El Barça y la paz

Tuve la ocasión de hablar en un par de ocasiones con la familia de Gilad Shalit, una de ellas en el salón de su casa, cuando el soldado israelí apenas llevaba cuatro meses capturado en Gaza. “¿Por qué no acabar ya con el sufrimiento?”, titulamos la entrevista. Fue un encuentro con unos padres que sufrían por la suerte de su hijo. Durante mi estancia en Jerusalén, tuve la ocasión de hablar en varias ocasiones con familiares de prisioneros palestinos. También fueron encuentros cordiales, de los que recuerdo sobre todo el sufrimiento de unas familias por el incierto futuro de sus seres queridos. El propio Noam Shalit, padre del soldado, establecía una comparación entre la situación de su hijo y la de los prisioneros palestinos.

Recapitulemos. Shalit fue capturado el 25 de junio del 2006 en una operación de milicianos palestinos contra una base militar situada en la frontera que separa Gaza de Israel, en el lado israelí. En el momento de su captura, Shalit era cabo del Ejército israelí, destinado por voluntad propia en una unidad de combate. No hace falta aclarar lo que implica estar en una unidad de combate en Gaza. Fue liberado en octubre del 2011 a cambio de la excarcelación de centenares de prisioneros palestinos. Estuvo, pues, cinco años en manos de milicianos islamistas en Gaza.

Por lo visto, Shalit es un seguidor acérrimo del Barça. Hace unos días, empezó a correr por las redes sociales que Shalit había sido invitado al palco a ver el Barça-Madrid. Sandro Rosell lo negó en la asamblea del club, pero fue por un problema de comunicación interno. Como afirma en un comunicado hecho público el jueves, el Barça no ha invitado a Shalit, sino que este, a través de un intermediario, pidió ver el partido y el club lo autorizó. Sea como sea, el caso es que el movimiento de boicot contra Israel Boicot, Desinversión y Sanciones contra el Estado de Israel (BDS) saltó como un resorte al saber la noticia, ya que la presencia del soldado en el palco es un ejercicio de normalización de un Estado ocupante que vulnera la legalidad internacional. La campaña para que el Barça no recibiera a Shalit prendió como la pólvora en Internet, y desde Gaza llegó el anuncio de un boicot al Barça.

El Barça, como suele suceder en estos casos, ha reaccionado de forma supuestamente salomónica, y en el comunicado afirma que también ha “aceptado” la petición de la embajada palestina de que otras tres personas vayan al Camp Nou: el embajador de la ANP, Musa Amer Odeh, el presidente de la federación palestina de fútbol, Jibril Rajub, y Mahmud al Sarsak, a quien en el comunicado se identifica como futbolista palestino. Dudo que a los amigos de Israel, hasta ahora encantados, les guste esta decisión del Barça. Antes de vincularse al mundo del deporte, Jibril Rajub ha tenido muchos cargos en la ANP, entre ellos jefe de la seguridad palestina en Cisjordania y hombre de confianza de Yasir Arafat en los años más duros de la Intifada. Además de ser portero de la selección palestina de fútbol, Al Sarsak se ha convertido en uno de los grandes símbolos de la ‘rebelión’ de los prisioneros palestinos en las cárceles israelíes: fue liberado el paso julio tras pasar tres meses en huelga de hambre como protesta porque estuvo encarcelado desde el 2009 sin cargos y sin juicio. Como tantísimos otros presos palestinos. Entre los que pidieron la liberación de Sarsak se encontraban la FIFA y el sindicato mundial de futbolistas.

Resulta incompresible que una entidad con el impacto global que tiene el Barça (como acaba de verse esta semana en Nueva York) se meta en estos berenjenales. El conflicto palestino israelí es un extraordinario generador de dramas. Hay historias desgarradoras por doquier, de muerte, de pérdida, de incertidumbre, de dolor. Cada drama es personal e intransferible. En este sentido, es necio no reconocer la tragedia vivida por Shalit y su familia o por Sarsak y la suya. Pero una cosa es este reconocimiento y otra muy diferente es el plano político y simbólico. Shalit era un soldado cuando fue capturado. Soldado de un Ejército que era entonces y es ahora una fuerza de ocupación.

La supuesta solución salomónica, presentada como un ejemplo de la apuesta del Barça por la paz en Oriente Próximo, en realidad es todo lo contrario. Obedece a una lógica muy generalizada, que aquello es un conflicto simétrico y equilibrado, de dos pueblos que no se entienden que tienen el mismo derecho a la misma tierra y que no hay manera de que hablen y se pongan de acuerdo entre sí, así que hay que tender puentes. Falso. Es un conflicto asimétrico, profundamente desequilibrado, con una parte poderosa y otra que no lo es, con una legalidad internacional muy clara respecto a quién ha tomado lo que no le pertenece y unas consecuencias de estos actos (el entramado social y económico de la ocupación) también muy claras. Estos ejercicios de supuesta imparcialidad lo único que hacen es dar legitimidad y normalidad a la fuerza ocupante, Israel, y ponerla al mismo nivel que el ocupado. El argumento es muy manido: en la época del apartheid, ni el Barça ni nadie jamás pondría al mismo nivel en el palco a un representante del régimen racista de Suráfrica con otro de la comunidad negra.

PD: Está por ver si Sarsak puede salir de Gaza para viajar a Barcelona…

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6 pensamientos en “El Barça y la paz

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  2. Yo creo que el Barça se define por al paz y que atiende por igual a su afición ya sea israelita o palestina, ya sea independentista o españolista, es un club privado que se debe al espíritu deportivo y a su afición más allá de cualquier otra consideración, por mucho que les duela a algunos y esta es su razón de ser. Por otra parte, no te olvides nunca de que el conflicto israelí lo comenzaron los árabes y de una forma bastante desigual, por cierto.
    Otra cosa es cómo hayan evolucionado luego las cosas y que en la actualidad los israelitas sean tan excesivos, pero las soluciones pasan más bien por los acuerdos de los gobiernos, no hay por qué politizar el deporte, esa es mi sincera opinión. Si trabajases por el bando israelita es seguro que no pararías nunca de contar las agresiones del enemigo, en esta guerra hay para todos, sería genial que viésemos su fin algún día cercano.

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