Por qué dos palestinos muertos no son noticia

Se preguntaba hace unos días en un tuit Aitor Carr por qué no era capaz de encontrar en la prensa española la noticia de la muerte de dos chicos palestinos de 17 y 18 años en Tulkarem. Noticia que, en cambio, sí podía encontrarse fácilmente en la prensa internacional. No eran dos muertes más, ya que sucedieron después de varios días de enfrentamientos al estilo Intifada tras la muerte del preso palestino Maysara Abu Hamdiyeh, un dramático caso convertido en bandera de la resistencia palestina dado que el fallecido estaba enfermo de cáncer. Tras la muerte de los dos chicos hubo más enfrentamientos, y estos sí fueron más fáciles de encontrar en la prensa española.

No he hecho una búsqueda pormenorizada en toda la prensa española, así que alguna excepción puede haber, pero en general Aitor Carr tiene razón, no se informó de lo sucedido en Tulkarem. ¿Por qué? La respuesta es fácil: porque no es noticia.

No es noticia, primero, por motivos periodísticos. Literalmente no es noticia que mueran palestinos. Ahí están las cifras: mueren más palestinos que israelíes, es más habitual. Tampoco es noticia, por ejemplo, que cualquier tregua entre Israel y las facciones armadas palestinas sea sistemáticamente rota por el Ejército israelí. Lo que hace Israel no es romper treguas: es “defenderse”, y lo hace tan a menudo que tampoco es noticia. Y es que la narrativa del conflicto en las redacciones, igual que en la diplomacia y en la política, está dominada por el discurso israelí: esto es un conflicto entre dos pueblos que tienen el mismo derecho sobre la misma tierra. Israel es un país occidental que en ocasiones se pasa en el uso de la fuerza cuando tiene que enfrentarse con grupos terroristas, que además son islamistas y por tanto antioccidentales, mientras que Israel será todo lo que tú quieras, tendrá todos los defectos, pero es un país occidental, uno de los nuestros. En el sentido común periodístico de las redacciones no existe la ocupación, sino un eterno proceso de paz siempre frágil, siempre pendiente de un impulso, siempre golpeado por un atentado palestino, o por una manifestación palestina, o por alguna maldad de Hamas y, de vez en cuando, por algún exceso israelí. Visto desde las redacciones, lo que sucede en Israel y los territorios ocupados es algo muy complicado, muy difícil, que no puede reducirse a categorías simples, a blancos y negros, a ocupantes y ocupados. ¿O es que en Israel no hay pacifistas? ¿O es que no hay israelíes pro palestinos más pro palestinos que los propios  palestinos? Esto explica desde la entronización de Shimon Peres hasta la popularidad de las Mujeres de Negro, mucho más famosas fuera de Israel que en Israel, pasando por el espacio que se le da en la prensa internacional a la irrisoria, insignificante, cifra de objetores del Ejército israelí.

Que no se me enfade nadie con problemas de comprensión lectora. Hasta ahora he hablado de redacciones, no de corresponsales. Porque los corresponsales –y aquí hay que elogiar siempre la integridad de la gran mayoría de los corresponsales de la prensa española, tanto en el pasado como ahora— no participan de esta narrativa, sino que luchan contra ella. El corresponsal medio llega a Jerusalén imbuido por esta opinión, y con un objetivo supremo: ser imparcial, entre otras cosas porque lo que se le ha dicho, lo que ha percibido, lo que ha empapado, es que los corresponsales con los que se va a encontrar no lo son, están demasiado contaminados por lo que ven y viven a diario. Llega, digo, el corresponsal con esta idea, y a los seis meses ya es, de eso le acusan, un propalestino más. ¿Qué ha sucedido? Se ha movido. Ha visto. Ha hablado. Ha escuchado.

Ha hecho su trabajo. Qué casualidad que (casi) todos los corresponsales españoles en Jerusalén en los últimos quince años sean tan anti-israelíes… Tal vez sea porque a Jerusalén suelen ir buenos periodistas (con perdón).

Empieza, pues, el tira y afloja con la redacciones. La reacción de las redacciones es diferente según los casos. El periodismo estadounidense, sobre todo el televisivo, por ejemplo, opta por una política de rotación: cambiar muy pronto a los corresponsales. Cuanto menos tiempo, menos ven y más persiste el prejuicio inicial. Los corresponsales de medios con una sólida base en política internacional e ideológica son los que lo tienen más fácil: redacción y corresponsal reman en el mismo sentido (‘The Guardian’; parte de la prensa francesa).

En España hacemos otra cosa. Por un lado, no tenemos una sólida base de periodismo internacional, sobre todo porque a nuestra opinión pública no le ha interesado nunca especialmente la crónica internacional. Por el otro lado, nuestras estructuras de trabajo, más precarias que las de la prensa anglosajona o francesa, hacen que las redacciones necesiten el trabajo del corresponsal, y este, con mayor o menor conflicto con la redacción, marca su agenda, al fin y al cabo los jefes están a miles de kilómetros Ante este panorama, bautizada la prensa española desde hace años como “la más antisemita de Europa” por la embajada israelí (acusación que por otra parte cada embajada hace de la prensa del país en el que está ubicada, excepto en EEUU), las redacciones optan por “compensar el propalestinismo” del corresponsal, lo cual de por sí ya es un insulto a su profesionalidad. Es un mecanismo inconsciente, basado en el discurso dominante y en la pulsión periodística mal entendida de que la imparcialidad es dar el mismo peso a las dos versiones del hecho. Yo creo que por encima de la imparcialidad está explicar lo que sucede y que dar el mismo peso a dos versiones sabiendo que una de ellas miente, y sabiendo cuál es la que miente, es un fraude periodístico.

Una forma de compensar al corresponsal es utilizar la opinión, dando generosos espacios a voces que incluso en Israel son consideradas radicales. Otra es encargar noticias sobre los lados buenos de Israel (las Mujeres de Negro; los ‘refusenik’; Shimon Peres, ese hombre de paz, el ‘Silicon valley’ del Mediterráno…). De vez en cuando se aprovechan los viajes que organiza el Ministerio de Extriores de Israel, normalmente con jefes, para que estos den otro punto de vista “menos contaminado, más imparcial”, que el del corresponsal. Estos viajes nunca incluyen los territorios ocupados, claro, y en ellos sólo se habla con israelíes, de ahí lo de imparciales…

Y otra forma es rechazar las noticias medianas y pequeñas con el argumento de que el conflicto aburre.

El problema es que las noticias medianas y pequeñas suelen ser las trascendentales: una ampliación de asentamientos por aquí; dos palestinos muertos por allá; tres incursiones militares acullá rompiendo la tregua; colonos ocupando casas en Jerusalén este; la humillación diaria de los puestos de control; la discriminación legal de los ciudadanos árabes israelíes…

No le he preguntado a nadie, pero estoy seguro de que los corresponsales en Jerusalén vendieron la noticia de la muerte de los dos chicos en Tulkarem.

 Pero no es noticia, les dijeron, probablemente.

@jcbayle

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8 pensamientos en “Por qué dos palestinos muertos no son noticia

  1. Es cierto…y lo peor cuando cuando los medias de comunicacion trata de muerte de gente como se fuera unos numeros…pasa igual en Irak.
    Al mismo tiempo cuande mueren 2 israilies ocupantes….todos los medias de comunicacion tomo la noticia como URGENTE…

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