Hacer un John Kerry

El primer responsable de una acción es quien la comete. Por tanto, el primer responsable de la muerte de civiles en Gaza es el Ejército de Israel y, por consiguiente, el Estado de Israel, su Gobierno y la gran mayoría de su población, dado que no se ve en las calles a miles de israelíes protestando por la muerte de centenares de palestinos, muchos de ellos niños, bajo el fuego de uno de los ejércitos más poderosos del mundo. Al contrario, sin el apoyo mayoritario de la población ni Gaza ni, en un plano mayor, la ocupación misma, podrían suceder.

En un segundo nivel de responsabilidad se encuentran quienes permiten que Israel actúe de esta forma, quienes han permitido que durante décadas el uso extremo de la violencia le haya sido beneficioso y que, por tanto, no haya encontrado ningún incentivo en abandonarlo. Esa es la comunidad internacional, claro. Como corresponsal pude hablar con varios ministros de Exteriores (en el caso de España, tanto del PP como del PSOE) y diplomáticos de diferentes países y condición en contextos muy diferentes. Resulta deprimente la diferencia entre lo que se dice alrededor de un café en una hermosa terraza de Jerusalén, en un balneario con vistas al  Mar Muerto o en los pasillos de una conferencia de paz en una base naval estadounidense y lo que se afirma con luces y taquígrafos, en las notas de prensa, en las declaraciones, en los discursos. Es deprimente, pero también esclarecedor: de esta forma puedes afirmar que todo el mundo sabe perfectamente lo que está sucediendo ahora en Gaza y, en general, en el mal llamado conflicto palestino-israelí. Por tanto, ni ahora ni en el futuro, nadie podrá alegar ignorancia para defender su inocencia. Todos sabemos lo que hiciste (y lo que no), lo que dijiste (y lo que no) y lo que escribiste (y lo que no) en el verano del 2014, por poner sólo una fecha.

En un supuesto error, el secretario de Estado, John Kerry, ha sido pillado por un micrófono abierto criticando a Israel por la masacre de Gaza: “Menudo infierno de operación milimétrica. Menudo infierno de operación milimétrica”, dijo, minutos antes de afimar, en la entrevista oficial, que “Hamas mantiene bajo asedio a Israel”. Sí, han leído bien. La actitud de Kerry, llamémosle hacer un John Kerry, es más que habitual: sabe lo que sucede, le duele (estoy seguro de que incluso le repugna) la muerte de niños (¿a quién no?) pero, claro, no puede criticarlo abiertamente porque es Israel quien lo está cometiendo. Haciendo un John Kerry, el secretario de Estado se convierte en uno de los responsables de lo que está sucediendo. Como lo es, por supuesto, su jefe, Barack Obama, el hombre cuya presidencia, más que una decepción, es un fraude intelectual.

Europa (entendida como la UE) está instalada en una doctrina que podríamos llamar hacer un Javier Solana y que Catherine Ashton ha perfeccionado: virar oficialmente hacia posturas cada vez más cercanas a las estadounidenses, lo que implica más cercanas a Israel. Consecuencia: son irrelevantes en el proceso diplomático, todo el mundo sabe que hablar con los europeos es perder el tiempo. Eso sí, son los que pagan, a través de la cooperación internacional, las infraestructuras que periódicamente Israel destruye. Para hacer un Javier Solana, es imprescindible aguantar estoicamente los desplantes, los feos y hasta los insultos que hacia Europa profieren los políticos israelíes.

En el mundo árabe se ha pasado de hacer un Mubarak a hacer un Al Sisi. Es decir: de usar retóricamente el sufrimiento palestino para consumo propio de su población pero no hacer nada para aliviarlo (y negociar y acordar con Israel todo lo que haga falta) a identificar la causa palestina con el islamismo de Hamas y convertirla, por tanto, en enemiga de los regímenes amigos de Occidente que han hecho de las barbas islamistas su peor enemigo. También se puede hacer un Mahmud Abbás, que es no hacer nada (siendo muy generosos).

Fuera de los Gobiernos se pueden hacer otras cosas: se puede hacer un Joaquín Sabina, un Barça por la paz, un Pau Gasol, un Scarlett Johanson, un ‘veterano socialista que quedó atrapado para siempre en la mística del Kibbutz’. O un ‘a veces veo escudos humanos’. Poned nombres, los hay a patadas.

En el verano del 2014, nadie que practique estas acciones puede alegar ignorancia. Ni, por tanto, inocencia.

Hay muchos motivos para todo ello, y un post no da para hablar de todos. La relación de Estados Unidos con Israel, por ejemplo, es muy compleja y no puede analizarse bajo un vergonzante prisma a lo protocolos de los sabios de Sión. Está el lobby, claro, pero también el peso de Israel en el sentido común social de la sociedad estadounidense, la simpatía instintiva de un país que se formó a base de colonos conquistando tierra a indígenas (el mito de la vida en la frontera), y el papel de gendarme protector de los intereses de Estados Unidos en la zona que juega Israel. En el caso europeo, está atrapado en una contradicción insalvable: el país que se declara heredero de los supervivientes de la peor atrocidad de la historia de la humanidad vulnera, boicotea y dinamita constantemente el sistema de garantías, legalidad y gobierno mundial creado tras la segunda guerra mundial precisamente para evitar que volviera a cometerse una atrocidad de ese calibre. Atrocidad que cometieron europeos, gobiernos y ciudadanos, por acción o por omisión. En el caso árabe, su relación con la causa palestina siempre ha sido de diván, pero su mezcla con las convulsiones de las primaveras árabes y las luchas que azotan la región hace que ahora sea casi ininteligible, un Risk a tamaño real en el que la población palestina siempre pierde.

Así que sí, que el primer responsable de lo que sucede en Gaza es Binyamin Netanyahu, pero sin la complicidad de la comunidad internacional tanta atrocidad no ería posible. Lo mismo se aplica a la ocupación, por supuesto, ya que lo de Gaza no es más que una expresión de la misma. Y es en este terreno donde entra el BDS. Sólo la presión internacional, de la que el BDS es una expresión, atemoriza a Israel, al que asusta el espectro de Suráfrica (cuyo embajador en Israel fue llamado de regreso a su país a causa de Gaza, por cierto). Como sucede en otras tantas facetas de la vida social, política y económica, en este tema del boicot las sociedades civiles (y me refiero ahora a las europeas) y sus gobiernos andan en direcciones opuestas, el 99% y el 1%.

Porque en esta vida también se puede hacer un BDS. O un Ilan Pappe. O un Desmond Tutu. O un Stephen Hawking. O un las miles de personas que se manifiestan en ciudades europeas en solidaridad con Gaza estos días.

O, yo que tan sólo soy un periodista, un Amira Hass o un Gideon Levy (en la medida de mis posibilidades).

Es, como no me canso de repetir, una simple cuestión de decencia humana.

@jcbayle

PD: Buscando, buscando, en la memoria y en la hemeroteca, al final he encontrado a niños usados como escudos humanos en los territorios ocupados (La práctica fue oficialmente prohibida en el 2006): Aquí. O más información aquí.

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Un pensamiento en “Hacer un John Kerry

  1. Yo no creo que a Kerry, Obama o a todos esos gobernantes que no hacen nada las imágenes de los niños palestinos destrozados les repugnen. Bueno, sí, les deben repugnar como lo haría la imagen de un perro desmembrado o de un caballo decapitado. Son imágenes muy repulsivas, que te estropean por completo la hora de la comida, pero ya está. Después de todo, la vida de un niño palestino no es apenas más importante que la de un perro y, desde luego, menos importante que la de un precioso caballo. Saludos.

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