Golpe de Estado democrático militar civil

Dice mi buen amigo y conocedor de Egipto Kim Amor que el único motivo para el optimismo que hay en el país es que los egipcios han demostrado que se han acostumbrado a salir a la calle cuando lo que sucede políticamente no les gusta. Lo hicieron con Mubarak, lo hicieron cuando la junta militar remoloneó al inicio de la transición y lo han hecho ahora cuando los Hermanos Musulmanes y Mohammed Mursi han demostrado algo que, por otra parte, ya era anunciado y sabido: que una cosa es hacer oposición y otra muy diferente gobernar para todos, el talón de Aquiles de los movimientos islamistas.

El problema, el drama, es que este es el único motivo para el optimismo que hay en Egipto. El resto no es más que nubarrones y motivos para el pesimismo y la alarma, por mucho que ahora Tahrir aplauda los tanques en este golpe de Estado democrático militar civil que se han inventado los egipcios. Las diferentes narrativas respecto lo que ha sucedido ejemplifica mejor que nada la brecha, la fractura en la que se encuentra el país:

1. La democracia es algo más que las urnas. Por mucho que los Hermanos Musulmanes ganaran las elecciones de forma limpia y que, por tanto, Mursi fuera un presidente impecablemente legal y legítimo, eso no equivale a que el suyo fuera un Gobierno democrático. Con una victoria con tan sólo el 51,7% de los votos sobre un candidato, Ahmed Shaftik, del antiguo régimen, los Hermanos Musulmanes se lanzaron a aplicar el programa de máximos, sin tener en cuenta que Tahrir, el motor de la revolución, no querían eso. Se equivocaron, y mucho, los Hermanos Musulmanes al querer modelar a su medida la sociedad antes de encabezar una transición y sacar al país de la terrible crisis económica.

2. No hay democracia sin urnas. Aceptando como cierto que los Hermanos Musulmanes no lo han hecho bien, también lo es que la oposición no ha estado a la altura de las circunstancias, que el Ejército les ha plantado cara desde el principio, que en realidad nada se puede hacer en Egipto cuando el Ejército es un Estado dentro del Estado que controla el 20% del PIB y que se arroga el derecho de tutelar el proceso político. Sí, el Ejército es respetado por muchos egipcios, pero los Hermanos Musulmanes ganaron las elecciones. ¿Dónde está la legitimidad democrática, en los cuarteles, en Tahrir o en las urnas?

Son tan contradictorias estas dos narrativas que los puntos de encuentro se antojan muy complicados. Lo que sí creo que es innegable es que es un nuevo intento de Gobierno de un movimiento islamista en un país árabe que fracasa. El primero, en Argelia, fue derrocado por militares; al segundo, el de Hamás en Palestina, no se le dejó gobernar en Cisjordania y se le bloqueó (y se le sigue bloqueando) internacionalmente en Gaza, donde sobrevivió gracias a que se impuso al pulso militar a Al Fatah. El tercero ha sido el de Mursi y los Hermanos Musulmanes. En los tres casos, su llegada al poder fue por medios democráticos. Por cierto, y hablando de democracias, mientras escribo esto aún no he oído a ninguna impecable democracia occidental condenar el golpe de Estado democrático militar civil. Tal vez será porque las élites del Ejército son pro-occidentales, formadas en Occidente, y, quién sabe, a lo mejor este nuevo Gobierno de tecnócratas que se perfila acabará aceptando el crédito (y las condiciones) del FMI que Mursi no acababa de firmar.

El futuro de la denominada Primavera Árabe y, en general, el de la democratización del mundo árabe se juega en El Cairo. ¿Es posible una democracia sin los islamistas dentro del sistema? ¿Es posible una democracia con los islamistas utilizando las urnas sólo para aplicar su modelo de sociedad con evidentes pulsiones autoritarias? ¿Es posible una democracia tutelada por un Ejército que se sitúa a sí mismo por encima de la ley? ¿Es posible una democracia que cambia gobiernos en la calle y no en las urnas? Me sobran las preguntas y voy muy corto de respuestas. Sólo sé, como dice Kim Amor, que esa sociedad árabe a la que en Occidente llamábamos apática, infantil e inarticulada se ha acostumbrado a salir a la calle cuando no le gusta lo que sus gobernantes hacen.

Sí, en Tahrir, ese lugar donde si eres mujer y quieres hacer la revolución para alcanzar la democracia te arriesgas a que te violen en grupo…

@jcbayle

 

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