El encanto cosmopolita de la circuncisión

Nunca tuvo ninguna oportunidad de llegar a ningún sitio la sentencia del tribunal de Colonia en contra de la práctica de la circuncisión a los niños. A partir del caso de un niño que tuvo que ser llevado al médico porque sangraba abundantemente, el tribunal sentenció que la circuncisión es una agresión al cuerpo del niño de consecuencias irreversibles por motivos religiosos, una “lesión física, ilegal, irreversible y sancionable” en relación con los derechos del menor. Al aceptar que la circuncisión puede llevarse a cabo en adultos, lo que el tribunal ponía encima de la mesa es que la libertad religiosa no puede colocarse por encima de la protección de la infancia.

Nunca tuvo este fallo ninguna oportunidad, decía, porque las dos comunidades religiosas que aplican la circuncisión a los niños son la judía y la musulmana. “La decisión del tribunal de Colonia es, tal vez, uno de los ataques más duros contra los judíos después del Holocausto”, dijo en Berlín un señor, Pinchas Goldschmidt, a la sazón presidente de la Conferencia de Rabinos Europeos. “No veo ningún futuro para los judíos en Alemania”, añadió el señor Goldschmidt, otorgando el golpe de gracia al tribunal de Colonia. En un comunicado conjunto, la propia Conferencia de Rabinos Europeos, el Parlamento Judío Europeo, la Unión Islámica Germano-Turca de Asuntos Religiosos y el Centro Islámico de Bruselas denunciaron: el fallo del tribunal es una “afrenta a nuestros derechos humanos y religiosos básicos”El Bundestag, sensible a los derechos religiosos, aprobó esta semana por una amplia mayoría una resolución que protege la circuncisión. Exultante, el ministro de Exteriores, Guido Westerwelle, dijo el día en que el Bundestag puso la religión por delante de los derechos del menor que la resolución demuestra que Alemania es un país “tolerante y cosmopolita”.

Yo, incauto, pensaba que lo que es cosmopolita en la segunda década del siglo XXI es defender los derechos de los menores por encima del hecho religioso. No voy a entrar en un debate sobre la circuncisión por sí misma (hay argumentos higiénico y sanitarios a favor, la OMS, por ejemplo, la considera un método eficaz para prevenir la infección del sida). Tampoco entraré en demagogias como las que, en los foros más acalorados sobre este tema, comparan la ablación de clítoris con la circuncisión, incomparables bajo cualquier parámetro. Tan sólo diré que no creo que ningún adulto, en nombre de su libertad de religión, tenga derecho a llevar a cabo un cambio irreversible en el cuerpo de un niño, por muy inocuo que sea desde un punto de vista médico. Defender que es así es digno de la Europa pre-ilustración. Decir, además, que es cosmopolita y un ejemplo de tolerancia, como dicen, ufanos, los parlamentarios alemanes, es digno de estos tiempos de eufemismos vergonzosos y vergonzantes. Si uno quiere hacerse a sí mismo la circuncisión, adelante. Imponerla a los demás, aunque sean sus hijos recién nacidos, vulnera los derechos de esta persona. No veo la tolerancia ni el cosmopolitismo por ningún lado.

Este asunto pone de manifiesto varias cosas: la cobardía de los políticos para tomar decisiones que se salgan del mainstream, del sentido común social imperante, (y no hay nada más imperante, más mainstream, en Alemania que no molestar a la comunidad judía); el escaso nivel del debate público, en el que las proclamas sustituyen a los argumentos (“Afrenta a nuestros derechos humanos y religiosos básicos”; “Uno de los ataques más duros contra los judíos después del Holocausto”); y el despiste imperante en las democracias occidentales ante el auge del hecho religioso, y la confusión (bienintencionada o no, da igual) entre la tolerancia y la renuncia a principios básicos. El fallo de Colonia podría haber generado un debate sobre los límites de la educación religiosa a los hijos. Al final, tan sólo ha sido otro ejercicio de debate estéril.

Post publicado en la web de El Periódico.

@jcbayle

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