Lo confieso: no sé si habrá corralito

Un aviso en estos tiempos en que todo es veloz y a nadie le gusta perder el tiempo: si buscas en este post la respuesta a si habrá un corralito en España, estás en el post y el blog equivocado. Yo no sé si habrá corralito, desconozco si regresarán las antiguas pesetas convertidas en modernas pesetas, me siento incapaz de predecir si habrá que devaluar en un 35% la nueva divisa y si nuestra riqueza (ejem) se vería recortada en un tercio si España saliera (o fuera expulsada) del euro. Lo confieso: no tengo opinión formada sobre si España es Argentina, o más bien sigue la senda de Grecia, o no, perdón, va por el mal camino de Portugal, y no, no tengo argumentos para sostener que la burbuja inmobiliaria española era idéntica a la de Irlanda. Y por supuesto, no sé si lo más razonable en estos momentos es coger la pasta y largarse a algún lugar más tranquilo, qué sé yo, Andorra, Suiza, las Islas Caimán.

Intuyo, pero no afirmo, que nos iría mejor si pudiéramos devaluar la moneda e imprimir billetes, porque más o menos es lo que hizo de forma más o menos encubierta EEUU cuando le estalló su burbuja inmobiliaria, las subprime. Pero también intuyo que mi hipoteca me ahogaría hasta lo insoportable si tuviera que empezar a pagarla en antiguas/modernas pesetas. O tal vez no, vivo en un mar de dudas.

Por eso busco y busco, leo y leo, y juro que hasta memorizo los tuits de los más insignes economistas (y premios Nobel) y de los miles de nuevos insignes economistas 2.0 que han surgido como setas (ninguno premio Nobel) a ver si se me pega algunas de las certezas en 140 caracteres que son uno de los factores diferenciales de esta crisis, la primera gran depresión 2.0 en un mundo interconectado y en el que la comunicación se transmite en décimas de segundo. Comunicación, palabra paraguas en la que cabe la información, la mentira, la verdad, el rumor, el infundio, la estupidez, la ignorancia, la sabiduría, la mala fe, el interés espurio, el altruismo… Decía que leo con fruición los tuits de los economistas de más renombre y de todo aquel que sin miedo sentencia, opina y predice sobre economía y no se me pega nada de su sabiduría y sus certezas, tal vez porque hay tantas opiniones y predicciones como tuiteros, tal vez porque en lugar de tuits debería leer libros. Y como no se me pega nada, no puedo pontificar ni en este blog ni en Twitter, tal vez sea esa y no que yo sea un muermo la causa de que últimamente sólo me sigan en Twitter amigos incondicionales y aerolíneas que vuelan hacia Asia.

Voy al bar y no me uno al corralito, perdón, al corrillo, porque no tengo nada que decir sobre los vaivenes de la prima de riesgo. Entro en Twitter y no me atrevo ni a retuitear a tanta gente que me dice que el mundo se hunde y, al mismo tiempo, que lo mejor que nos puede pasar es que el Gobierno alemán se suba el suelo, y nadie se ha dado cuenta de la trascendencia del hecho, por eso yo lo destaco. Leo ahora que el crecimiento es la solución con la misma intensidad que antes leía que la austeridad era el único camino, y maldigo que el Barça no esté en la final de la Champions aunque sólo sea porque ahora tendría algo que aportar a la conversación mundial, qué sé yo, que sin Alves también podríamos haber ganado al Bayern. Pero ni ese consuelo tengo, así que me bebo mi cortado en el bar yo solito y fantaseo sobre qué debe sentir uno cuando tiene cienes y cienes de followers que le retuitean sentencias del tipo “Esto se hunde, sólo es el principio” o “Primero seremos Grecia, después Argentina y al final, España, siempre España”.

Y entre sorbo y sorbo de mi cortado mientras consulto mi Twitter y pienso que en alguno de los libros que he leído se llega a la conclusión de que las malas decisiones políticas y los pánicos injustificados suelen estar en la raíz de los cataclismos económicos más graves. Que dejar caer sentencias en 140 caracteres es resultón y atractivo, pero leerlas no es la mejor forma de enterarse de lo que sucede y casi nunca se escriben con intención de informar, sino de opinar y, a veces, simplemente de figurar. Y concluyo que un pánico bancario en estos tiempos de opiniones tan cortas como atrevidas disfrazadas de certezas incuestionables sería/será tan veloz y demoledor como un incendio con viento a favor. Y esto, la verdad, me asusta.

Que Twitter nos coja confesados.

@jcbayle

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