Una duda razonable

El ataque de la embajada de Israel en España a Yolanda Álvarez no es un caso único. Críticas parecidas se dan en Estados Unidos (donde el discurso dominante aplastantemente no ya pro, sino directamente israelí, se ha resquebrajado un pelín durante esta ronda de destrucción en Gaza), Reino Unido y en países latinoamericanos. El proceso es similar: a un periodista de un medio destacado se le ataca de forma durísima e inaceptable por mostrar la destrucción que ha generado Israel en Gaza. Se le acusa de lo contrario de lo que hace: de propagandista, de ser vocero de Hamas, de sólo dar voz no ya a los palestinos, sino a los islamistas, sin contextualizar lo que sucede con las razones de Israel. En ocasiones el ataque viene de la embajada; en otras son otros medios y colegas los encargados de hacer el trabajo. El fenómeno no sólo se da en la prensa; que le pregunten, si no, a Penélope Cruz y Javier Bardem, culpables de pensar que en este asunto en EEUU existe la misma libertad de expresión que en España o que Israel tiene el mismo peso allí que, digamos, Marruecos. Probablemente no volverán a cometer el mismo error.

Que el fenómeno se dé en diferentes países con diferentes protagonistas al mismo tiempo descarta que sea algo excepcional, sino que apunta a estrategia concertada dado que los periodistas, más o menos, mejor o peor, tienen la tendencia a ser eso, periodistas. A pesar de que los ataques son ‘ad hominem’, el objetivo no suele ser individual, sino global. No se trata tanto de que el periodista señalado en cuestión deje de hacer su trabajo o cambie de forma radical de hacerlo (que nunca lo hace, los periodistas solemos ser tozudos), sino de introducir en la mente de otros periodistas, de los medios que no han caído en la equidistancia fatal y de la opinión pública algo así como una duda razonable. No puede ser que esto sea tan sencillo, no puede ser que estemos todo el tiempo explicando lo mismo (que si la ocupación, que si el bloqueo, que si no hay escudos humanos, que si el desequilibro militar, que si la asimetría humana…), no puede ser que hablemos sólo de Israel y lo que hace. Algo tendrá que ver con esto Hamas, ¿no? Algo así como sí, vale, los negros en Suráfrica no podían entrar en restaurantes para blancos, pero oye, en los suyos estaban más cómodos y se comía de puta madre.

Las consecuencias ya se están viendo, y se verán: medios que clamaban contra el bloqueo al principio de la ofensiva editorializando en contra de Hamas por no aceptar un alto el fuego que deja el bloqueo como estaba (o peor); reportajes encargados desde la redacción o elaborados desde la redacción o, a ser posible, puestos en manos de articulistas de opinión supuestamente académicos sobre lo pernicioso que es Hamas no para Israel, sino para los palestinos, unos tipos desagradecidos que no dicen gracias cuando Israel quiere librarlos a bombazos de la tiranía islamista; reportajes sobre ‘refuseniks’ y el ‘otro Israel’, la gente que está en contra de lo que hace su Gobierno halcón, un porcentaje irrisorio e irrelevante de la sociedad israelí; titulares sobre las veces que se ha abierto el paso de Kerem Shalom para la entrada de ayuda humanitaria a la franja; no puede faltar alguna declaración (a ser posible, con entrevista) sobre la paz de Shimon Peres en algún medio en principio no amigo; llamamientos a dejar de lado las rencillas (como si la lista y las cifras pudieran reducirse a eso, a rencillas) para lograr la paz, a secas, como objetivo máximo, objetivo que deja de lado la justicia (y eso por supuesto implica ni hablar de consecuencias en forma de tribunales internacionales de la destrucción de Gaza), la memoria (no ha sucedido nada antes de que empezara esta masacre), la historia y la realidad (disminuir al máximo posible la idea de que aquí, de lo que estamos hablando, es de la ocupación).

El objetivo real de los ataques, como siempre, no son los corresponsales, sino sus jefes y sus compañeros periodistas, algunos de los cuales próximamente, en un plazo no superior a un año, sustituirán a muchos de los actuales corresponsales de medios de todo el mundo como consecuencia de su cobertura de Gaza. Esos periodistas que llegarán a la zona queriendo ser, ante todo, imparciales, a muchos de los cuales un año después se les acusará también de difundir las cifras, los hechos y las imágenes de Hamas. Pero ya se habrá ganado un año (esta política de rotación, por ejemplo, es clásica en los medios estadounidenses).

PD: Esa gente, esa gente que dice que esto del bloqueo no puede ser tan grave porque en la tele se ven los mercados de Gaza bien abastecidos, repletos de productos. Que esa gente sea todo lo que le queda de apoyo popular a Israel en la opinión pública europea debería dar de pensar a alguien, si es que queda a alguien que le dé por pensar.

 @jcbayle

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