Periodismo sin más

No creo en las etiquetas en periodismo, me parecen redundancias y una rendición. No creo, por tanto, en el periodismo comprometido. O en el periodismo humano. O en el periodismo crítico. En la palabra periodismo ya van incluidas estas etiquetas, y no creo que haya que adjetivar el periodismo y dejar en manos de los que no son críticos o humanos la palabra periodismo a secas, rendirnos y asumir que el periodismo es lo que hacen los del 1% y el periodismo comprometido, el humano y el crítico lo que hacen los del 99%. Dicho de otra forma: no creo que haga falta ser un periodista comprometido, o crítico, o humano para explicar lo que está sucediendo en Gaza. Hace falta ser periodista, a secas. Lo de los escudos humanos no es periodismo, es otra cosa, no me gustaría entregar a eso, se llame como se llame, el sustantivo periodismo y quedarme yo con los adjetivos.

No creo que la función del periodista sea ser el portavoz de los que no tienen voz. Yo creo que la función del periodista es ser los ojos de los que no ven lo que el periodista ve. Cuando eres portavoz, no haces periodismo, haces otra cosa, por muy loable que sea dar voz a los que no tienen voz, que lo es. Pero eso es otro oficio. ¿Disparan los milicianos palestinos cohetes desde casas particulares o cerca de ellas? Sí, claro, es imposible no hacerlo en un lugar como la franja de Gaza. ¿Hay túneles bajo las casas en Rafah, por ejemplo? Sí, por allí sobrevive la gente al bloqueo y también por allí entran armas, o lo hacían cuando Egipto lo permitía. ¿Ocultan los milicianos armas en las escuelas de la UNRWA? La agencia ha denunciado que en una ocasión ha sido así, diciendo que no es frecuente. Un portavoz de los sin voz se puede ver tentado a no publicar esto. Yo creo que un periodista sí debe publicarlo, porque ha sucedido y porque ninguno de estos tres hechos justifica los bombardeos contra la población civil. De nuevo: si un periodista hace bien su trabajo en Gaza, a la fuerza aparecerán en sus crónicas la voz de los que no tienen voz sin necesidad de que se erija en su portavoz.

No creo que la imparcialidad sea el objetivo supremo al que debe aspirar el periodista. Por encima creo que está no publicar falsedades a sabiendas. Cuando llegas de corresponsal a Jerusalén, quieres ser ante todo imparcial (lo cual lleva implícito que piensas que los que están allí no lo son). Pero si te mueves, si ves, si en definitiva haces tu trabajo, lo de la imparcialidad se te va desvelando como una trampa con la que debes tener mucho cuidado. Un caso típico: convoy de ayuda humanitaria bloqueada por Israel, los palestinos denuncian que la ayuda no entra, Israel dice que sí entra. Tú estás en el ‘check point’, y ves el convoy paralizado. ¿Publicarás que “Los palestinos acusan a Israel de impedir el acceso de la ayuda humanitaria y que “Israel dice que sí permite la ayuda humanitaria”? Yo publicaría, publicaba, publico, “Israel impide el acceso de la ayuda humanitaria”. Porque sé que es así. Dicen los portavoces militares israelíes y su Gobierno que el Ejército de Israel es el más cuidadoso del mundo con los civiles. Tú estás en Gaza, tú ves los bombardeos, tú ves los muertos, tú tienes las cifras, la (des)proporción entre milicianos y civiles muertos, los niños masacrados. ¿Publicarás, en nombre de la imparcialidad, que el Ejército israelí es el más cuidadoso del mundo con los civiles? Creo que ni siquiera debes publicarlo citando a los portavoces israelís, ya que como periodista que ve con sus propios ojos lo que está sucediendo sabes que no es así, que esos portavoces mienten. Por tanto, es obligación del periodismo, a secas, ir y ver (y leer, entender, escuchar, aprender, informarse y formarse). Y después, explicar.

