Nelson Mandela

Siempre me ha parecido peculiar esto de elogiar a los muertos una vez están eso, muertos, cuando ya no pueden escuchar a los vivos recitar sus virtudes, rememorar sus anécdotas, ensalzar sus figuras. Así que yo, si no os importa, escribiré mi, breve, elogio sobre Nelson Mandela mientras aún está vivo, cuando las portadas que están ya diseñadas no han visto la luz, cuando los obituarios ya redactados no se han publicado, cuando las lágrimas aún no se han derramado. Por supuesto, Mandela nunca leerá estas líneas, ni falta que le hace. Cuando eres Mandela supongo que debes de estar acostumbrado a que la gente te escriba, te hable, te rece, se dirija a ti como buenamente puede sin que tú no tengas ni la más remota idea de que es así.

Es lo que tiene ser un símbolo, es lo que tiene ser un mito, es lo que tiene ser un icono. Es lo que tiene ser el rostro eterno de la lucha contra una de las dos grandes lacras que el ser humano ha ido heredando generación tras generación, inmune al paso del tiempo y al desarrollo: el racismo, el dominio de una persona sobre otra por el hecho de tener un color de la piel diferente (la segunda lacra ancestral que pervive desde las cavernas es el dominio del hombre sobre la mujer, contra la que luchan a diario millones de pequeñas Nelson Mandelas). He estado en algunos lugares jodidos del mundo en el que vivía gente que lo estaba pasando muy mal, gente a la cual escuchar o pronunciar el nombre Nelson Mandela ofrecía, al menos, esperanza, si no para ellos, sí para sus hijos o los hijos de sus hijos. En el mundo entero, Nelson Mandela significa esperanza, orgullo, dignidad, justicia y reconciliación.

Siempre he pensado que ser Nelson Mandela debía de ser un peso muy farragoso que llevar, y una de las grandezas de Mandela no es sólo lo que hizo para llegar a ser Nelson Mandela, sino lo que hizo después para que sus actos, sus palabras, sus opiniones y sus creencias no mancillaran el icono en que se había convertido. Debe de ser, decía, un peso tremendamente farragoso ser siempre Nelson Mandela y estar a las alturas de las circunstancias, pero lo máximo que le hizo a Nelson Mandela fue encorvarle la espalda, lo que a su vejez no le impedía bailar si no con gracia sí con simpatía. La magnitud de su grandeza la da tanto lo que hizo para ser Mandela como lo que hizo para no dejar de serlo, para no defraudar a millones de personas a los que se les pone cara de soñador e idealista cada vez que susurran esas dos palabras que son cinco. Nelson. Mandela.Esperanza. Orgullo. Dignidad. Justicia. Reconciliación.

Así que, poco más tengo que decir, excepto gracias, Nelson, por ser Mandela.

Gracias.

@jcbayle

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Un pensamiento en “Nelson Mandela

  1. Como mucha gente dice “qué dura va a ser la vida sabiendo que él ya no está”. Para mucha gente, como tú bien dices, él es la esperanza de creer que es posible que llegue un día que vivamos todos juntos en igualdad y justicia. Gracias

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