Twitter arde y el periodismo se quema

Unas dos o tres veces al día, más o menos, Twitter arde. O se incendia. O se enfada. O se indigna. Unas dos o tres veces al día, el mundo se detiene (en Twitter), los gobiernos caen (en Twitter), los corruptos son desenmascarados (en Twitter), la justicia prevalece (en Twitter) y los buenos ganan (en Twitter). El mundo real, tan analógico, sigue a su rollo, impávido, pero eso no importa (en Twitter).

El (pen)último arrebato de ira de Twitter en Estados Unidos tiene a la revista ‘The Rolling Stone’ como objetivo, ya que le ha dedicado una portada a Dzhokhar Tsarnaev (el joven checheno acusado de haber atentado con bomba en el maratón de Boston  junto a su hermano abatido por la policía) bajo el título ‘How a popular promising student was failed by his family, fell into radical Islam and became a monster’. Los indignados tuiteros acusan a la revista de convertir a Tsarnaev en una estrella del rock, de darle glamur, de insultar a las víctimas del atentado, y muchos de ellos llaman a boicotear la publicación. La foto no es nueva: estaba en el Facebook de Tsarnaev y ya había sido publicada por otros medios, como ‘The New York Times’ y ‘The Washington Post’. Tampoco es ni mucho menos nuevo que ‘The Rolling Stone’ lleve a su portada asuntos de actualidad y no del mundo del espectáculo, ya que no se trata de una publicación únicamente cultural. Y respecto al glamur… es bastante peculiar que se intente glamurizar a alguien llamándole “mostruo”, como hace la revista desde la misma portada que tanto ha enfadado a Twitter.

Varios asuntos confluyen en este nuevo arrebato de ira en Twitter, que arderá durante tanto tiempo como tarde en prenderse un incendio por cualquier otro asunto. Por un lado, el político/social. En Estados Unidos, como en Israel, como en España, como en casi cualquier país occidental que haya conocido la violencia por motivos políticos, se ha instalado un sentido común social que da a las víctimas de estos actos de violencia un peso social descomunal. A ello, en Estados Unidos se le une la cruzada de la derecha contra lo que durante largo tiempo ha considerado “medios de comunicación progresistas”, de los cuales ‘The Rolling Stone’ es un obvio objetivo (al fin y al cabo, ¿cómo no va a ser progresista una revista que saca a menudo a cantantes y actores en su portada?)

Este sentido común, y aquí entramos en la vertiente periodística del tema, es maniqueísta por definición. Blanco o negro. O conmigo o contra mí. Si le dedicas una portada a un terrorista, es que estás de su lado. Si publicas los motivos de la violencia política, es que la apoyas. Si escribes “violencia política” y no “terrorismo”, como estoy haciendo yo en este post, es que apoyas el terror. Y así ‘ad nauseam’. Es muy complicado, y requiere coraje, luchar contra esto. Muchos medios (como sucede con los políticos en el ámbito de la política), ideológicamente afines, abrazan con gusto estas directrices, y se basan en ellas para hacer política desde sus portadas, para cavar sus trincheras en las que el periodismo no es más que una azada, una pala, un rastrillo a sueldo de un bien superior: la zanja. No es extraño que los medios que no son ideológicamente afines caigan en la trampa, compren el chantaje, teman ser acusados de ser ajenos a las víctimas, y por tanto se sientan obligados a justificarse, a contemporizar, a equilibrar. No hace falta viajar a Estados Unidos: algún día, espero, cuando ETA sólo sea un mal recuerdo y un fenómeno a estudiar por historiadores, alguien analizará sin pasiones el papel del periodismo español en este asunto. Diferente, muy diferente, por ejemplo, al de la prensa de Estados Unidos (¿Es imaginable la portada de ‘The Rolling Stone’, incluso hoy, con protagonistas con apellido vasco?). O de la de Israel, donde gente como Amira Hass y Gideon Levy (hay otros) publican. Y mucho. Creedme: ningún periodista extranjero que escriba contra la ocupación es la mitad de valiente ni tiene la mitad de coraje que Hass o Levy. Para un periodista, romper el sentido común, el consenso de la sociedad a la cual (y sobre la cual) informa es muy difícil. Si hay muertos de por medio, mucho más. En Estados Unidos, en Israel y en España.

Y así hemos llegado a un punto en que publicar un perfil del presunto co-autor del atentado del maratón de Boston y llevarlo a portada es considerado por muchos glamurizar el terror, y de esta forma se genera una triste polémica que los propios periodistas y medios divulgamos como meros portavoces de los indignados tuiteros. Tristes tiempos para el periodismo; estoy seguro de que muchos de los tuiteros que llaman al boicot de ‘The Rolling Stone’ no han leído el reportaje, y que tampoco lo habrán hecho muchos de los periodistas que informan de la controversia mediante la fórmula de escribir un lead y reproducir los tuits más incendiarios.

Y volvemos así a Twitter, el colectivo más propenso a la indignación que jamás haya concebido la mente humana. Algún día, confío, los medios, y los periodistas, recordaremos que gritar mucho no equivale a que muchos griten. Ese día, tal vez, también caigamos en la cuenta de que el buen periodista, el que conocía el oficio, solía ir a los bares, en transporte público, allí donde la gente se concentraba y hablaba, para poner la oreja, para conversar, para saber qué es lo que se cocía, para escuchar, hablar también, pero sobre todo escuchar, para que le contaran para después contar. Algún día, confío, los periodistas recordaremos que eso es algo que nuestros antecesores, no tan lejanos, solían hacer: hablar con la gente, escucharla y escuchar sus historias, recibir las noticias, elegir unas cuantas y confirmarlas, trabajarlas, manipularlas en el sentido periodístico (y noble) del término para así publicarlas, difundirlas. Ese día en que los periodistas recordemos esto, confío, entenderemos que Twitter es un gran bar, una enorme ágora, una descomunal plaza mayor. Nada más y nada menos. Y actuaremos en consecuencia. Cuando llegue ese momento, Twitter seguirá ardiendo dos o tres veces al día, pero con suerte ya habremos aprendido a no confundir la parte 2.0, virtual, por el todo real.

O eso espero.

Por nuestro bien.

@jcbayle

Anuncios

3 pensamientos en “Twitter arde y el periodismo se quema

  1. Pingback: Entre Suiza y España | Décima Avenida 2.0

  2. Pingback: Los pederastas no usan Periscope | Décima Avenida 2.0

Comentarios

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s