Obama y las guerras estúpidas

El 2 de octubre del 2002, el entonces senador de Estados Unidos Barack Obama pronunció un discurso en una manifestación antiguerra de Irak en Chicago, un discurso que, más o menos, lo llevó a la presidencia de Estados Unidos. En ese discurso, Obama dijo que él no se oponía a todas las guerras, tan sólo a las estúpidas, y que la de Irak –en la que aún no se había embarcado George Bush pero que ya asomaba en lontananza– era una guerra estúpida (“What I am opposed to is a dumb war“). Como ejemplo de guerra que valía la pena luchar, Obama citó, por supuesto, la segunda guerra mundial (su padre combatió a las órdenes de Patton en Europa), la guerra civil de Estados Unidos y la lucha contra Al Qaeda. En este sentido, su declaración de guerra al Estado Islámico podría considerarse coherente.

Porque en guerra es como está Estados Unidos, lo cual no debería sorprendernos: Estados Unidos está en guerra con alguien de manera ininterrumpida desde finales del siglo XIX. En Irak, está formalmente en guerra desde 1990, como mínimo, y eso si consideramos que la guerra Irán-Irak no fue una guerra en la que Estados Unidos participó pese a su financiación de los dos ejércitos, pese a su incitación a Saddam Hussein, pese a su Irán-Contra. ¿Por qué será que todo presidente de Estados Unidos desde George Bush padre (y hay incluso quien se remonta hasta Jimmy Carter) acaba guerreando en Irak…?

Por eso, porque lleva en guerra allí al menos desde 1990, el primer responsable de la aparición del Estado Islámico en Irak es Estados Unidos. ¿Cómo no va a serlo, si lleva casi veinticinco años injiriendo, malmetiendo, derrocando, bombardeando, matando, también muriendo, equivocándose, volviéndose a equivocar, equivocándose de nuevo y sin aprender nada? Bueno, una cosa sí ha hecho bien Washington en Irak: enriquecer a sus empresas.

Existe una tendencia, muy fastidiosa, a personalizar las políticas de los países en las personas que los dirigen. La penúltima guerra de Irak es la guerra de Bush. La otra es la de Bush padre. El Estados Unidos de Obama, el Estados Unidos de Bush, el Estados Unidos de Clinton. Obama llega a la presidencia, dice que quiere irse de Irak y de Afganistán y el resto del mundo va y le da el Nobel de la paz, como si de repente Estados Unidos no tuviera nada que ver con lo que sucedía en Irak, con lo que sucedía en Oriente Próximo. Presidente nuevo, vida nueva. Error, grave error, aunque el nuevo presidente fuera negro, diera unos discursos fantásticos y se hubiera cargado a esos fastidiosos neocones.

Cuando Obama llega al poder, se encuentra con un plan de retirada puesto en marcha por la administración Bush. Cuando Obama llega al poder, Estados Unidos se encuentra sumido en una profunda crisis económica y a la guerra de Irak Joseph E. Stiglitz la había bautizado como la guerra de los 3.000 millones de dólares. Cuando Obama llega al poder nadie en Estados Unidos quiere seguir en Irak y, ya puestos, en Afganistán. La estrategia de pactos con las tribus suníes (impulsada por el general Petraeus en la administración Bush) había reducido los niveles de violencia hasta el punto de que la propaganda republicana hablaba de derrota de Al Qaeda. Obama lo tenía fácil para hacer lo que le interesaba a Estados Unidos en ese momento: dar carpetazo a un problemón que ellos mismos habían empezado. Con el Gobierno títere del sectario Maliki (otra herencia de Bush que ha durado hasta antes de ayer) , Obama negoció una retirada que finalizó en el 2011. Sí, con acuerdos de seguridad, y entrenamiento de las fuerzas iraquíes y toda la parafernalia. Pero se llevó las tropas, si alguien debe morir, que sean iraquiés. Y el resto del mundo aplaudió, en un enternecedor ejercicio de hipocresía y de incoherencia: tras acusar a Bush (Estados Unidos) de destrozar Irak, el mundo  aplaudía que Obama (Estados Unidos) se fuera de rositas del país destrozado, dejando a un Estado ficticio, sectario y a todas luces incapaz de resistir una ráfaga  de viento razonablemente seria.

