Entre Suiza y España

Los  billetes de 500 euros ondean a media asta. Este es una de las ocurrencias menos sangrantes que corren por internet a cuenta de la muerte del banquero español Emilio Botín. Si juzgamos lo que piensa España de su primer banquero a partir de lo que se lee en las redes sociales, la conclusión a la que llegaremos es que Botín apenas si podía pisar el país. En cambio, si analizamos su figura a partir de lo que se puede ver, escuchar y leer en los medios de comunicación la conclusión es radicalmente diferente: Botín fue un gran banquero, un gran empresario, un gran mecenas, un gran filántropo, un gran hombre. La distancia entre los argumentos del discurso mediático y los argumentos de la conversación que teóricamente es la destinataria de este discurso es abismal, mucho más que una simple brecha digital: son dos mundos opuestos, lo cual son pésimas noticias para todos. Para la sociedad, porque esos medios se supone que son los que la informan; para los medios, porque esa sociedad es a la que supuestamente sirven y con la que supuestamente deben conectar (y la que, en unos tiempos de modelos de negocio declinantes, cambiantes o por descubrir, los debe hace rentables).

En las redes (una descomunal plaza mayor, un gran bar, nada más, nada menos) Botín fue uno de los culpables (grandes culpables) de esta crisis que es una estafa que ha arrasado con las vidas de miles de personas; en los medios, Botín fue uno de los responsables de que la explosión de la burbuja inmobiliaria no tuviera efectos ¿aún? más graves. En las redes, Botín es tildado de defraudador fiscal, la peor forma posible de no querer a tu país; en los medios, Botín fue ante todo un hombre que amaba a España. En las redes, Botín fue el ‘primus inter pares’ de ese Gobierno en la sombra de poderes fácticos, económicos y financieros, del que el Gobierno de políticos es sólo una marioneta, una tapadera, una careta; en los medios, Botín es el ‘primus inter pares’ de un selecto grupo de grandes hombres que siempre están allí cuando su país lo necesita. En los medios, al hablar de Botín se habla de España; en los redes, todo el mundo cita a Suiza.

No es el primer tema en los últimos tiempos que evidencia la enorme brecha entre la opinión pública y los medios que la nutren. La abdicación de Juan Carlos I y la coronación de Felipe VI fue otro ejemplo clamoroso, pero ha habido más: la cobertura de las mareras ciudadanas contra los recortes, el 15-M, la percepción de la crisis. Quisiera aclarar que hablo de discurso mediático general, de la narrativa, como se dice ahora, con todo el riesgo que suponen las generalizaciones: ejemplos que desmienten lo que digo los hay, y muchos, en las hemerotecas en prensa escrita, radio y televisión, pero su existencia no creo que invalide la tesis principal. Que la prensa española haya informado mucho de los efectos de la crisis (una parte de la prensa, al menos) no quita que, por poner un ejemplo, la sociedad considere que la prensa española no ha informado lo suficiente de la estafa de las preferentes o que su dedo no ha señalado con la firmeza necesaria a los responsables.

A la hora de buscar razones de este abismo desde el bando de los ciudadanos se esgrime sobre todo que los poderes políticos y financieros han aprovechado la crisis para ‘comprarse’ los medios. Es cierto que cuando el periodismo tiene problemas de financiación su misma función y razón de ser están en peligro, a perro flaco todo son pulgas, ya lo dijo Hillary Clinton de China: uno no se enfada con su banquero . Pero no creo que sea la única razón. Creo que en los medios, como en el resto de la sociedad, el pensamiento único se impuso hace mucho tiempo. Que un medio no titulará en portada o abrirá un informativo diciendo que esta crisis es una estafa porque, si juegas en según qué ligas, decir eso es naíf, populista, demagogo, poco realista, poco posibilista, poco pragmático, poco racional. Y, en esas ligas, ser naíf es lo peor que te pueden decir. La brecha entre el periodismo y la ciudadanía no se debe sólo a la (mala) salud empresarial de los medios, sino a una decisión individual de muchos periodistas individuales y de sus jefes y de sus editores, que decidieron que el periodismo, y los medios, debían encaramarse a la torre de marfil como los otros tres poderes. Y, para permanecer en la torre de marfil, uno debe ver a su alrededor un insondable mar de grises.

Por eso, cuando los ciudadanos hablan de regeneración democrática, de acabar con el ‘establishment’, incluyen a los financieros, a los políticos y a los grandes medios de comunicación. En la dicotomía del ellos y nosotros, desde el punto de vista de los ciudadanos, los medios, y el periodismo, son ellos.

Y eso es una pésima noticia para todo el mundo.

@jcbayle

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2 pensamientos en “Entre Suiza y España

  1. Pingback: Entre Suiza y España

  2. Acabo de descubrir un blog genial, contiene un periodismo muy sincero, social y sobre todo actual. Admiro tu capacidad de plasmar ideas en ensayos, yo también me dediqué un tiempo a ello, por supuesto todavía más principiante por mi edad, pero seguiré practicando en ello.
    Si quieres echarle un vistazo a mis relatos breves, y si te apetece, bajar un poco a los más antiguos y leer ensayos, pásate por este link.
    http://sonadoresdelzulu.wordpress.com/
    Un saludo!

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