Realpolitik amb espardenyes

Como corresponsal, viví como simple observador una visita de un presidente de la Generalitat a Israel y Palestina. Fue en 2005, la famosa de Pasqual Maragall y Josep-Lluís Carod Rovira. Sí, la visita de la corona de espinas. No fui testigo de la foto cerca del Santo Sepulcro que marcó ese viaje, ya que no formaba parte de la comitiva de periodistas. En estas visitas, los mandatarios suelen llevar consigo a los periodistas que normalmente cubren sus pasos en casa, en este caso en Barcelona, ya que para ellos prima el enfoque doméstico sobre el internacional. En cambio, los corresponsales tienen la mala costumbre, el defecto profesional, de preguntar sobre el lugar en el que viven y trabajan. Por ejemplo, en el  actual viaje de Artur Mas algún corresponsal igual hubiera preguntado al president –a lo mejor, hasta lo hubiera incordiado– por los palestinos, acostumbrados como están los corresponsales a que cualquier líder político que pise la zona se entreviste con los dos bandos, vaya a los dos sitios, reconozca el derecho de los palestinos a tener un Estado que viva en paz y seguridad al lado de Israel, tal como marca la hoja de ruta de la comunidad internacional. Eso es lo que hace de saque, por rutina, cualquier mandatario; visitar sólo la parte israelí es típico, digamos, de un Sheldon Adelson. O de un José María Aznar. Y por eso es seguro que un corresponsal allí hubiera preguntado por los palestinos. Por rutina profesional, vamos. En cambio, decíamos, al igual que al mandatario al que siguen, a los periodistas que cubren estos viajes les interesa la clave doméstica y no la internacional. Esto siempre tiene doble filo: los corresponsales no hubiéramos hecho aspavientos por la foto de la corona de espinas de Carod Rovira. “¿Por qué los refugiados son refugiados? Quiero decir, ¿por qué no salen simplemente del campo de refugiados, si tan mal están, y se van?”, preguntó uno de los periodistas que acompañaron a Maragall cuando la expedición del president entró en la franja de Gaza dejando atrás el muro, la terminal y los tanques que la aislaban de Israel y la convertían (entonces y ahora) en una gran cárcel al aire libre.

Sí, porque Maragall fue a Gaza. Incluso se cortó el pelo en una peluquería de Jabalia. Maragall fue a Gaza porque, pese a que era modesto en sus pretensiones históricas (quería un Estatut, no un Estado Soberano), al igual que Jordi Pujol tenía vocación y cerebro de estadista, aunque fuera presidente de Comunidad Autónoma. En segundo lugar, Maragall fue a Gaza porque allí la Agència Catalana de  Cooperació tenía proyectos,  y lo que los estadistas (con o sin Estado) hacen cuando viajan a Oriente Próximo es visitar los proyectos que financian con dinero de sus contribuyentes. Si, con Maragall la Agència Catalana de Cooperació era un brazo de Catalunya en el extranjero. Sí, la Agència era eso que ahora se llama una estructura de Estado, porque hoy en día no hay política exterior sin política de cooperación. Sí, la Agència Catalana de Cooperació es eso que el Govern de Artur Mas ha dejado reducido a cenizas, recorte tras recorte, hasta su virtual desaparición.

Inauguración del Barcelona Peace Park en Gaza

Inauguración del Barcelona Peace Park en Gaza. Autor: Joan Cañete Bayle

Cuando estuve de corresponsal en Jerusalén, también cubrí una visita de un alcalde de Barcelona. Fue la de Joan Clos en marzo del 2005. No, con el alcalde de Barcelona no viajaron periodistas, así que fuimos los corresponsales los que cubrimos ese viaje, que en su parte palestina (hubo dos partes, la israelí y la palestina: Clos se comportó como todos los políticos que visitan la zona) consistió en la inauguración del Barcelona Peace Park. La relación de Barcelona con Gaza nace de un acuerdo de Amistad y Cooperación firmado entre Gaza, Barcelona y Tel-Aviv en 1997. Tras su inauguración en el 2005, el parque fue destruido durante una operación militar del Ejército israelí en Gaza en el 2009. Barcelona, según la página web del Ayuntamiento, destinó 155.000 euros extras de los barceloneses a la reconstrucción del parque. No creo que el alcalde, Xavier Trias, haya aprovechado el viaje para pedir explicaciones por la destrucción de un parque que inauguró un alcalde de Barcelona. No es baladí; dudo que el israelí medio sepa quién es Mas y qué es Catalunya, pero sin duda sí sabe qué es y dónde está Barcelona. En este sentido, el importante para Israel es Trias, es decir, lo importante para Israel es que los gobernantes de una ciudad con una marca de prestigio como Barcelona normalicen relaciones con instituciones israelíes en un momento en que las campañas de boicot del BDS hacen daño. Reciente en la memoria está el viaje del Barça, que a diferencia de Mas sí fue recibido por Binyamin Netanyahu y Shimon Peres con honores tan sólo reservados a Barack Obama.

