Misión cumplida

Cuando se rompen los frenos, de todo de repente hace ya diez años. De la guerra de Irak, no. De la guerra de Irak hace once. Once años ya de ‘shock and wave’, de esa foto de George Bush en el portaviones ‘USS Abraham Lincoln’ con una pancarta detrás suyo que decía “Misión Cumplida”. Once años de una guerra que nunca se acabó, por mucho que así lo anhele Estados Unidos y su presidente, Barack Obama, quien preferiría que Irak, como Afganistán, como Guantánamo, simplemente no existieran. Un deseo, a su manera, tan sangriento como los de grandeza democrática, petróleo y venganza paterno-filial de George Bush.

Hace once años, Irak tenía un dictador, era un país corrupto y dividido en facciones que se mantenía en pie y unido por la mano dura del tirano. Once años después, Irak es un país con un líder al que llamamos democrático porque hoy se llama democrático a cualquier cosa que Washington llame democrático,  es un país corrupto y dividido en facciones que no se mantiene ni en pie ni unido. Y, además, donde hace once años no había islamistas hoy el ISIS domina grandes partes del país y combate en pos de su califato en el mismo Irak y en Siria.

No hace once años, sino algo más de diez, cuando las tropas estadounidenses capturaron a Sadam Hussein en su zulo de Tikrit, George Bush dijo con su mejor pompa: “Todos los iraquíes pueden ahora rechazar la violencia y construir un nuevo Irak”. Se equivocó, claro, como se equivocó en todas y cada una de sus acciones en Irak. En todas menos, tal vez, en el enriquecimiento de las empresas estadounidenses que trabajaron allí. No hace once años, sino unas horas, Obama dijo que no descarta ninguna opción para frenar a los yihadistas en Irak (¿y en Siria no?), pero que lo sucedido debe ser una llamada de atención para el Gobierno iraquí. Se supone que es porque el Gobierno de Bagdad está fracasando en el mismo lugar en el que Estados Unidos fracasó durante los largos años de sangre, polvo, ataque suicidas, minas en la carretera y ataques con RPG de la posguerra. Fracasó tanto Estados Unidos que se fue; no hay soldados estadounidenses desde el 2011. Pero, en realidad, no puede irse; no deberíamos dejarle que se vaya: lo que sucede ahora es responsabilidad pura y dura de Washington, es su guerra.

No hace once años, sino casi exactamente ocho, el 8 de junio del 2006, Estados Unidos anunció la muerte en Irak de Abú Musab al Zarqaui, al que mataron en un bombardeo en una casa cercana a Baquba. Al Zarquaui es el origen de lo que es ahora el ISIS, dicen quienes saben de la madeja islamista. Su muerte, como la de Sadam, como la de Osama bin Laden, no sirvió de nada. Tantas muertes después, parece que aún no se ha aprendido que el islamismo a lo ISIS, a lo Al Qaeda, no es cosa de unos pocos líderes y unos muchos parias que se dejan lavar la cabeza.

Hace  once años, el 1 de mayo del 2003, me acerqué a Faluya. En una semana, habían muerto 18 personas en enfrentamientos con las tropas estadounidenses. La base de los americanos, un antiguo cuartel del partido Baaz, fue atacada con granadas.  Era extraño, nunca había sucedido algo así desde la caída del régimen de Sadam Hussein, semanas atrás. “Tarde o temprano os echaremos, asesinos de EEUU”, “Nuestra libertad está en que dejéis nuestro país”, “El hombre puede ser destruido pero no derrotado”, se leía en varias pancartas colgadas en el ayuntamiento de la ciudad, En un manifestación ante las tropas acuarteladas en una escuela, los soldados perdieron los nervios y mataron a quince manifestantes. El capitán Frank Rosemblatt, de la 82ª División, nos explicó pacientemente a los periodistas que igual había algunos baazistas implicados, pero que lo que había sucedido era un gran malentendido, que la población de Faluya, muy conservadora, no quería a occidentales en sus calles, que todo el mundo en Faluya creía a pies juntillas que los soldados veían a las mujeres desnudas a través de sus visores nocturnos. Rosemblatt explicó que se trataba de un problema cultural, que había conversaciones en marcha con los líderes municipales, tribales y religiosos para resolver la situación, que si era necesario dejarían a los líderes mirar a través de los visores para que se dieran cuenta de que sólo se ven figuras verdes y anaranjadas, que el honor de sus mujeres no estaba siendo mancillado. Así empezó la resistencia de Faluya, y con ella de todo el triángulo suní, y con él una nueva fase de la guerra que ya hace once años que dura. Ese mismo día, hace once años, el 1 de mayo del 2003, George Bush ofreció su discurso en el portaviones USS Abraham Lincoln con una pancarta detrás suyo que decía “Misión Cumplida”. Un gran malentendido. Estados Unidos nunca entendió nada. Estados Unidos nunca quiso entender nada.