No creo, por supuesto, en la falsa y fatal equidistancia, que es hija de esta imparcialidad. No hay una guerra Gaza-Israel. Mientras en la playa de Tel-Aviv la gente se baña, en la de Gaza mueren. Es un hecho, y es obligación del periodista decirlo. Sin etiquetas.

No es fácil ser corresponsal en Jerusalén. El decano de la prensa española, mi amigo Eugenio García Gascón, siempre dice que hay que explicar lo que Israel hace, no lo que Israel dice y hacer eso requiere valor, sobre todo en tiempos en que conceptos como árabe, islam, fundamentalista y terrorismo se mezclan entre sí. Las embajadas de Israel son fenomenales aparatos de relaciones públicas en los países donde están ubicadas, y las presiones sobre las redacciones son muy fuertes. Los berrinches por los titulares que te ponen, por los opinadores que se buscan para contrarrestar tus crónicas, por la equidistancia en los editoriales suelen ser habituales. Tampoco es sencillo porque la tentación de adjetivar tu periodismo, de convertirte en portavoz de los sin voz, es muy grande cuando ves según qué, cuando convives con según qué. A los periodistas no se nos puede ni debe exigir que seamos activistas.

Por eso sí creo en enmarcar el periodismo, y tu trabajo como periodista,  en una línea editorial. En mi caso, sin equidistancia, sin caer en la falsa imparcialidad, basado en los derechos humanos y la legalidad internacional y fiel a los principios del oficio. Y en la decencia humana. Citando de nuevo a Eugenio: ¿alguien exigía a un periodista que informara del apartheid surafricano que fuera imparcial? Y yo pregunto: ¿se podía informar del apartheid de forma honrada desde el punto de vista del oficio periodístico sin explicar el sistema por el cual los afrikáner oprimían a los negros? Creedme, es mucho más sencillo ser corresponsal en Jerusalén siendo de la forma que Israel y sus voceros entienden ser imparcial y equidistante. Vives más tranquilo, ves menos cosas que no olvidarás, te bañas más a gusto en el balneario del Mar Muerto.

Informar desde Gaza es muy jodido, por eso no quiero acabar este post sin mi homenaje a los corresponsales de la prensa española que están trabajando allí, algunos de los cuales conozco y son amigos. Es jodido por la presión que implica ver lo que está sucediendo, la sangre, los muertos, la ruina, los entierros, los cadáveres de niños. Y por el peligro. Y en algunos casos por tener que lidiar con las redacciones, por levantarte por la mañana tras haber dormido poco  y mal y enfadarte al encender internet porque siempre hay quien te critica, porque no siempre tus jefes te han tratado como debieran. Te machacan los voceros israelís (¡qué dañino es el insulto de antisemita cuando viene de racistas sin complejos en demostrar que lo son!), pero también quienes confunden al periodista con el medio o el discurso periodístico con el discurso activista. Y en un plano más personal, es jodido porque estás 24 horas pensando en lo mismo, hablando de lo mismo, pendiente de lo que sucede, de ir hacia allá y hacia aquí, que si el alto el fuego, que si Hamas, que si Netanyahu, que si Obama, mañana, tarde y noche, los rumores, jefes y colegas a miles de kilómetros de distancia que a veces creen saber mejor que tú lo que está sucediendo, que si la embajada ha llamado, que si el ministerio de Exteriores dice que por tu seguridad es mejor que te vayas a casa, que si el primo de tu traductor, con su familia entera, ha muerto en el penúltimo bombardeo. A mí me sucedía tras una de estas que cuando cruzabas Erez y salías de Gaza, el cielo parecía más alto y más azul.

Hasta la próxima, pensaba mientras buscaba el coche que me iba a llevar a Jerusalén. Porque siempre había una próxima, casi seguro peor que la que acababas de dejar atrás. Es lo que tiene la ocupación.

@jcbayle

PD. Detecto a través de la acogida que está teniendo el post en las redes sociales que  se ha podido crear la confusión de que estoy en Gaza. No es así, escribo cómodamente desde Barcelona. Fui corresponsal en Palestina e Israel durante cinco años y medio.

