Misión cumplida

Cuando se rompen los frenos, de todo de repente hace ya diez años. De la guerra de Irak, no. De la guerra de Irak hace once. Once años ya de ‘shock and wave’, de esa foto de George Bush en el portaviones ‘USS Abraham Lincoln’ con una pancarta detrás suyo que decía “Misión Cumplida”. Once años de una guerra que nunca se acabó, por mucho que así lo anhele Estados Unidos y su presidente, Barack Obama, quien preferiría que Irak, como Afganistán, como Guantánamo, simplemente no existieran. Un deseo, a su manera, tan sangriento como los de grandeza democrática, petróleo y venganza paterno-filial de George Bush. Sigue leyendo

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Apuntalando la Torre de Marfil

Convertimos en símbolo máximo de la democracia, en la imagen viva del demócrata, a un Rey. Sí, un Rey, el mismo que pasa el poder de padre a hijo, ese método tan democrático. Muy campechano, eso sí. España, democracia campechana.

Lo peor de España no es su crisis económica. España sufre una crisis sistémica del régimen creado en la Transición. Igual es cierto que entonces no se pudo hacer otra cosa; igual es verdad que con las cartas tal y como estaban repartidas (y marcadas) eso es todo lo que se pudo hacer. Puede ser, aceptémoslo, aquello fue un mínimo común denominador porque no era posible ni otear cotas más altas. Por eso no hubo justicia con las víctimas; por eso no hubo justicia con los verdugos; por eso se creó un sistema opaco en el que las cúpulas de los partidos concentraron todo el poder; por eso se extendió la idea de que democracia es votar cada cuatro años, y ya está; por eso se diseñó un poder judicial dependiente de los partidos; por eso, ante la enorme dificultad de cerrar el diseño territorial, se tuvo la brillante idea de nunca cerrarlo, de dejarlo eternamente ‘working in process’; por eso se idealizó a los forjadores del acuerdo de mínimos; por eso un Rey, sí, un Rey, designado por el dictador, un Rey al cual nadie eligió y un Rey a cuyo sucesor nadie elegirá, se convirtió no ya en el Jefe de Estado (que mira, cosas raras hay en todas partes), sino en la cara de la democracia. Sí, de la democracia. Y no sólo nos parecía normal la idea de que un Rey equivalga a democracia, sino que hasta nos pareció elogiable y exportable, una materia de la que dar lecciones por el mundo. Con un par. Sigue leyendo