Israel: ONU, justicia internacional y boicot

Tengo un recuerdo muy vivo del fragmento de la película ‘Exodus’ que reproduce la votación de la ONU del 29 de noviembre de 1947 en la que se aprobó el Plan de Partición de Palestina por el que se creó el Estado de Israel. Apenas era un niño cuando vi ‘Exodus’, pero de los pocos detalles que recuerdo es a los buenos de la película (los inmigrantes judíos) siguiendo con gran emoción la votación, la retahíla de países votando sí, la explosión final de alegría, la guerra que empezaría después. Por supuesto, yo no sabía en realidad lo que estaba viendo, para mí era una peli de aventuras de Paul Newman y no un fenomenal ejercicio de propaganda histórica, y esa escena me dejó huella. Años después, ya en Palestina, me acordé´muchas veces de esas escenas. Por ese motivo no le quito importancia a la votación de este 29 de noviembre del 2012 en la que la Asamblea General de la ONU decidirá si le da a Palestina el estatus de Estado no Miembro Observador, como el que tiene el Vaticano. Sí, es una votación simbólica, pero los símbolos son importantes.

Es bien sabido que Israel, y por tanto EEUU, se oponen a la petición de Mahmud Abbás. Es un acto unilateral y los actos unilaterales no funcionan en la zona, dicen los que aplaudieron la retirada unilateral de Ariel Sharon de Gaza y su plan unilateral de dibujar las fronteras definitivas de Israel y, por tanto, de Palestina. El reconocimiento asienta unas fronteras en disputa, las de 1967, dicen los que obvian que la legalidad internacional en forma de resoluciones de la ONU es muy clara respecto a que esa frontera, la Línea Verde, es la legal, y que los únicos que consideran en disputa las fronteras de 1967 son Israel y sus aliados y palmeros.

Estos motivos (el rechazo de Israel y EEUU, que los palestinos lleven a cabo un acto diplomático unilateral y les funcione, reafirmar aún más las fronteras de 1967, el paso simbólico, en definitiva) son más que suficientes para apoyar y alegrarse del presumible voto positivo de la Asamblea General. La votación también sirve para volver a sonrojar en los libros de historia a EEUU y a Barack Obama (la amenaza de que el Congreso bloqueará fondos a los palestinos es, simplemente, inmoral) y constatar una vez más la división, despiste e hipocresía europea y la falacia de que exista una Unión Europea como actor político internacional.

De todas maneras, como siempre sucede en este tema, la votación lleva aparejada su correspondiente lista de falsedades y lugares comunes. La principal es la afirmación que puede servir para impulsar el proceso de paz y reforzar la figura de Abbás. ¿Qué proceso de paz y qué figura? Que se diga esto cuando las ruinas en Gaza aún humean es un ejercicio de cinismo, de propaganda o de estulticia. Hace mucho, pero mucho, que no existe ningún proceso de paz en Oriente Próximo; lo que existe es una ocupación, un ocupante que no quiere dejar de serlo por mucho que le ofrezcan y un ocupado que no puede dejar de serlo por mucho que ofrezca. Y una comunidad internacional que pone el peso de la responsabilidad de ese proceso en el… ocupado. Otra afirmación aparejada a la votación en la ONU: que apuntala como única posible la solución de los dos Estados viviendo en prosperidad, paz y seguridad uno junto al otro, la famosa visión de George W. Bush. Es falso claro, porque no se puede apuntalar lo que no existe. Y sobre el terreno, hace tiempo que la solución de los dos Estados es  inviable. Y lo peor es que eso lo sabe todo el mundo, y así seguimos, habando de ello.

A mí, lo que más gusta de esta votación es el temor israelí a que este nuevo estatus de Palestina le permita presentar casos contra Israel o políticos y militares israelíes en las cortes internacionales de justicia. Es bonito que en este mundo de ‘realpolitik’ lo que preocupe a Israel sean estos foros de justicia que los abanderados del pragmatismo y los hechos consumados consideran tan inútiles. Y esto es así porque el principal miedo de Israel, su pesadilla, es ser señalada por el dedo cuando va por el mundo como lo que es. Ya lo hemos hablado de este tema aquí con anterioridad, por ejemplo cuando el poema de Gunter Grass: ¿Cuál es el problema? La imagen. El vacío. El reflejo del espejo. A Israel le gusta ir por el mundo y que le den golpecitos en el hombro, la única democracia de Oriente Próximo, la luz entre las tinieblas de Oriente Próximo, el vergel en el desierto. Más que cualquier resolución de la ONU, Israel teme que sus ciudadanos no puedan pisar Londres no sea que los detengan por lo que hicieron cuando estaba en el IDF, que su Maccabi no pueda jugar la Final Four, que sus cantantes no participen en Eurovisión. Boicotéame, que dice Ilan Pappe, el espectro de Suráfrica. El peor miedo de Israel, país oriental, es que Occidente se levante y le diga: no eres de los nuestros. Por eso las campañas de boicot son tan virulentamente perseguidas y desprestigiadas y la política de comunicación constituye un pilar tan importante de la política exterior israelí.

Hay muchos motivos para criticar la ONU y junto a ella la arquitectura de organismos internacionales y de la legalidad y garantismos internacionales que nació tras la Segunda Guerra Mundial entre otros motivos para que no se repitiera otro Holocausto. Pero creo que no puede negarse que en el mundo de hoy en día es un pelín más difícil cometer atropellos que en el de, digamos, 1912. Hay unos vientos de la historia, aún lentos, aún insuficientes, casi siempre desesperantes, pero haberlos haylos, que soplan en una dirección determinada. E Israel hace tiempo que se ha instalado, muy tieso y desafiante, ante esos vientos y se dedica a escupir contra ellos.

PD 1: Al hilo de todo esto, dice el padre de Rachel Corrie: Boycotting Israel works.

PD 2: Ya lo sabíamos, pero aquí están las cifras: un tercio de los muertos y heridos en Gaza eran menores de 18 años. Espero al analista sesudo que diga cosas del tipo que Hamas se esconde entre los civiles o “la culpa es de los padres, que los visten como terroristas”.

@jcbayle

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2 pensamientos en “Israel: ONU, justicia internacional y boicot

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