Grecia: la tozuda realidad

Decíamos en noviembre que algo falla cuando la consulta directa a las poblaciones se convierte en el peor enemigo de las decisiones que se toman en Bruselas, Berlín o París en nombre y beneficio de esos a quienes no se puede consultar. Lo decíamos a cuenta de cómo Merkozy movió Roma con Lisboa, Atenas con Madrid, Berlín con París para evitar que el entonces primer ministro griego, George Papandreu, sometiera a referéndum el draconiano plan de rescate. Papandreu cayó, no hubo referéndum y medio año después acaban de convocarse unas elecciones que, de facto, serán un referéndum sobre el plan de rescate y quién sabe si sobre la permanencia misma de Grecia dentro del euro.

No se trata sólo de que se haya perdido el tiempo, si sólo fuera eso no dejaría de ser marca de la casa de la construcción europea. El problema, desde el punto de vista de los defensores de que Grecia debe plegarse al plan de rescate para evitar una caída que arrastre a la eurozona entera, es que ahora la situación está peor para ellos. Cuando Papandreu propuso su referéndum, las encuestas indicaban que podía ganarlo, con sangre, sudor y lágrimas, pero que podía ganarlo, con todo lo que ello hubiera supuesto de legitimidad popular y democrática para una píldora tan amarga. Seis meses después, el sistema político griego está en derribo y las nuevas elecciones serán en realidad ese referéndum que no dejaron / no pudo convocar Papandreu. Con otra diferencia: los partidos tradicionales (PASOK, Nueva Democracia) están en caída libre y las cartas ahora las juega, para susto de Berlín, Bruselas, et al, Syriza. Al menos las encuestas dicen que esos muchachotes nazis de Amanecer Dorado que no creen en la existencia de las cámaras de gas (como si eso fuera opinable) bajarán respecto las elecciones celebradas hace unos días, aunque eso está por ver.

La realidad es tozuda, y jugar a aprendiz de brujo con ella para adaptarla a nuestros deseos suele deparar resultados bastardos. Ejemplos en la historia los hay a patadas, desde la guerra civil de Argelia desatada tras la victoria electoral del FIS a la negativa de Occidente a aceptar la victoria de Hamás en las elecciones del 2006 que acabó con el conflicto en la Franjade Gaza, pasando por delirios como pretender que Ahmed Chalabi podía ser el nuevo hombre fuerte del Irak post-Saddam Hussein o que los talibanes desaparecerían del mapa cuando el mulá Omar huyó en moto de Kandahar.

Hechos tan diferentes entre sí tienen en común con lo sucedido en Grecia la misma arrogancia, la misma pretensión de que contar con la aquiescencia de un, dos, tres, cuatrocientos hombres fuertes y poderes fácticosy un discurso dominante en la esfera pública basta para adaptar la realidad a los designios propios. A los griegos les cuesta mucho aceptar el plan de rescate, por los sacrificios que implica y por la sensación de que es injusto, de que son los de siempre los que pagan la fiesta de unos pocos (lo del 99% y el 1%, vamos). En noviembre estaban más predispuestos a entender  por qué deben tragarse la purga que ahora. Seis meses, pues, tirados a la basura, en lo que todo no ha hecho otra cosa que empeorar

Qué manía tiene la gente, de votar lo que no toca.

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