imaginarse a Robert Duvall fumando un puro”. Esto lo escribí el último día del 2003, cuando el diario publicó una doble página en la que se nos pidió a los enviados especiales a la guerra de Irak una “visión personal” del conflicto. Pues eso, que todos tenemos un pasado. Sigue leyendo

Corresponsales en peligro

Nos costó mucho entrar en Yenín, casi todo el día conduciendo, jugando al gato y al ratón con los soldados israelíes. Al volante, Eugeni García Gascón. De copiloto, Tomás Alcoverro. Yo estaba en la parte trasera del coche, los ojos muy abiertos, recién llegado a Jerusalén, hace diez años ya. Cortados los accesos principales a la ciudad cisjordana, tuvimos que conducir, mapa en mano, por pequeñas carreteras que serpenteban por un paisaje de olivos y que atravesaban pequeñas aldeas. Almorzamos en uno de estos pueblos, desde donde se dominaba el valle. Hummus y kebab. Nos abría el camino Luis de Vega, cuya tarea de guía en la distancia fue clave para que ese día pudiéramos dar un testimonio directo de lo que había hecho el IDF en el campo de refugiados de Yenín. Logramos entrar, hicimos nuestro trabajo, yo aún no tenía casa en Jerusalén, así que Eugeni y Tomás me dejaron en mi hotel pasada la medianoche. Me costó dormirme, pensando en lo que habíamos hecho, las primeras veces suelen dejar una impresión imperecedera. No se me quitaban de la cabeza unas palabras de Tomás: “Mirad esto –dijo, abarcando el paisaje con la mano– esta vista, este sol, este aire puro… Y nuestros compañeros encerrados en la redacción. ¡Y encima nos pagan!” Sigue leyendo