Los Des-Orient-Ados

“Prefiere decir que está en suspensión. Como su país, como este planeta. En suspensión, como todos nosotros”

De la lectura de Robert Fisk y de las largas veladas compartidas con Tomás Alcoverro en medio Mediterráneo y cercanías  (Beirut, Jerusalén, Ramala, Gaza, Barcelona, Bagdad…) aprendí que Oriente Medio se resume en el Líbano, que este desdichado país concentra, como un frasco de perfume, la esencia pura del drama levantino, por usar las palabras de Amin Maalouf: la guerra, la desdicha, el exilio, la traición, la fábula del león y el cordero, la pérdida irreparable de algo que pudo ser y que ya no será, no podrá ser. Sigue leyendo

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Arna y Juliano

Leo que en el Teatro de la Libertad del campo de refugiados de Jenín representan ‘The Island’, una traslación a una cárcel israelí de la obra de Athol Fugard ambientada en Robben Island, la prisión donde cumplió condena Nelson Mandela. Qué apropiado, que el teatro que impulsó Juliano Mer-Khamis programe esta obra cuando se cumplen dos años de su asesinato, el 4 de abril. Qué apropiado que, pese a tanto dolor, sangre y muerte, el telón siga subiendo y bajando en Jenín. Sigue leyendo

Por qué dos palestinos muertos no son noticia

Se preguntaba hace unos días en un tuit Aitor Carr por qué no era capaz de encontrar en la prensa española la noticia de la muerte de dos chicos palestinos de 17 y 18 años en Tulkarem. Noticia que, en cambio, sí podía encontrarse fácilmente en la prensa internacional. No eran dos muertes más, ya que sucedieron después de varios días de enfrentamientos al estilo Intifada tras la muerte del preso palestino Maysara Abu Hamdiyeh, un dramático caso convertido en bandera de la resistencia palestina dado que el fallecido estaba enfermo de cáncer. Tras la muerte de los dos chicos hubo más enfrentamientos, y estos sí fueron más fáciles de encontrar en la prensa española. Sigue leyendo

Democracia campechana

Coherente con los tiempos que corren, la Casa Real española también se despeña por un barranco a lomos de una bicicleta sin frenos. La económica no es la peor de nuestras crisis, decíamos, y una de estas crisis es la institucional, la caída en desgracia de los tres poderes del Estado, de los partidos políticos, de los sindicatos, de las empresas, etcétera. La jefatura del Estado, la monarquía, no sólo no se escapa de esta tendencia, sino que pedalea con fuerza hacia el infinito y más allá. Sigue leyendo