Retazos

Durante este mes largo de destrucción de Gaza, en Facebook he ido publicando pequeños textos. Aquí copio algunos, en orden cronológico inverso, empezando en agosto y acabando en el inicio de la crisis. Muchos de ellos tienen en común que son un intento de desmontar el discurso mediático y político dominante. Otros son desahogos ante la acumulación de sinrazón o, dada la facilidad que dan las redes sociales, ideas a vuelapluma que después han acabado siendo un artículo en el diario o en el blog.

— “Pero los palestinos no son unos angelitos”, me dicen, y yo les digo a qué palestinos se refieren: ¿a los refugiados del 48, del 67, a los que tienen pasaporte israelí, a los blue ID!, a los de Gaza, a los de Cisjordania, a los refugiados en Líbano, Jordania, Siria, Irak, a los que viven en los países del golfo a los exiliados en Occidente y a sus hijos que jamás pisaron Palestina? No saben, claro, pero insisten: “Ya, pero es que os leo y os oigo y parece que los palestinos sean un dechado de virtudes, todo son elogios” Y es raro, porque lo que yo oigo es: 1) elogios a las grandes aportaciones del pueblo judío a la humanidad (curiosamente, nadie elogia a Averroes para denunciar lo Gaza); 2) grandes condenas al Holocausto y otras atrocidades antisemitas cometidas por europeos (nadie cita, no sé, las matanzas de árabes durante las cruzadas para denunciar Gaza); 3) críticas a lo que hace Israel en Gaza; 4) acusaciones a los palestinos de que odian más a Israel de lo que quieren a sus hijos; 5) exquisitas distinciones entre halcones y palomas; 6) elogios a la pluralidad (sic) democrática de Israel (nadie dice que Hamas ganó unas elecciones limpias). No, los palestinos no son angelitos. Son irrelevantes: nada de lo que puedan hacer tiene ninguna influencia en el devenir de la ocupación. Eso está en manos de Israel. Por eso, si de solucionar el llamado conflicto se trata, de quien hay que hablar es de Israel.

— Un punto fundamental en el proceso de deshumanización de los palestinos es tratarlos como estúpidos, gente incapaz de gobernarse y de elegir a líderes dignos de tal nombre (imagino, eso lo digo yo, que la larga lista de encarcelados y asesinados no cuenta). Son los palestinos esos idiotas que dijeron que no al plan de partición, y los que por unas tonterías (total, los refugiados, las fronteras y otras menudencias) dijeron no a Camp David. Son los palestinos esos descerebrados que dan apoyo a Hamas porque sí, por pura ignorancia o maldad, cuando podrían, no sé, elegir como líder a un Dahlan, ¿no? Son los que no pierden nunca la oportunidad de perder una oportunidad, los sangrientos y estúpidos y corruptos jefes tribales contra los que choca una y otra vez la sofisticación israelí. Ahí no hay generalización, sino matices: no todos los israelíes son iguales, hay israelíes más propalestinos que los palestinos (como si esto fuera de ser propalestino), están los halcones, están las palomas, están los hombres de paz. Los israelíes son eficaces, los palestinos son un desastre y así está el pobre Israel, sin partner para la paz. Gaza es un ejemplo, dicen: ¿por qué Hamas no acepta las condiciones del alto al fuego? ¿Quieren que Israel siga masacrando a su gente? Sólo la maldad (al parecer, nada satisface más a Hamas que Israel mate palestinos, y nada le duele más a Israel que matar a niños palestinos) o la estupidez puede llevar a seguir manteniendo un pulso en el cual el pobre Israel se ve obligado a arrasar la franja de Gaza. La gracia es que esto lo dice a veces gente que con la misma seguridad afirma que el último alto el fuego, el del 2012, fue el inicio de la cuenta atrás de esta masacre. Coherencia, se llama.

No aspiro a un debate con rigor en este tema; sí a uno libre de racismo. Parece que es imposible.

— Israel: más de 100 años buscando la paz a bombazos y sigue resistiéndose. Es pa’ matarla

— El filo-sionismo, como el nacionalismo, suele curarse viajando. Unos días en Gaza, otros en Tel-Aviv, un paseo por la Galilea, una estancia en Jerusalén (ambos lados) y varias visitas a Cisjordania. Viajes de verdad, claro, no turismo político con guía incluido. A Vargas Llosa, por ejemplo, le bastó con un par de semanas.

