El eruv

Intervención escrita para la presentación del libro ‘La cárcel identitaria’, de Eugeni García Gascón, en la librería Central de Barcelona el 26 de septiembre

En mis últimas semanas en Jerusalén, cuando después de más de cinco años uno tiene la tendencia a pensar que ya lo sabe todo, que ya lo ha visto todo, un amigo, que no era periodista pero también se dedicaba a ver y escuchar para después explicar, me hizo ver algo que no había visto: el Eruv, un cable parecido al de la línea telefónica o al del tendido eléctrico con un trozo de tela rojo colgando que se extiende por aceras y campos abiertos. Igual que hay amigos imaginarios, el Eruv es un muro imaginario. Según establece la Torá, hay 39 categorías de actividades prohibidas durante el shabat. Una de ellas es transportar objetos o personas, da igual su tamaño o peso, de un lugar privado a uno público y viceversa. Imaginad el engorro: uno no puede salir a la calle en shabat cargando nada. La solución que hallaron, hace siglos, los rabinos fue el Eruv: tiras un cable, delimitas un espacio y decretas que el lugar delimitado es espacio privado. Ya puedes llevar lo que quieras en ese espacio durante el shabat.  No es ninguna tontería: hay Eruv en más de 150 ciudades del mundo, de Jerusalén a Nueva York, pasando por Los Ángeles.

Entre todas las cosas de las que nos habla Eugeni García Gascón en su libro, y habla de muchas, no está el Eruv, pero podría haberse referido a él perfectamente, ya que es un ejemplo clásico de las cosas que cuenta Eugeni en las cenas que él y Sandra organizan en su casa de la calle Azza.  En esa terraza, sin ir más lejos, oí hablar por primera vez de los sellos de calidad kosher de las pelucas de las ultraortodoxas, o de las vacas sionistas que invadían el Líbano, o de los milagros más ocultos de Shimon Peres, claro, siempre Shimon Peres, el Moriarty particular de Eugeni. También allí hemos debatido en muchas ocasiones de uno de los hilos conductores de su libro, el integrismo político del nacionalismo y el fundamentalismo religioso y de cómo una sociedad no puede ser democrática si sufre uno de los dos males. En el caso de Israel, la autodenominada única democracia de Oriente Próximo, sufre ambos, en diferente intensidad, pero ambos.

Lo de Israel es como el Eruv: tú andas por la calle por Jerusalén, y si no ves el cable piensas que estás andando por una calle, con su acera, sus coches, sus árboles (pocos), sus peatones. Es decir, piensas que estás en el espacio público. Pero no, es espacio privado por obra y gracia de la religión, y si no ves el cable, si no entiendes eso, el poder de la religión para moldear, influir y cambiar la realidad, no entiendes esa ciudad, no entiendes nada. Israel es lo mismo: llegas allí, después de haber visto la Lista de Schindler, de haber leído los artículos sobre la paz de Shlomo ben Ami, de haber disfrutado del baloncesto del Maccabi, después de haber presenciado algún partido por la paz organizado por Shimon Peres  y te piensas que estás en Occidente, en casa, en la otra orilla del Mediterráneo que todos compartimos (menos los de Gaza, claro). Y si no ves el cable, si no entiendes cómo funcionan el integrismo político y el fundamentalismo religioso consustanciales a ese país, a esa ciudad, no entiendes nada. Eugeni, y sus libros es de los que te enseñan a ver el cable.

Pero, claro, cuando te das cuenta de esto, cuando ves el cable, surge un problema. Tú, como periodista, estás entrenado para ser imparcial por encima de todo. Has ido allí a informar de un conflicto muy complejo, en el que dos pueblos que tienen el mismo derecho sobre la misma tierra no se ponen de acuerdo para lograr la paz, mecachis. Imparcial. Si estás en un check point y ves una caravana de camiones con ayuda humanitaria bloqueados durante horas o días tienes que decir que los palestinos acusan a Israel de bloquear la ayuda humanitaria, y que Israel dice que la ayuda humanitaria entra sin ningún problema. Imparcial. Si estás en Gaza escuchando las bombas de sonido, viendo la escasez de comida, medicinas, gasolina,etcétera, tienes que decir que los palestinos acusan a Israel de castigar a la población civil y que Israel dice que ellos nunca castigan a la población civil. Imparcial ante todo. En la terraza de su casa, y en su libro, Eugeni siempre dice que un periodista en Jerusalén tiene que informar no de lo que Israel dice sino de lo que Israel hace. Es la única lección que yo le daría a un periodista que vaya a Jerusalén. Explica lo que ves. Busca el cable. Y explícalo. De hecho, el consejo sirve para cualquier periodista.

Eugeni lleva años explicando lo que ve en lo que él llama el mejor laboratorio del mundo para estudiar el integrismo político y el fundamentalismo religioso. Y lo que es peor:  además, reflexiona sobre ello.  Un tipo peligroso, sin duda, este Eugeni, alguien que en los tiempos que corren piensa por sí mismo y escribe libros desde su despachito en la calle Azza de Jerusalén. Fundamentalistas e integristas nunca se lo perdonarán.

@jcbayle

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5 pensamientos en “El eruv

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