Cuando el pato grazna en lontananza

Artículo publicado en la edición impresa de El Periódico el 10 de agosto del 2013

Bien hará Barack Obama, en esa hermosa isla que se llama Martha’s Vineyard donde veraneará, en recuperar fuerzas. Lo necesita, primero, porque el camino tras su reelección ha sido empinado y espinoso (Bengasi, Edward Snowden, los escándalos del IRS y de las escuchas de la NSA, esa economía anémica que no acaba de alcanzar la robustez deseada). Segundo, porque en otoño le aguarda una (otra) batalla campal con los republicanos en el Congreso (la reforma migratoria, otra vez la negociación del límite de deuda y la financiación del Gobierno federal, la aplicación de su reforma sanitaria…) y una campaña electoral que debe llevar a las elecciones legislativas de noviembre del 2014. Sí, parece que fue ayer, pero en lontananza ya grazna el pato cojo. Así de cruel es la política en EEUU, pero Obama ya lo sabe: su figura creció a la sombra de los años de lame duck de George Bush.

En Martha’s Vineyard -un lugar exquisito y exclusivo donde el nivel de vida es superior en un 60% al de la media de EEUU- Obama no reencontrará la magia perdida en estos cinco años. La de Obamaha sido hasta ahora una Administración dubitativa y pusilánime, con un presidente que hasta ahora ha demostrado que su capacidad política no está a la altura de su carisma y elocuencia. Una presidencia que a Obama se le está escapando entre los dedos en medio de amargas lamentaciones por el obstruccionismo del Congreso dominado por los republicanos. Como si fuera el primer presidente que se enfrenta con el Capitolio. Como si fuera el primer presidente al cual sus adversarios no le dan ni agua. Igual debería almorzar con Clinton. Bill, me refiero. La pregunta, en el fondo, es quién esObama una vez la magia se le fue.

Como todo presidente en su posición, Obama llega a ese punto en que debe actuar pensando en el hoy, en las elecciones del midterm (2014) y en el más allá, su legado como presidente. En las playas atlánticas de Martha’s Vineyard, Obama experimentará esa división entre lo que puede hacer y lo que quiere hacer, típica del presidente que empieza a cojear. Por eso, pese a que se enfrenta a un periodo de al menos 15 meses en el que la batalla doméstica centrará la agenda, en sus discursos regresan ideas como la desnuclearización del mundo y la lucha contra el cambio climático que no aparecían desde los viejos buenos tiempos, y el pobre John Kerry ha tenido que recurrir a la humillante shuttle diplomacy para sentar en una mesa a palestinos e israelís, los sospechosos habituales de todo presidente en busca de un legado.

Mientras abraza a Michelle y sus hijas bajo el cielo estrellado de Martha’s Vineyard. Obama tal vez se dé cuenta de que el tiempo de los titubeos, de culpar al Congreso y a los republicanos y del presidente situado por encima de las miserias de Washington se ha acabado. O se decide a liderar, con los riesgos políticos que eso implica, o corre el riesgo de que suceda lo impensable cuando fue elegido: no que su legado decepcione, sino que sea irrelevante.

@jcbayle

 

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