Hacia un amanecer dorado

Hay matices, que explica muy bien Eliseo Oliveras, a la mal llamada quita de los ahorradores chipriotas para financiar el rescate de su sistema financiero. No es una quita, sino un impuesto, un tremendo impuesto a cambio de acciones de los bancos, lo que se ha decidido desde Bruselas. Es una nueva versión, a lo Bruselas, del infame “entre todos saldremos de esta”.

No voy a decir que es una de las peores caras de esta crisis (hay demasiados dramas como para afirmar algo así), pero sí es una de las que más me indigna: la difuminación de las responsabilidades,  la prostitución del concepto de la responsabilidad colectiva, la apelación a la emotividad de la gente sabiendo a consciencia de que se les está engañando.

Las frases llevamos años escuchándolas: todos hemos vivido por encima de nuestras posibilidades; todos hemos estirado más el brazo que la manga; todos tenemos que arrimar el hombro para salir de esta; si todos juntos nos ponemos somos invencibles; hay que trabajar más, apretar los dientes y apoyarnos los unos a los otros para salir de esta; vale, es verdad que los bancos dieron hipotecas imposibles, pero alguien las firmaba, ¿no?, no pusieron la pistola en el pecho a nadie; juntos, podemos. Y la que más me gusta: los bandos son ‘too big to fail’, suponen un riesgo sistémico.

Qué insensatos, en Chipre, que hicieron algo tan insensato como ahorrar. ¿O es que alguien les puso la pistola en el pecho para que ahorraran, eh?

Sí, lo sé, lo digo yo antes de que algún experto en ‘realpolitik’ financiera me lo diga: tampoco los ahorradores chipriotas son inocentes. Sus bancos les pagaban unos intereses por sus depósitos que no se dan en ningún otro lugar, y muchos de los tales ahorradores son en realidad rusos blanquedores de dinero.

Vale. ¿Y?

Porque aquí lo que cuenta es el concepto. Porque el discurso dominante dice que los bonus astronómicos de los ejecutivos bancarios son consecuencia del mercado por cuyo importe los receptores no tenían responsabilidad. Y, en cambio, quienes firmaron una hipoteca (o tenían ahorros en un banco de Chipre) tienen toda la corresponsabilidad de esta situación en la que nos encontramos.

Y no. De Europa a Estados Unidos hay unos claros responsables: los dirigentes políticos que se negaron a regular los marcados financieros. Que lo hicieran por ignorancia, desidia, interés propio o ideología da igual, el caso es que no regularon al sistema financiero. Por supuesto, el siguiente responsable es este mismo sistema financiero. Por tanto, el peso debería recaer sobre ellos.

Pero no lo hace, como bien sabemos y ahora vemos de nuevo en Chipre. Y la situación se está volviendo, política y socialmente, insostenible. ¿Quién es el responsable, democráticamente hablando, de lo sucedido? ¿A quién le pedirán cuentas los chipriotas? ¿A ese ente llamado Bruselas? ¿A Barroso? ¿A Merkel? ¿A sus banqueros? ¿A Putin?

Económicamente, no sé hacia dónde vamos. Políticamente, la UE, que en su momento fue concebida como un faro de democracia, encamina a miles de personas hacia un Amanecer Dorado y derivados.

Todo por la austeridad y por la hegemonía de la ortodoxia ideológica.

@jcbayle

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