Obama y las guerras estúpidas

El 2 de octubre del 2002, el entonces senador de Estados Unidos Barack Obama pronunció un discurso en una manifestación antiguerra de Irak en Chicago, un discurso que, más o menos, lo llevó a la presidencia de Estados Unidos. En ese discurso, Obama dijo que él no se oponía a todas las guerras, tan sólo a las estúpidas, y que la de Irak –en la que aún no se había embarcado George Bush pero que ya asomaba en lontananza– era una guerra estúpida (“What I am opposed to is a dumb war“). Como ejemplo de guerra que valía la pena luchar, Obama citó, por supuesto, la segunda guerra mundial (su padre combatió a las órdenes de Patton en Europa), la guerra civil de Estados Unidos y la lucha contra Al Qaeda. En este sentido, su declaración de guerra al Estado Islámico podría considerarse coherente. Sigue leyendo

Entre Suiza y España

Los  billetes de 500 euros ondean a media asta. Este es una de las ocurrencias menos sangrantes que corren por internet a cuenta de la muerte del banquero español Emilio Botín. Si juzgamos lo que piensa España de su primer banquero a partir de lo que se lee en las redes sociales, la conclusión a la que llegaremos es que Botín apenas si podía pisar el país. En cambio, si analizamos su figura a partir de lo que se puede ver, escuchar y leer en los medios de comunicación la conclusión es radicalmente diferente: Botín fue un gran banquero, un gran empresario, un gran mecenas, un gran filántropo, un gran hombre. La distancia entre los argumentos del discurso mediático y los argumentos de la conversación que teóricamente es la destinataria de este discurso es abismal, mucho más que una simple brecha digital: son dos mundos opuestos, lo cual son pésimas noticias para todos. Para la sociedad, porque esos medios se supone que son los que la informan; para los medios, porque esa sociedad es a la que supuestamente sirven y con la que supuestamente deben conectar (y la que, en unos tiempos de modelos de negocio declinantes, cambiantes o por descubrir, los debe hace rentables). Sigue leyendo

Spider-Man en Hebrón

A los siete años, a un niño le puede gustar hablar de Spider-Man. O de Batman. O de Iron Man. O de los Vengadores, los de dibujos animados. A los siete años un niño se esfuerza en mejorar su caligrafía en el colegio, lee textos más complejos, se expresa mejor, pero sobre todo para él la escuela es un lugar donde jugar con otros niños. A los siete años a un niño le suele chiflar un balón, sigue imaginándose al volante de Rayo McQueen y Dusty, sin ser ‘Cars’, no está tan mal. A los siete años la vida de un niño la forman papá, mamá, los hermanos, las hermanas, los primos, las primas, las tías, los tíos, las abuelas, los abuelos, lapiceros, folios, rotuladores, celo, tijeras con la punta redondeada, cartulinas de colores, merienda de nocilla, coches de carreras, muñecos, dibujos animados, superhéroes, futbolistas, Messi, o Cristiano Ronaldo. A los siete años, un vaso de leche por la mañana, un vaso de leche por la noche, y entre medio la escuela. A los siete años la guerra es (o debería ser) una cosa que sale en la tele y los soldados, un juguete. Sigue leyendo

Mercado cautivo

La cita de un funcionario europeo, desde el anonimato, es buena y, por tanto, ha hecho fortuna en la prensa estos días: “It is outrageous that a country which has just demolished 25,000 houses is demanding that their construction industry benefit from rebuilding them at the expense of the international community. Talk about chutzpah writ large” La lástima es que a UE sólo dice estas cosas desde el anonimato. Su función en la tragedia palestina es merecedora en realidad de figurar en una farsa: el pagano al cual unos desprecian y los otros aún deben agasajar aunque lo hayan dejado ya por imposible, hartos de su inutilidad. El ciclo se ha dado ya tantas veces que daría risa si no fuera tan penoso: la UE paga la construcción, Israel destruye, la UE paga la reconstrucción, Israel vuelve destruir. Cuanto mayor es el problema de conciencia (como ahora en Gaza, esos 50 días de ominoso silencio), más dinero aportan los europeos. Que ahora se enfaden porque resulta que Israel quiere que sean sus empresas quienes reconstruyan Gaza es, como dice el periodista Jonathan Cook en su imprescindible blog, ridículo: esto siempre ha sido así. Se llama, como todo lo que sucede en la zona, ocupación y sus estructuras. Sigue leyendo

El retrato de Mohammed Abu Khdeir

La estación del tranvía en Shuafat (barrio y campo de refugiados en el noreste de Jerusalén) se encuentra a escasos metros de una mezquita, de cuya fachada principal pende un gran foto de Mohammed Abu Khdeir, el chaval de 14 años que el 2 de julio fue asesinado (fue quemado vivo por colonos) en venganza por el secuestro y asesinato de tres jóvenes colonos judíos en Cisjordania. Mohammed fue secuestrado mientras andaba por su barrio por un grupo de colonos que se han declarado locos para defenderse ante la justicia israelí. Como consecuencia de aquel secuestro, se desataron unos disturbios que acabaron con 1.500 palestinos detenidos, un tuerto por una bala de goma, un chaval de la misma familia de los Abu Khedir (extensísimo clan que domina medio Shuafat) apaleado por la policía (tenía pasaporte de Estados Unidos, de ahí que importara, relativamente, un poco) y varios periodistas heridos. Poco después empezó la destrucción de Gaza. Sigue leyendo