Disculpad si no me emociono

Sí, ya lo sé: François Hollande es la gran esperanza, si no la única, que tenemos de huir de la hecatombe que se cierne sobre nuestros destinos, es un hombre ponderado, sereno, con una frente despejada a la par que bien amueblada, el elegido para poner fin a Merkozy, para apuntillar el eje ultraliberal Berlín-Fránfort-París que nos lleva por el mal camino de la austeridad que nos aprieta y nos ahoga. Hollande es mucho más que el ex de Ségolène Royal, la penúltima elegida a la que el ingrato electorado impidió llevarnos por el camino de los ladrillos amarillos, Hollande es el tipo que convertirá a Angela Merkel, conquistará Berlín y nos dará a los españoles la extraña situación de ver a Mariano Rajoy aplaudiendo a un seguidor de José Luis Rodríguez Zapatero.

Ya me disculparéis si no me emociono. No es por cinismo, es por precaución, mi corazoncito no soportaría otra desilusión y esta película ya la hemos visto: la esperanza de izquierdas tras un desastroso periodo de derechas que apenas cambia nada cuando llega al poder. Hollande desata la misma euforia y las mismas esperanzas, salvando las distancias, que un Bill Clinton, un Barack Obama, un Tony Blair, un Romano Prodi o, perdón, un Zapatero. Ya sabemos todos que, tarde o temprano, tanta energía de izquierdas desatada para imponerse en su partido y después en las elecciones se acaba difuminando, que tarde o temprano el candidato se convierte en estadista y cae en la tentación de la triangulación, o tropieza con Guantánamo, o con Irak, o con los mercados, o simplemente no le dejan. Como un mal extremo en fútbol, en este proceso la gran esperanza blanca suele arrancar de la izquierda para acabar perdiendo la pelota en el centro enredado entre los músculos de los centrales y los pivotes contrarios.

Ya me disculparéis si no me emociono, pero me cuesta confiar en un tipo que es presidente casi por accidente, que fue candidato porque el favorito, pobrecito, tiene una “debilidad” con las mujeres (sumo eufemismo machista) y porque a Nicolas Sarkozy se le ha llevado la misma ola que a todos los políticos en el poder que se han presentado a la reelección durante esta crisis. Hollande, decía, es candidato porque no quedaba otro en el Partido Socialista Francés, la formación en eterna crisis, y porque en la actual tesitura los franceses sobre todo querían echar a Sarkozy. Y eso lo sabe el PSF, Hollande, los franceses, Europa, Merkel y los mercados.

Ya me disculparéis si no me emociono, pero la política casi nunca es una cuestión de blanco y negro y menos la internacional, y esta crisis de la deuda soberana en Europa es muchas cosas, y una de ellas es que es una cuestión de política interna tratada como política exterior. Y en política exterior en los países serios (y Francia lo es) no hay bandazos ideológicos: hay intereses. El eje de la UE seguirá siendo el Berlín-París, y Hollande primero será el representante de los intereses de Francia, después de los intereses de los franceses, después de los de París, y después de los del eje Berlín-París. Si los intereses de los países del sur coinciden, miel sobre hojuelas. Si no, mala suerte, no haber dejado que explotara la burbuja inmobiliaria. Es de perogrullo, lo sé, pero a veces parece que nos olvidamos de las perogrulladas.

Ya me disculparéis si no me emociono, pero es que ya deberíamos saber que una cosa es lo que se dice en la oposición, otra es lo que se dice en la campaña electoral y otra es lo que se hace cuando uno se sienta en la poltrona del poder. Hasta donde yo sé, Alemania sigue siendo el país principal en esa pareja de hecho que formaban Merkel y Sarkozy, y eso dinero público con el que impulsar el crecimiento en los países que estamos ahogados debe salir justamente de… Berlín.

Ya me disculparéis si no me emociono, pero en estos momentos en que a tanta gente le resulta obvio que hay que abandonar la purga prusiana, la ortodoxia financiera y la austeridad a ultranza, no puedo evitar acordarme de que si una cosa característica esta crisis que asola Europa es que en cada momento (Grecia, Irlanda, Portugal, los planes de rescate) se ha tomado la decisión equivocada y a destiempo.

Ya me disculparéis si no me emociono, pero desconfío de la reducción de la política y de las tendencias históricas a personalidades y personalismos de los líderes. No creo que otro canciller alemán hubiera actuado diferente que Merkel y no creo que otro presidente francés hubiese hecho algo diferente que Sarkozy. La pregunta, por tanto, es si el presidente francés, que a partir de ahora se llamará François Hollande, puede hacer otra cosa. Disculpad mi escepticismo.

@jcbayle

PD: Para entender las elecciones en Grecia, el blog de Andrés Mourenza.

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4 pensamientos en “Disculpad si no me emociono

  1. Podríamos pasar del escepticismo directamente al pesimismo, porque, efectivamente, me encantaría equivocarme pero me da la sensación de que esta película ya la hemos visto; la crisis no deja gobierno con cabeza en las elecciones que se van sucediendo en Europa, más por aquello de “que se vayan estos inútiles” y el beneficio de la duda que porque los impulsores del cambio sepan adónde van y tengan margen de maniobra para gran cosa; la consiguiente decepción con “los nuevos que tampoco hacen nada” lleva al “todos los políticos son iguales”, es decir, al descrédito de la democracia, el mejor caldo de cultivo posible para el populismo. En esto, también Grecia va dos pasos por delante. Pero ojo, que Sarkozy, después de dejarle el centro a Hollande y lepenizarse sin tapujos, ha rascado un 48,5%. Que Hollande y nosotros tengamos suerte

  2. Tienes razón. Pero déjame que te diga una cosa: Yo sí me emocioné en París cuando vi tanta gente contenta. Toda esa gente en la bastilla cantando La Marsellesa… Y quizá no es para emocionarse pero merkel tendrá que escuchar a Hollande. Francia no es España. Y si no…. Anyway: siempre nos quedará París

  3. Yo estoy seguro de que Merkel escuchará a Hollande. Mi duda es qué le dirá Hollande cuando los cánticos de la Bastilla se hayan apagado. Pero estoy de acuerdo contigo: París bien vale una emoción

  4. David Trueba (http://cultura.elpais.com/cultura/2012/05/07/television/1336411305_699693.html)y Ramoneda (http://ccaa.elpais.com/ccaa/2012/05/07/catalunya/1336417538_038076.html)
    -este, sobre todo, cuando habla de Grecia- explican mucho mejor lo que quise decir ayer sobre, en palabras de Miguel Ángel Aguilar también en El País, “los populismos rastreros alentadores de esa xenofobia odiosa que por todas partes aflora en venganza elemental contra las privaciones sobrevenidas”. Más que nunca, necesitamos más política y más Europa, y releer a Argullol (http://elpais.com/diario/2011/11/12/opinion/1321052404_850215.html)

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