“No echas de menos el arma hasta que algo malo ocurre”

“No echas de menos el arma hasta que algo malo ocurre”, me dijo en abril del 2007 uno de los propietarios de la armería Roanoke Firearms (Virgina, EEUU) en la que Cho Seung-hui compró la Glock 19 con la que mató a 32 personas en un tiroteo en el campus de la universidad de Virgina Tech. “Estas desgracias ocurren siempre en los sitios donde está prohibido llevar armas”, añadió.

En Oakland (California), en otra universidad, One Gho ha matado a tiros a siete personas. Dicen las informaciones de la prensa estadounidense que Gho ordenó a sus víctimas arrodillarse en el suelo con las manos en la cabeza y los fue ejecutando. Al parecer, Gho estaba enfadado con el trato que había recibido en la universidad por parte de profesores y alumnos durante el tiempo en que estuvo matriculado.

No seré hipócrita: si yo hubiera estado dentro de esa aula, si Gho me hubiera ordenado arrodillarme, me hubiera obligado a poner las manos en mi nuca y hubiera empezado a disparar a mis compañeros seguro que hubiera querido tener un arma conmigo para usarla antes de que llegara mi turno… a pesar de que desde que hice la mili no he disparado nada ni en casetas de feria y ya no recuerdo ni cómo se coge una pistola.

Ahora bien, el problema no es como los propietarios de la armería de Roanake lo presentan. El problema no es que en muchos estados esté prohibido llevar armas en los campus universitarios; el problema es que sea legal poseer armas. Dejo aquí unas cifras, citaré sólo una: más de 200 personas reciben el impacto de una bala a diario en Estados Unidos.

Hay pocas cosas que un europeo entienda menos de EEUU que el tema de las armas.La Segunda Enmienda, escrita literalmente en otra era, dice: “Siendo necesaria una milicia bien ordenada para la seguridad de un Estado Libre, no se violará el derecho del pueblo a portar armas”. A partir de aquí, da igual qué argumentos se pongan sobre la mesa. Como me dijo el propietario de la armería de Roanake, “No hay que tocar la Constitución. Yo estoy contestando sus preguntas porque le ampara la Primera Enmienda (que protege la libertad de expresión). Pues bien,la Segunda Enmienda me protege a mí”.

La raíz del debate es la misma que hay detrás de la discusión sobre el sistema de salud, o la alergia a pagar impuestos, o incluso el negacionismo de Darwin a favor de la teoría del creacionismo: la tensión entre el individuo y el Gobierno. En los 13 debates que Howard Fineman dice en su libro que conforman la eterna discusión en la arena pública estadounidense, el cuarto es el límite del individualismo. Pero muchos de los otros 12 pueden reducirse también a esta dicotomía entre el individuo (cuya naturaleza es receptáculo al mismo tiempo de los mejores instintos que hay que incentivar y no reprimir y lo peor asociado a la condición humana) y el Gobierno, mal menor inevitable, fuente de corrupción, en principio con nobles objetivos pero tan corruptible y corruptor al mismo tiempo por y de la condición humana que hay que contrarrestar siempre con contrapesos, los checks and balances.

Fiel a esta dualidad, el individualismo por sí mismo también se ha convertido en un ente de dos rostros: causa primera y motor de muchas de las virtudes de la sociedad estadounidense, también lo es de la peor cara del sueño americano. En estos tiempos en que el péndulo de la política estadounidense se ha roto, el individualismo a ultranza representado por el movimiento conservador ha caído en la irracionalidad ideológica (integrismo, en realidad) mezclado con la rendición a los grandes lobbys de presión y los respectivos intereses económicos a los que representan.

Es esta irracionalidad la que preside el debate sobre las armas, un tema transversal en el que la división entre progresistas y conservadores no es ni mucho menos tan clara como en otros asuntos. ¿Debate? No, perdón. Tras tragedias comola VirginaTech, la reciente de Oakland o la famosa de Columbine a los periodistas europeos nos gusta escribir cosas del tipo “La masacre abre de nuevo el debate sobre el control de las armas en EEUU”. No es verdad, en realidad ya apenas hay debate, poseer armas no está en cuestión a pesar de las atroces cifras. Y si hay discusión, existe en los pragmáticos (dicen) términos que marcan los propietarios de la armería de Roanake: si sólo uno de los estudiantes a los que One Gho ajustició en Oakland hubiera tenido una pistola. Ya sabéis, eso de “No echas de menos el arma hasta que algo malo ocurre”.

Y digo yo: ¿no ocurren tantas cosas malas porque es imposible echar de menos las armas?

 

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