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10 pensamientos en “Periodismo sin más

  1. Hola, en días tan difíciles aún para los que vivimos desde lejos el horror de lo que sucede en Gaza como en otros países donde la muerte se hace presente y el horror de la falta de compasión y amor hacia el ser humano, hacia el desprotegido o sojuzgado especialmente se torna costumbre, sabiendo y honrando a todos aquellos que desde su lugar y tarea están allí presentes, quiero decirte Gracias! Gracias primero por la valentía de estar allí. Gracias por ser capaz de transmitir con palabras y voz lo que tus ojos, corazón y mente ven. Gracias por la honestidad de tus palabras. Luego de quedarme corta para todos los que están en el dolor trabajando y exponiendo sus vidas por las vidas de otros con las palabras, quiero decirte que en mi caso intentando ser de las que quieren “ser voz de los que no la tienen”, creo como tú que no se puede serlo si no somos lo honrados y honestos con lo que vemos. Ser activista no implica ponerse una camiseta que dice: esto no lo digas porque tal vez no sea conveniente para la causa. ¿Cómo podría la verdad ser inconveniente? La verdad tiene siempre el color del que ve, escucha, siente lo que ve y escucha, pero lo que es, es. Lo que ves, no puedes torcer. Un activista desde mi punto de vista es aquel que lleva adelante una causa en la que cree porque la cree justa pero siendo honesto con la verdad es la única posibilidad de que esa causa llega a feliz puerto. Sí yo publicaría y de hecho lo hago, todo lo que me gusta y lo que no. Lo que es, es. Y sólo así el mundo podrá transformarse en un mundo mejor. Comparto contigo que no hace falta negar que hay cohetes y armas en medio de los pobladores de Gaza para no justificar el despropósito de la invasión que Israel comete contra Gaza. Dios te bendiga y bendiga a todo aquel que esta en lugares donde el dolor necesita de manos,ojos,voz, y sobre todo corazón para acompañar, asistir, aconsejar, decir, expresar, curar en definitiva amar. Desde una uruguaya, que vive en este país en forma de corazón en medio de dos colosos:Argentina y Brasil, un fuerte abrazo.

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  3. Es rejuvenecedor leer estas reflexiones. Veo que en ocasiones se pierde la perspectiva en los conflictos actuales de todo pelaje. Y muchas de las cosas que sostienes (imparcialidad, portavoz, incomprensión) son aplicables a otros ámbitos periodísticos mucho más cómodos de sobrellevar.

  4. Sólo añadiría que cuando el periodista ve lo que ocurre y lo explica de forma objetiva, es decir, en el caso que nos ocupa, que Israel aplasta a un pueblo porque tiene la capacidad militar para hacerlo, y cuando, por tanto, es testigo de una masacre en la que la parte invasora se ensaña con la agredida, como seres humanos que son los periodistas, y como haría cualquier ser humano (hago énfasis en lo de humano porque parece que no es un calificativo que se pueda aplicar a muchos seres que pululan por ahí vomitando odio), es imposible no tomar parte. No se trata de ser portavoz de los represaliados y los oprimidos, sino, como dices, de contar lo que ocurre sin dejarse cautivar por quienes tienen medios para hacerlo.
    Me resulta curioso como Israel denuncia un complot mediático internacional para presentarlos como verdugos cuando en realidad son víctimas, aludiendo a la capacidad de Hamás y la ANP para “comprar” a la prensa. El mundo al revés.
    Excelente artículo.

  5. Pingback: Propaganda y periodismo | Décima Avenida 2.0

  6. Que placer es leer reflexiones con tanta sabiduría, tanta verdad y tan bien escrito. Esa arma maravillosa que es el lenguaje y tan difícil de encontrar. Realmente es tan difícil ser ecuánime que a veces se da por hecho que nadie lo es. Una loa al periodismo en su total acepción.

  7. Pingback: Una duda razonable | Décima Avenida 2.0

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