La supuesta guerra Israel-Hamas

Hay un tipo de analista de lo que sucede en Israel y Palestina, normalmente periodista pero no siempre, para quien el conflicto es un asunto muy complicado, terriblemente complejo, ya que se trata de dos pueblos con el mismo derecho sobre la misma tierra. Son analistas que jamás hablan de ocupación, y que desdeñan por infantil, naíf, idealista, parcial y propalestino el uso de conceptos como la misma palabra ocupación, o justicia, o legalidad internacional.

Son analistas a los que reconoceréis porque dividen a los políticos israelíes entre halcones y palomas, porque respetan a Shimon Peres, se ponen reflexivos al hablar de Ariel Sharon, se emocionan al recordar a Yitzhak Rabin y critican la intransigencia de Binyamin Netanyahu. Son analistas que no saben lo que fue Abu Holly ni lo que es (y fue) Hawara, ya que sólo han viajado a la zona en tours organizados por el Ministerio de Exteriores israelí o ‘think tanks’ israelíes, europeos o americanos. Son analistas que piensan que lo de Mario Vargas Llosa fue valentía y no la honradez intelectual de ir a ver por ti mismo de lo que vas a hablar, que aplican una ecuación de experiencia a la inversa: cuanto más has estado y visto en los territorios, más contaminado, infantil, naíf, idealista, parcial y propalestino es tu análisis.

Son analistas que cada dos frases citan Oslo, que suspiran apesadumbrados al recordar las “oportunidades perdidas” en el proceso de paz, Camp David, Taba, la Hoja de Ruta, fracasos de los que culpan a los palestinos en general y a Yasir Arafat en particular por obcecarse de manera incomprensible en cuestiones que consideran absurdas ni siquiera de plantear. Temas menores, sin importancia porque Israel jamás aceptará, como el derecho al retorno de los refugiados o los asentamientos. Son adalides de la ‘realpolitik’ y del derecho (israelí) a la propia defensa y azotes de la corrupción, el desorden, el caos y la cutrez de los palestinos en particular y de los árabes en general. Son analistas que juzgan a los palestinos bajo la luz israelí, que para hablar de asuntos internos palestinos citan a fuentes israelíes.

Hay muchos, de estos analistas, pero podríamos citar dos grandes tipos: los que saben de lo que hablan y comprenden perfectamente qué están haciendo, cuál es el papel que juegan a la hora de informar a la opinión pública, y los que no tienen ni idea de lo que hablan y por diferentes motivos (deseo de notoriedad, porque les ha tocado…) se ven en la tesitura de tener que opinar sobre el tema y, claro, no dirán que este conflicto es muy fácil (hay un ocupante y un ocupado; hay una legalidad internacional) porque eso es, no sé, infantil, naíf, idealista, parcial y propalestino. Demasiado fácil en un conflicto tan complicado, ¿no? Los reconoceréis en sus textos porque se dicen imparciales, porque desdeñan los radicalismos de ambos bandos, porque equiparan a ocupado y ocupante, porque justifican el uso de la violencia por parte de sólo una de las partes y porque suelen usar coletillas del tipo “más allá de lo que se pueda opinar sobre el conflicto, es cierto que…” antes de proceder a elogiar/defender a Israel y criticar/atacar a los palestinos. Los reconoceréis también porque estos días escriben cosas del tipo que, si se ven forzados a elegir, antes Israel que Hamas. Como si ese fuera el debate.

Y es que estos días de ofensiva en Gaza y de misiles cayendo en territorio israelí, estos analistas etiquetan lo que está sucediendo como una guerra entre Hamas e Israel. En sus análisis, lo que sucede ahora viene del 2006, cuando los islamistas ganaron las elecciones, y si no fuera por las Brigadas Izzadin al Qassam esos estadistas de talla histórica como Ehud Olmert y Mahmud Abbas habrían alcanzado un acuerdo de paz, así, a secas, sin molestos adjetivos como justo o viable. En su análisis, nadie en su sano juicio puede criticar que Israel, por ejemplo, haya matado en sus bombardeos a varios niños y a una mujer embarazada, porque eso es alinearse con Hamas, franquicia y ‘tonto útil’ en la zona de Irán, aprendiz de Hezbolá, extremismo radical de la peor ralea y, además, islamista. Contra Hamas, vienen a decir, todo vale, incluso la dolorosa muerte de civiles, desgraciado suceso del que, en última instancia, hay que culpar al propio movimiento islamista y a Teherán.

Lástima que esto no sea cierto. Lástima que antes, mucho antes, del 2006 Israel ya bombardeaba y mataba a civiles palestinos en Gaza. Lástima que incluso antes de que Hamas existiera Israel ya matara  a civiles en el ejercicio de su “derecho a la defensa propia”. Igual que ahora se bombardean las infraestructuras de Gobierno del movimiento islamista en la franja, antes del 2006 se destruían los edificios de la Autoridad Nacional Palestina gobernada por Al Fatah, las comisarías, los ministerios… y las casas de su alrededor. Por destruirse, hasta se destruyó la Muqata de Ramala y se disparó contra la Basílica de la Natividad en Belén. Antes de que Hamas fuera el responsable final de la muerte de civiles, lo fue Arafat, por acción o inacción, y antes que él Egipto, Siria, Irak, el mufti de Jerusalén o el Mandato Británico.

Siento decirlo, pero el tremendo bloqueo a la franja de Gaza empezó antes de la victoria de Hamas en las elecciones. De hecho, todo lo que sucede ahora (desde la degradación de la ANP a la división política y geográfica de los palestinos, incluyendo por supuesto el deterioro de los grandes parámetros del conflicto) empezó antes, mucho antes, de que Hamas ganara las elecciones del 2006 o de que expulsara a Al Fatah de Gaza. Además, a este ascenso islamista contribuyó decididamente que Israel se dedicara a destruir sistemáticamente entre el 2000 y la muerte de Arafat las precarias estructuras de la ANP. Entonces, cada incursión militar se traducía, en términos políticos, en decenas de apoyos para Hamas hasta que sucedió lo que todo el mundo sabía que iba a suceder: que los islamistas tomarían el mando de la franja.

Esto no es una guerra de Israel contra Hamas; si Hamas no existiera, sería la Yihad Islámica, y si no Al Fatah, y si no los Comités de Resistencia Popular, y si no otro grupo con otro nombre, otra ideología y otros apoyos internacionales. Porque la violencia de estos días no es un Israel contra Hamas, sino ocupante contra ocupado, más que una consecuencia una expresión de la ocupación, de sus lógicas y dinámicas.

Siento mucho si a alguien esta conclusión le parece infantil, naíf, idealista, parcial y propalestina.

PD. Hay otro grupo de analistas que critican estos días a Hamas. Son los que consideran que embarcarse en un intercambio de golpes con Israel es suicida por definición y un flaco favor a los habitantes de Gaza. Defienden que el movimiento islamista tiene sus propios intereses, entre los que también se encuentran los de sus financiadores internacionales, y que es un error provocar la ira israelí en un periodo pre-electoral en Israel. Hay parte de razón en este argumento, ya que Hamas no es ni mucho menos un movimiento virginal ajeno a los politiqueos y los juegos de poder ni a los intereses de quienes la ayudan y la financian, al contrario. Este análisis, en realidad, es la continuación de un debate tan antiguo como la propia causa palestina: ¿vale la pena, desde el punto de vista palestino, enfrentarse a la ocupación israelí con la lucha armada? La desgracia palestina es que en estos tiempos los dos polos del debate tienen una más que discreta talla: a un lado, Hamas; al otro, la ANP de Mahmud Abbas. Qué drama, el palestino.

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