Un mensaje que Assad puede entender

El primer mensaje que le han enviado en dos días a Bachar al Assad, el de unos impecables demócratas libios jugando con el cadáver de Muammar al Gadaffi, es efectista pero poco efectivo: el vídeo es viral (el morbo, ya se sabe), la intención es ingeniosa (por llamarla de alguna manera) pero dudo de que haga mella en el dictador sirio. No porque no le guste Internet y no lo haya visto, que sabemos que le gusta y mucho, sino porque la estructura de poder que está luchado en Siria por su supervivencia va más allá de la propia figura del dictador.

El segundo mensaje que ha recibido Assad sí tiene fuerza: el atentado en la sede de la seguridad nacional siria que, en el momento en que escribo, tiene como balance la muerte del ministro de Defensa y de un cuñado de Assad y el ministro del Interior herido grave. El mensaje tiene varios significados: eleva el rango de los combates que el autodenominado Ejército Sirio Libre (ESL) ha desatado en la capital siria y le dice al entorno de Assad que nadie está a salvo. Es lo que tiene atacar con éxito el corazón del régimen, que Assad y su entorno lo entienden perfectamente.

Tras 16 meses de combate, el régimen de Assad continúa vivo gracias a los intereses contrapuestos de las potencias occidentales. Desangrado por las deserciones y expuesto a los ojos de todo el mundo, gracias a Internet y a los valientes periodistas que se juegan allí la vida, como un régimen atroz y cruel que no duda en cometer matanzas, parece que Assad sólo tiene un valedor: Rusia, que asume en público el papel de defensor del régimen de Damasco. Pero no hay que dejarse llevar por las apariencias, ya que el resto de potencias, ni mundiales ni regionales, no han puesto mucho hincapié en derrocar a Assad, más allá del ritual de escandalizarse por las intolerables matanzas. Entre todas escenifican de forma casi perfecta el denominado juego de suma cero.

Como es bien sabido, la lista de motivos por los que Siria no es Libia es larga: el Ejército sirio es más fuerte que el libio incluso a pesar de las deserciones; Muammar al Gaddafi estaba solo, mientras que Bachar al Asad tiene aliados en la zona, desde Irán hasta Hizbulá. Por tanto, una intervención internacional a la libia entrañaría riesgos en un país que está en el meollo de Oriente Próximo, fronterizo con Irak, Israel. Turquía, Jordania y Líbano y piedra angular del conflicto con Israel. Siria es la bisagra del eje Teherán-Damasco-Hizbulá y encrucijada de las tres corrientes subterráneas que realmente cuentan en la zona (palestinos-israelíes; suníes-chiíes o Arabia Saudí-Irán; Irán versus el Resto del Mundo). Demasiados intereses contrapuestos, demasiada geometría variable de pesos y contrapesos.

Con este planteamiento, sin líderes políticos dignos de tal nombre y empantanada la comunidad internacional en sus propias contradicciones e intereses confesables e inconfesables, a los rebeldes sirios no les queda otra que hacer lo que están haciendo: elevar la apuesta, violencia por violencia. A las masacres cometidas por el Ejército, la respuesta ha sido llevar los enfrentamientos hasta el corazón del régimen en Damasco. Las muertes del miércoles pueden llevar el miedo al núcleo del régimen, y abrir un escenario nuevo. La reacción también puede ser, al más puro estilo de Oriente Próximo, responder a la fuerza con más fuerza.

En este proceso, los rebeldes sirios se han convertido en milicianos de una guerra civil que cada vez más se aleja de las primaveras árabes para adentrarse en el invierno balcánico.

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