Se va Lieberman para quedarse

Se va Avigdor Lieberman, tal vez el más improbable ministro de Exteriores de la historia de Israel, y eso de por sí ya es una buena noticia, ya que la marcha de un político al que muchos de sus compatriotas consideran racista (recordad que estamos hablando de Israel) siempre es un ejercicio higiénico. De todas formas, Lieberman no se va ni por sus ideas, ni por su oratoria ni por su labor política al frente de Yisrael Beiteinu, sino como tantos y tantos dirigentes de alto rango israelí por un caso de corrupción.

No es la de la corrupción una forma extraña de salir de la primera línea política; de hecho, es muy habitual en Israel, de la misma forma que también lo es regresar de entre los cadáveres políticos, que es probablemente lo que suceda con Lieberman. ‘Hard Line Israeli Foreign Minister’, le llama ‘The New York Times’, y esa es sin duda una forma muy suave de referirse a Lieberman. Al fin y al cabo, nadie llama ‘Hard line’ a Marien Le Pen y su Frente Nacional, ni al partido por la Libertad del holandés Geert Wilders, a los líderes del Partido por la Libertad austriaco o al Partido del Pueblo danés. El Yirael Beiteinu (Nuestro Hogar es Israel) de Lieberman juega en la misma Liga que estos partidos (insisto: recordad que estamos hablando de Israel) y, no sé, como que cuesta llamarle por su nombre: fascista.

De origen moldavo, Lieberman ha logrado convertir su partido de representante de la comunidad rusa a jugador clave en el siempre superpoblado tablero político israelí. Menospreciado durante mucho tiempo por el Likud, el terremoto político que supuso la retirada de Gaza impulsada por Ariel Sharon se convirtió en su gran oportunidad. Su ascenso empezó en las elecciones del 2006, las que ganó el Kadima ya sin Sharon y con Ehud Olmert (otro con algún asuntillo de corrupción) como cabeza de cartel. Kadima movió el péndulo de la política israelí hacia los extremos, y un gran beneficiado de ello fue Lieberman. El otro fue Binyamin Netanyahu, así que el pacto electoral con el que van a concurrir a las próximas elecciones es una alianza más que natural.

De ahí que sí, vale, de acuerdo, que está bien ver a Lieberman irse, pero eso no cambia absolutamente nada en el panorama político israelí. A la hora de afrontar la realidad política, a todos, sobre todo a los periodistas, nos resulta muy sencillo personalizarla en las figuras de los líderes: George Bush llevó a su país a la guerra de Irak contra voluntad; Barack Obama lideró un sentimiento de cambio, etcétera. No es tan sencillo, de hecho sabemos que no es tan sencillo, pero es un modelo de análisis que todos aceptamos aun a sabiendas de que es imperfecto.

En el caso israelí la personalización en sus líderes para entender lo que sucede es aún más peligrosa. Halcones y palomas, buenos y malos, Shimon Peres, ese hombre de paz (sic), laboristas, pacifistas, derecha, izquierda… En el tema más importante, ¿qué diferencia de verdad hay entre el derechista Netanyahu y el laborista Ehud Barak? ¿Entre Lieberman y Livni, el primero ministro de Exteriores de la última ofensiva de Gaza, la segunda titular de esa cartera durante la Operación Plomo Fundido en Gaza en el 2008?

No son los nombres, ni los partidos, ni el eje izquierda/derecha ni el religioso/laico la forma con la que se explica la política israelí. El eje auténtico es sionismo (bajo cuyo paraguas se incluye la aplastante mayoría de la sociedad israelí y todos sus partidos menos los árabes-israelíes) y no sionismo. Dentro del sionismo, el eje es el Muro de Hierro de la derecha versus la solución de los dos Estados como única forma de garantizar un Israel judío y democrático del centro-izquierda. Estas dinámicas van mucho más allá de los nombres. Es más, al ser dinámicas del ocupante, pese a afectar de forma directa a los palestinos va más allá incluso de ellos. Es un asunto puramente israelí en el que los palestinos nada pueden hacer.

Por eso, más allá de que la salida de un político como él siempre sea bienvenida, la salida de Lieberman es irrelevante porque lo que él representa sigue donde estaba, tan fuerte como siempre.

@jcbayle

Anuncios

Un pensamiento en “Se va Lieberman para quedarse

  1. Pingback: Lieberman, el puño de hierro sin guante | Palestina en el corazón

Comentarios

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s