Por eso me resulta muy cansino hablar de lo de palestinos e israelíes con aquellos que basan sus contundentes afirmaciones no en la experiencia directa sino en apriorismos ideológicos y/o racistas, en creerse que lo que cuenta ‘Éxodo’ (libro y peli) es verdad, en identificar en los árabes el mismo odio e intolerancia que durante siglos (y aún perdura) los europeos han practicado contra los judíos, en dividir a los políticos israelíes en halcones y palomas, en haber leído mucho a Josep Pla y muy poco (o nada) a Amira Hass, Gideon Levy o Norman Finkelstein.

Normalmente nunca discuto, pues, de este asunto. Gracias a las redes sociales, y a muchos de vosotros (gracias, por cierto), mis posts en el blog y mis artículos en el diario han tenido más eco de lo habitual. También ha aumentado, por tanto, la gente que me busca en las redes para discutir, algunos educadamente, otros no tanto. Los primeros pueden ser enriquecedores. Estos últimos pueden ser desagradables.

No tengo espíritu pedagógico en este tema. No suele discutir sobre él, he roto esta norma unas cuantas veces desde lo de Gaza, y no volveré a hacerlo a menos, como decía en un post de mi blog, que el interlocutor sepa lo que fue, por decir algo, Abu Holy.

— Uno de los mejores momentos que nos depara la equidistancia de los equidistantes es cuando colocan al mismo nivel a Israel, considerada por la comunidad internacional como la única democracia de Oriente Próximo, con Hamas, considerado por la comunidad internacional como un grupo terrorista. ¡Eh!, dicen, ¡que Hamas también ataca a civiles! ¡Que Hamas también bombardea de forma indiscriminada! ¡Que Hamas también es condenada por la ONU! ¡Que Hamas también vulnera los derechos humanos! ¡Que Hamas tampoco respeta las leyes de la guerra! Esos también, esos tampoco, para defender a Israel, el Estado democrático, y atacar a Hamas, el grupo terrorista, lo dicen todo.

Porque, digo yo, lo que hace un grupo terrorista es todas estas cosas y más. Por eso Hamas es lo que es. Pero lo que hace un Estado democrático es no hacer todas esas cosas. Por eso Israel es lo que es.

Lo que no pueden decir, claro, es ¡Eh, que Hamas mata al mismo número de civiles y niños! Entonces lo que dicen es ¡Eh, que la culpa de que Israel mate a tantos civiles y niños es de Hamas!

— Dice Margallo: La situación de Gaza es un desastre humanitario sin precedentes. Como quien habla de un terremoto. No es un desastre natural

— Alguien llega a mi blog tecleando en Google esta pregunta: “antes de que Hamas existiera Israel mataba niños?”

La respuesta es sí.

— Atacar mercados de ciudades palestinas no es nuevo. Así contaba el gran corresponsal Juan Cierco un bombardeo con helicópteros Apache al mercado de Hebrón en pleno iftar en el 2001. Murieron dos niños, porque que mueran niños a causa de ataques del Ejército de Israel tampoco no es nuevo. Hay que tener memoria.

— Esperando a que alguien diga que si bombardean un hospital es porque así los heridos están más cerca de Urgencias. Si todo esto es por el propio bien de los palestinos, tontos, para sacaros de encima a Hamas.

— Adoro, por decir algo, la típica pregunta de sesudos analistas cuando las imágenes de la destrucción y las cifras de muertos abruman: ¿Ha ido Israel demasiado lejos?, se preguntan con cara circunspecta. Yo, en cambio, me pregunto, les pregunto: ¿Dónde es cerca? ¿500 civiles y 50 niños muertos? ¿800 y 80, tal vez? ¿Es a partir de 900 cuando ya es demasiado? ¿O 951 y 90,5 niños? Por supuesto, nadie se pregunta nunca: ¿Han ido los palestinos demasiado lejos? Ya se sabe que esos palestinos son los que nunca pierden la oportunidad de perder una oportunidad, como demuestran una vez más al rechazar la extensión del alto el fuego. Después, que no se quejen cuando Israel los planche. La culpa, como todos sabemos, siempre siempre siempre es de la víctima de Israel. Algo habrá hecho. En este caso, insensatos, no levantarse en armas contra Hamas, o qué sé yo. A quién se le ocurre irse a Gaza cuando los colegas del padre de Netanyahu los echaron de Jaffa, Ashkelon o Sderot.