Hay mucha gente enfadada, muy enfadada, y por muy buenas razones, por el viaje de Mas a Israel y porque el president haya dicho que Israel será “compañero de viaje” de Catalunya en el camino hacia Ítaca en el que el líder de CiU ha embarcado al país. No gusta, incluso entre mucha gente independentista, que Mas elija de compañero de viaje a un país que mantiene bajo ocupación a millones de personas, que vulnera la legalidad internacional, los derechos humanos, etcétera, etcétera. Indigna y no gusta, pese a que es coherente. En este tema el problema lo tienen quienes en Catalunya acompañan a Mas en el viaje a Ítaca desde declaradas posiciones independentistas-antisionistas (?), no el president y los suyos. Hay contradicciones que son imposibles de mantener durante largo tiempo.

Más allá de afinidades naturales, ideológicas y sentimentales entre el nacionalismo catalán y el sionismo, hay quien esgrime argumentos pragmáticos y de realpolitik amb espardenyes a favor de Mas. Razones del tipo de que Catalunya no debe perderse en solidaridades estériles, es decir, que no se puede apoyar a los palestinos, claros perdedores. Que Israel es una potencia; que su lobby es muy poderoso, en Europa y en Estados Unidos, y que en el Proceso Soberanista catalán hacen falta aliados con peso internacional como lo tiene el Estado hebreo. Que, más allá que nacionalismo y sionismo sean lo mismo y los israelíes, occidentales como nosotros, y nosotros los catalanes, los judíos de España, los intereses propios son lo primero, lo segundo y lo tercero. Por todos estos motivos la visita de Mas, digo yo, ha tenido un rango político tan alto, con entrevistas de tan alto nivel. Por eso ha sucedido apenas unos días después de que el rey Juan Carlos saliera del palacio de la Zarzuela por primera vez desde su operación para agasajar a los dirigentes de la Fundación Keren Hayesod-United Israel Appeal.

Todo el mundo elige la vara de medir con la que juzga al resto de la gente. Hay quien usa parámetros estéticos; hay quien los usa ideológicos; o de empatía; o de lo que sea (por ejemplo: cierta persona me dijo una vez, viendo un Málaga-Barça en Jerusalén, que no te puedes fiar de un hombre que no pruebe el alcohol y no le guste el fútbol). Uno puede mirar hacia fuera y mirarse al espejo de Israel. O puede elegir de compañeros de viaje a Noruega o a Sudáfrica.En mi caso, una de mis varas de medir es el conflicto palestino-israelí: dependiendo de lo que mi interlocutor diga y piense sobre lo que sucede allí, me hago una composición de lugar sobre su curiosidad, solidez, capacidad de aceptar al otro, concepto de paz, de justicia, de empatía y de reconocer el dolor de las víctimas, entre otros temas que me resultan importantes para tomar decisiones personales y políticas.

Agradezco, por tanto, a Mas, sus voceros, acólitos y correligionarios este viaje y lo que han escrito y dicho allí o aquí sobre la gira. La política que transpira la forma con la que han efectuado la visita a Oriente Próximo es reduccionista, ombliguista, egoísta, ciega, sorda, baja de miras, carente de empatía, ignorante y, sobre todo, provinciana.

Cara al futuro, es bueno saberlo. O simplemente constatarlo.

@jcbayle

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5 pensamientos en “Realpolitik amb espardenyes

  1. Hola Joan: Estava esperant-lo. Felicitats. Avui he comentat amb la Rosa Massagu la vergonya que hem produeix aquest viatge. Jos A. Sorolla

  2. Pingback: Realpolitik con alpargatas

  3. Pingback: Per què Artur Mas no ha mencionat la paraula “palestina”? | Blog d'Aitor Carr

  4. Pingback: Diez a uno | Décima Avenida 2.0

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