Eurovegas a Israel

Lo último de Sheldon Adelson, el magnate de Las Vegas Sands Corporation que impulsa el proyecto Eurovegas en España, es que ha lanzado una campaña en varios ‘swing states’ de Estados Unidos dirigida específicamente a los electores judíos para intentar convencerles de que cambien el sentido de su voto y en lugar de votar a Barack Obama se decanten por Mitt Romney. La campaña muestra a una serie de electores que dicen estar desencantados por lo que consideran el escaso apoyo de Obama a Israel. Hasta ahora, Adelson ya se ha gastado más de 100 millones de dólares en su cruzada por expulsar a Obama de la Casa Blanca

Y digo cruzada porque a Adelson, como buen ultraconservador, no le gustan varias cosas de la política estadounidense actual, y una de ellas es Mitt Romney. En las primarias republicanas el apoyo económico de Adelson fue para Newt Gingrich, ese sí un conservador de una pieza y sin fisuras, no como el exgobernador de Massachusetts. Así que tanto dinero y tanto apoyo a Romney no es por las virtudes del republicano ni porque a Adelson le chifle su porte a lo Ronald Reagan, sino porque el objetivo del magnate de los casinos es echar como sea a Obama de la Casa Blanca. Vamos, que Adelson es de los que creen que Obama es un peligroso comunista (como el Gobierno de China, país donde está Macao, ciudad donde Adelson tiene uno de sus macrocasinos, por cierto) por hacer cosas como una descafeinada reforma sanitaria que buscaba algo tan profundamente antiamericano (piensa Adelson) como garantizar un sistema sanitario universal.

Resulta cansino desmentir que Obama ha sido hasta ahora un presidente hostil a Israel. Al contrario. Me limito a recordar que para la historia queda su discurso del pasado septiembre en la asamblea general de la ONU, por ejemplo. Lo que no ha hecho Obama durante su primer mandato es soplar vientos de guerra contra Irán ni ser amigo de Binyamin Netanyahu. Esto último lo convierte casi en israelí, porque si algo tiene el primer ministro hebreo en esta vida es pocos, muy pocos, amigos en Israel. Fuera tiene más, aunque no muchos, como Adelson, y como Romney, sí, del que ahora, precisamente ahora, sabemos que es amigo de toda la vida de Bibi, Pero esto no es suficiente para Adelson, tan amigo de Israel que excluye de esta lista de buenos sionistas al principal loby pro-israelí de Washington, el American Israel Public Affairs Committee (AIPAC), cualquier cosa menos tibio en su apoyo ciego al Estado hebreo. Pero claro, es que para Adelson un Estado palestino, por ejemplo, sería “un peldaño en el camino de la destrucción de Israel y el pueblo judío”, una opinión que deja fuera de la lista de amigos de Israel a todo el espectro político israelí a la izquierda del Likud más extremo de la historia. Vamos, que hasta Ariel Sharon era un tibio comparado con Adelson.

Cada uno levanta los listones que quiere a la hora de tomar sus decisiones. En mi caso, esta postura de Adelson sobre el conflicto de Oriente Próximo me basta para oponerme a Eurovegas en Barcelona, en Madrid, en Macao y en las propias Las Vegas. El resto de argumentos me dan igual, Pero lo que no entiendo es cómo a Adelson y sus ‘boys’ no se les ha ocurrido la solución perfecta: Eurovegas en Israel, un país mediterráneo que sin duda recibiría de brazos abiertos un maná turístico como el que nos describen en España nuestros próceres. Allí no habría problemas de expropiaciones forzosas de tierras (sucede a diario desde 1948 y no pasa nada), ni de normas laborales: pueden volver a sacar cada madrugada de su pueblo a decenas de trabajadores palestinos hacinados en autocares y devolverlos al anochecer, como solía hacerse en Gaza (al fin y al cabo, los trabajadores palestinos trabajan en todas partes en Israel, hasta construyeron el muro de Cisjordania). Se puede fumar en todas partes, inversores (americanos) dispuestos a colaborar en el proyecto no faltarán y si hay que cambiar leyes y redactar otras a medida, se hará, esto también lleva haciéndose en los últimos sesenta años sin que pase nada.

Es verdad que la ley prohíbe el juego en casinos en Israel, pero eso tampoco sería un problema. Ya ahora hay barcos, casinos flotantes, en la costa donde los israelíes juegan sin limitaciones. Este Eurovegas flotante podría levantarse, no sé, ante la costa de Gaza, donde ahora pescan los palestinos, que seguro que son terroristas. Pongo otra (ilusionante) opción sobre la mesa: Jericó. Ya en los felices tiempos de Oslo la ANP tuvo la feliz ocurrencia de levantar un feliz casino en Jericó. Los que no han muerto, no han huido y no se han arruinado del lugar aún recuerdan a los ultraortodoxos acudiendo en comitiva a ese casino a decenas de metros bajo el nivel de mar para echarse unas partidas a los dados. Un Eurovegas tremendo podría levantarse entre Jericó y el Mar Muerto (por expropiar tierra que no quede), con continuidad territorial, aire acondicionado a tutiplén (sostenibilidad del negocio ante todo) y vistas al mar Muerto. Una ventaja: con unos cuantos palestinos empleados y un par de discursos de Shimon Peres, seguro que la UE aporta dinero al considerarlo un proyecto de ‘people to people peace building’. Otra ventaja: como en Nevada, hay todo un desierto del que disponer cuando sea menester enterrar algo.

De nada, Sheldon.

@jcbayle

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