Un mundo de hombres

Esto sólo puede ocurrir en un mundo de hombres.  “Beatriz, de 22 años y aquejada de esa enfermedad autoinmune llamada lupus, está embarazada, ya de seis meses, de un feto anencefálico, sin parte de cerebro y cráneo, condenado a morir después del parto. Los médicos señalaron que, de proseguir su gestación, la propia Beatriz iba camino de una insuficiencia renal, una hemorragia, una muy severa hipertensión, una eclampsia y la muerte.” “Deberían interrumpir mi embarazo: por salvar mi vida”, imploró Beatriz a la sala de lo Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia de El Salvador, que falló lo siguiente: “Los derechos de la madre no pueden privilegiarse sobre los del ‘nascituro’ (el que va a nacer); existe un impedimento absoluto para autorizar la práctica de un aborto”. Condenada, pues, a parir, lo que en el caso de Beatriz es condenada a morir. La solución que parece que se le va a dar es un parto sobrevenido, inducido, con cesárea, lo antes posible. El feto morirá; y ella, a lo mejor, vivirá. Pero no habrá sido un aborto, sino un parto. Con cesárea. Gloria al ‘nascituro’. Mierda para todos los demás. Y dolor y muerte para Beatriz.

Sólo un mundo de hombres puede decidir esto, permitir esto, no ya arriesgarse a que Beatriz muera por los derechos del ‘nascituro’, sino simplemente planteárselo. Un mundo de pantalones, sotanas, togas, taparrabos, barbas y calzoncillos. Un mundo hecho por hombres desde hace milenios, pensado por hombres, diseñado por hombres, construido por hombres y para hombres. Mantenido, reproducido y amamantado, eso sí, por mujeres, reducidas a estereotipos, a categorías: Virgen. Puta. Esposa. Amiga. Feminista. Madre. HIja… Un mundo en el que no se contempla la posibilidad de opción (que es lo que es, al fin y al cabo, el aborto) porque, en el fondo, ningún hombre se verá jamás de los jamases en la tesitura de tener que elegir.

Un mundo de hombres basado en la ley del más fuerte incluso ahora, cuando la fuerza física no debería importar. Un mundo de leyes injustas, de supuestos dilemas morales, que encierra a la mujer en cárceles exteriores e interiores con la excusa de que así las protege de ellos, de nosotros. Un mundo de hombres de una sutileza tal que es capaz de tratar a la mujer como objeto sexual al mismo tiempo ocultándola bajo oscuros ropajes o exhibiéndola en microbikini, dependiendo de la geografía. Un mundo de hombres que le niega a Beatriz, en nombre de Dios, o de la economía, o de una ideología, o de la teología, los medios y la educación para tener una vida sexual plena y después le exige que sea consecuente con sus actos. Un mundo de hombres que pone a un ‘nascituro’ destinado a morir por encima de la vida de la madre condenada a parir.

Un mundo de hombres en que dos militares apuñalados en Londres y París merecen más atención que la mujer que cada semana muere en España asesinada por un hombre que la consideraba suya. Un mundo de hombres que considera que machismo y feminismo son dos antónimos, que al hombre que se queda en paro lo considera un problema y a la mujer, una solución para conciliar. Un mundo de hombres en el que, por supuesto, juegan hombres pero también mujeres, al que dan apoyo y fuerza muchas mujeres, claro que sí, porque para vivir, sobrevivir, prosperar, resistir y medrar en el mundo de los hombres no es tan importante lo que hay entre las piernas como lo que hay dentro de la cabeza.

Un mundo de hombres, de El Salvador a Arabia Saudí, de Sarah Palin a Ruiz Gallardón, de Túnez a Ucrania, que no solo se resiste a morir, sino que está tan vivo y fuerte como nunca. Id, si no, al patio de una escuela y mirad a qué juegan los niños y a qué juegan las niiñas. Ah, perdón, es que los patios de las escuelas prácticamente sólo los pisan las madres…

@Jcbayle

 

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