Muñoz Molina, confundido en Jerusalén

“El día era el día y la noche era la noche, no como ahora, que se confunden el uno y la otra, como se confunden tantas cosas”. Antonio Muñoz Molina. ‘Sefarad’

La presión del movimiento de Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS) contra el Estado de Israel nos está dejando, en el campo de las expresiones musicales y culturales, momentos especialmente luminosos, tanto artísticos (cómo olvidar ese ‘Roxanne’…) como en el intelectual (ese “vamos a promover la paz entre israelíes y palestinos”… cantando para una audiencia 100% israelí). El último caso es el del escritor Antonio Muñoz Molina, flamante premio Jerusalén de literatura, a quien desde el BDS se le pide que no vaya a recoger el galardón mediante una carta que firman, entre otros, Stephane Hessel, Roger Waters, Ken Loach y Luis García Montero. El motivo:boicotear al Estado de Israel por su ocupación de los territorios palestinos.

Muñoz Molina irá a recoger el premio, claro. Sus argumentos son una lección sobre el conflicto en Oriente Próximo formada por los lugares comunes habituales: que Israel es un país muy plural, que hay israelíes muy críticos con la ocupación con los que Muñoz Molina se identifica y a los que quiere apoyar, etcétera. También dice el escritor que “hay personas y organizaciones no gubernamentales en Israel que trabajan para que haya una solución a este conflicto, y que desde luego tienen un compromiso ético con los palestinos igual si no mayor que el de muchas organizaciones que actúan desde fuera del país”, un razonamiento similar al de otro intelectual que se vio en esta tesitura, Joaquín Sabina (“los mayores propalestinos que me encontré en la vida están en la izquierda judía de Tel Aviv”) y que abunda en esa tendencia tan progresista de ir a buscar propalestinos a todas partes menos a Palestina.

Me gustaría destacar una de las declaraciones / explicaciones de Muñoz Molina: En España a veces no se distingue entre qué es ser judío o israelí, o entre el Estado de Israel y las políticas concretas del Gobierno israelí de cada momento”. En España no sé, no me atrevo a generalizar, pero el movimiento del BDS distingue perfectamente entre judío, israelí y sionista. Quien no suele realizar esta distinción son los amigos de Israel y el propio Estado de Israel, para quienes anti-israelí, antisemita y antisionista son sinónimos.

Más interesante me parece la distinción entre Estado de Israel y Gobierno de Israel. Tras la polémica sobre su poema ‘Lo que hay que decir’ Günter Grass dijo algo parecido. Mario Vargas Llosa estropeaba un poco al final su por otro lado espléndido ‘Israel/Palestina: paz o guerra santa’ con una idea similar, aunque no idéntica: son los gobiernos de Israel los que llevan al país a una situación que gran parte de la sociedad civil israelí (“los justos de Israel”, en sus palabras; “judíos que se odian a sí mismos”, para la mayoría de sus compatriotas) rechaza. Hay, no obstante, una gran diferencia entre Muñoz Molina y Vargas Llosa: el Nobel llega a esta conclusión tras visitar por sí mismo, sin guías israelíes, los territorios ocupados e Israel y ver con sus propios ojos lo que allí sucede. Honradez intelectual, se llama eso.

Desde la fundación del Estado de Israel, todos los Gobiernos israelíes han aportado su grano de arena a la ocupación. Israel, el Estado, es el que crea los refugiados de 1948 y los de 1967. Israel, el Estado, es el que hoy ocupa Jerusalén este, Cisjordania y Gaza (sí, Gaza). Israel, como Estado, es quien incumple las resoluciones de la ONU desde hace décadas. Israel, como Estado, es el que niega la igualdad colectiva e individual a todos sus ciudadanos (las leyes que discriminan a los árabes-israelíes). Israel, como Estado, es el que ha creado una serie de instituciones que tienen como objetivo confeso crear y mantener una mayoría judía en el territorio de la Palestina histórica. A ello se dedican todas y cada una de las instituciones del Estado: los tres poderes (el papel del Tribunal Supremo es clave en la ocupación); el Ejército; las fuerzas de seguridad; los ayuntamientos (el de Jerusalén, el mismo que impulsa el premio que recibirá Muñoz Molina, es indispensable para la colonización de la parte oriental de la ciudad); la universidad y el gran parte del mundo académico (que le pregunten a Ilan Pappe); el mundo empresarial (sin las empresas de agua y electricidad, por ejemplo, no habría servicios en las colonias). Podríamos hablar también de la sociedad de un país en el que el servicio militar es obligatorio y que tiene unos niveles de objeción e insumisión mínimos. Es el Estado de Israel y no al Gobierno de Netanyahu, en definitiva, quien boicotea al consejo de Derechos Humanos de la ONU.

Muñoz Molina, por supuesto, puede recoger los premios que le plazca donde le plazca. Creo que ni él ni los otros artistas / intelectuales a los que el BDS pone en la tesitura de acudir o no a Israel se dan cuenta de que esta situación, en realidad, no va de ser pro o anti palestino. Para el BDS, publicitar estos boicots es una victoria por sí mismo, como el crecimiento del movimiento demuestra. Que al final Muñoz Molina vaya o no a Jerusalén no afectará en realidad al trabajo del movimiento por el boicot, ni empeorará ni mejorará la situación de los palestinos. En el fondo, para el escritor y para todos aquellos a quienes se les pide que luchen contra la ocupación israelí mediante el boicot del Estado de Israel, esto se trata en realidad de elegir si, de aquí unos años, en lo que al conflicto de Oriente Próximo se refiere uno quiere ser recordado como los cantantes que Little Steven reunió para ‘Sun City’ o como el rugby de Nueva Zelanda.

PD: Lugar común donde los haya, Muñoz Molina también cita en sus explicaciones a la (recurrida) santísima trinidad intelectual israelí: Amos Oz, David Grossman y Daniel Barenboim. Puestos a luchar por la paz, contribuir a abrir los ojos al Gobierno de Israel y apoyar a los israelíes que están por el fin de la ocupación, sin duda sería mejor seguir el ejemplo de Barenboim. Algo así, por ejemplo.

@jcbayle

Texto publicado en EL PERIÓDICO el 6 de febrero del 2013

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