Hace cuatro años, no llega, en Túnez empezó lo que se llamó primavera árabe. Hace doce años, en el hotel King David de Jerusalén, en uno de los desayunos a los que acostumbraba a invitar a la prensa española, Miguel Ángel Moratinos, entonces enviado especial de la UE a Oriente Próximo, reflexionaba que los auténticos sustitutos de Yasir Arafat en el liderazgo palestino no serían los Abu (Abu Mazen, Abu Ala), sino los barbudos, es decir, los islamistas. Hace ocho años, en el 2006. Hamas ganó las elecciones palestinas, y hace dos años, en mayo y junio del 2012, los Hermanos Musulmanes de Mohamed Morsi ganaron las elecciones en Egipto. Y hace unos días, el 8 de junio, Abdelfatah al Sisi certificaba con su bochornosa victoria electoral el fin de la primavera en Egipto gracias a su condición de mal menor en puño de hierro frente al islamismo. Exactamente lo mismo que era Hosni Mubarak. Y por las mismas fechas ganó las ¿elecciones? Bachar al Asad en Siria, donde desde hace un par de años el ISIL ha dinamitado la guerra civil que desangra el país. Hace nueve años, en el 2005, en Zarqa, el Chicago de Jordania, la polvorienta y paupérrima ciudad natal de Zarqaui, tomada hasta los dientes por la Muhabarat jordana, un compañero de clase de Zarquai me decía que no se creía lo que decían los americanos de él, que su condiscípulo no era capaz de matar ni a un gato. Hacía un par de días que un matrimonio de iraquís se habían volado en el hotel Radison de Ammán. Otros dos atentados simultáneos en otros dos hoteles se saldaron con la muerte de 67 personas, en una operación planeada por la facción de Al Qaeda liderada por Zarqaui. Hace 35 años la URSS invadió Afganistán, el principio de todo. Me pregunto cuánto años (¿meses?) faltan para que Occidente rehabilite en cierta forma a Bachar al Assad. Hace once años, en Bagdad, me encontré con el DNI de un marroquí que vivía en la Barceloneta y había ido a Irak a luchar contra el bárbaro invasor americano.

Hace once años, igual que hoy, la ambición, la codicia, la inconsciencia, los apriorismos, la ideología, el idealismo, los intereses confesables, los intereses inconfesables, el fundamentalismo religioso, el integrismo político, la ignorancia, el atrevimiento que da la ignorancia, el imperialismo, la realpolitik, la desfachatez, la arrogancia, la tiranía, la represión, la pobreza, la miseria, el fanatismo,  siguen desangrando Irak, siguen desangrando Siria, siguen desangrando Oriente Medio, siguen desangrando el mundo árabe.

Hace catorce años, los teóricos hablaban de la decadencia del yihadismo. Hace once años, no había islamistas en Irak.

Misión cumplida, que diría aquel.

@jcbayle

Anuncios

3 pensamientos en “Misión cumplida

  1. Pingback: Obama y las guerras estúpidas | Décima Avenida 2.0

  2. Pingback: No en su nombre, ni en el nuestro | Décima Avenida 2.0

  3. Pingback: Bombardeemos Idomeni | Décima Avenida 2.0

Comentarios

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s