— No hay ‘guerra’ en Gaza sin su 30% de niños muertos, su central eléctrica dañada y su escuela de la UNRWA bombardeada.

— A ver si lo entiendo: Tel-Aviv es un lugar perfectamente seguro bajo el fuego de los cohetes de Hamas que son más peligrosos que los misiles del IDF y que tienen bajo sitio a Israel pero se puede volar sin problemas a Ben Gurion.

— John Kerry, el valiente. On the record, Hamas mantiene bajo estado de sitio a Israel. Off the record, dice la verdad. Por la vergüenza los reconoceréis. Es la gracia de lo de Israel: todo el mundo, incluso los que buscan escudos humanos, saben lo que sucede.

— Sugerencia de enfoque para titular de mañana para los periodistas que buscan escudos humanos en Gaza: Un centenar más de palestinos han forzado a Israel a que los mate en Gaza para que los antisemitas puedan acusar a la única democracia de Oriente Próximo de crímenes de guerra

Es largo, pero se puede hacer entrar a bombazos.

De nada.

— Todos sabemos que tras lo de Gaza habrá miles y miles de palestinos que abominarán de la lucha armada, que estarán ansiosos de reconocer a Israel, que se afiliarán en masa en Al Fatah y abandonarán hasta forzar su desaparición a Hamas y al resto de movimientos que creen en la resistencia violenta, ¿verdad?

— Tres niños más. Esperando de nuevo a que nos digan que la culpa es de los padres, que los visten como terroristas.

— Hoy, Israel ha matado a cuatro niños en la plaza de Gaza. El 9 de junio del 2006, murieron en Beit Lahia a los siete miembros de la familia Ghali (padre, madre y cinco menores, entre ellos un bebé de año y medio) en el marco de una operación militar en la franja, que estaba siendo bombardeada por tierra, mar y aire. Hubo una “investigación oficial” del Ejército, que concluyó que el culpable de las muertes fue un explosivo de Hamas escondido bajo la arena. Entonces, los cohetes palestinos a duras penas llegaban a Sderot. En el fondo, siempre es lo mismo.

— Una bomba siempre cae dos veces en el mismo lugar si estamos hablando de Gaza y de Israel. En la operación israelí del 2012, 1/3 de las víctimas ya fueron niños, el mismo porcentaje, más o menos, que ahora. Obviamente, no hay casualidades.

— Como periodista, no estoy a favor de etiquetar el periodismo con adjetivos como comprometido. Con hacer bien tu trabajo, basta. La Vanguardia de hoy titula la crónica de Henrique Cymerman ‘Hamas utiliza como escudos a los habitantes de Gaza’. Dejando de lado muchas cosas que aparecen en esa crónica que en realidad no merecen comentario porque se definen por si mismas, sólo quiero apuntar: Primero, que el periodista firma la crónica desde Tel-Aviv, no está en Gaza, por lo tanto no es testigo directo del uso de civiles como escudos humanos. Segundo, que no cita ninguna fuente de testigos directos que indiquen que los civiles son usados como escudos humanos. Como mucho, un comunicado atribuido a Hamas que dice “Pedimos a los ciudadanos que no abandonen sus casas”. ¿De dónde salen el titular y la información? De ningún lado que pueda verse en la crónica. Es, por tanto, un gran ejemplo de una pésima praxis periodística.

— A ver si lo entiendo: los palestinos son culpables de las muertes de israelíes y de las muertes de palestinos a manos del Ejército israelí

— “Israel y Hamás intercambian cohetes en plena escalada militar”. En la hemeroteca queda, para que la historia los avergüence. Y lo hará.

— Lo de Gaza es una prueba (más) de quiebra moral. La de Israel, la de quien lo jalea, la de quien lo racionaliza, la de quien calla.

— Si se confirma lo del adolescente palestino de Shuafat, esperando la inminente destrucción de las casas de los colonos implicados y el ataque aéreo a las colonias y el arresto de los líderes espirituales, políticos y militares de los extremistas enemigos de la paz responsables, amén de todas las condenas internacionales y los llamamientos al liderazgo israelí de romper su coalición con lis extremistas, y, por supuesto, también espero las portadas, los titulares contundentes, los breaking news, los análisis y los portavoces palestinos a todas horas en pantalla.

Como decía Jorge Canario en un comentario a esta entrada, aún espero sentado.

@jcbayle

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