Del 2011 hasta ahora, Obama (Estados Unidos) ha ignorado Irak. Del 2011 hasta ahora, Obama (Estados Unidos) no ha querido oír, no ha querido ver, y en eso la administración Obama ha actuado como la administración Bush. Del 2011 hasta ahora, Obama (Estados Unidos) decía que Irak va bien, muchas gracias, exactamente igual que la administración Bush. Del 2011 hasta ahora, cuando la prensa informaba (poco) de que Irak se iba al garete, Obama (Estados Unidos) decía que no era verdad, exactamente igual que la administración Bush. Del 2011 hasta ahora, cuando los datos hablaban de la descomposición del Estado iraquí, del aumento de la violencia, de la ineptitud, la corrupción y el sectarismo siderales del Gobierno de Maliki, Obama (Estados Unidos) lo negaba, exactamente igual que la administración Bush. Hasta que cayó Mosul, Irak iba miel sobre hojuelas, decía Obama. Igual que Bush.

Mientras, en Siria, el Estado Islámico dinamitaba la guerra civil. Hace un año, parecía que sí. que Estados Unidos iba por fin a  a hacer algo con esa barbaridad que es Siria. Pero no, al final Obama decidió que defender sus intereses allí (sus objetivos geoestratégicos, la relación con Rusia, no gastar dinero, no enviar soldados a otro país árabe,  preservar los intereses de Israel, los de Arabia Saudí, debilitar Irán, destruir Hizbulá, evitar un nuevo Afganistán y otro Irak, frenar las ansias políticas de Turquía, controlar con la mirada a Qatar, impedir que Netanyahu la líe en Teherán…) no pasaba por defender a los civiles sirios. Un año después, Bachar al Asad se erige como uno de los indispensables socios a la sombra de esta guerra contra el Estado Islámico. El otro, pese a tanto desgarro de vestiduras, es Irán, convirtiendo este todos contra todos que es Oriente Próximo casi en un vodevil en el que Al Qaeda acabará siendo una organización moderada, unos blandengues, vamos.

Y ahora Obama declara formalmente la guerra al Estado Islámico. No es una guerra como la de Bush, nos dicen, porque no será unilateral, sino que será una gran coalición; tendrá paraguas legal; no hay un ‘casus belli’ falso, sino que el Estado Islámico es el mal puro (¡ah, esos días en que el partido Baaz era el partido Nazi redivivo!). Y, claro, después de ver las atrocidades que comete el Estado Islámico contra occidentales secuestrados y, sobre todo, contra árabes de todo credo y condición cuesta decirle que no al Nobel de la Paz. Sí, combatir las atrocidades del Estado Islámico probablemente se acerca mucho a la definición de guerra justa. Parafraseando el discurso de Obama en Chicago, sí, probablemente no sea una guerra estúpida. El problema es que nos toma por estúpidos a los demás.

Porque para combatir de verdad al Estado Islámico no bastan los ataques aéreos ni armar a los pershmergas, sino soldados preparados para una guerra de guerrillas larga y costosa, justamente la misma que Estados Unidos (el de Bush y, por tanto, el de Omaba) no ganó (y por tanto, perdió) en Irak. Porque para combatir al Estado Islámico, y por extensión al islamismo radical, no hay una solución únicamente militar. Porque al Estado Islámico, y al islamismo radical se le combate en Siria, en Irak, pero sobre todo en Qatar y en Arabia Saudí. Porque el Estado Islámico en realidad es esa fascinación que los que saben dicen que despierta entre los jóvenes musulmanes residentes en Europa y sin duda en muchos en los países árabes, es decir, es una idea contra la cual nos escandalizamos, nos lamentamos y nos preocupamos pero nunca nos preguntamos por qué surge y por qué se extiende. Por eso el Estado Islámico estaría tan contento de ver de nuevo a soldados de Estados Unidos en Irak, porque si ellos son resultado de esta guerra que dura ya más de veinte años, que Irak vuelva a incendiarse es lo mejor que les puede suceder para engordar sus filas, allí y aquí. Obama, y por tanto Estados Unidos, nos siguen tomando por estúpidos porque aún se niegan a aceptar que combaten contra una idea que ellos han creado.

El problema es que adoptar medidas no militares que combata esta idea va en contra de los intereses económicos y geoestratégicos de Estados Unidos (de Obama, de Bush, de cualquier presidente) en la zona, empezando por el petróleo y acabando por la “inquebrantable amistad con Israel”, pasando por cuantas alianzas con tiranos fundamentalistas que se bañan en petróleo sea menester tejer.

Lo que nos enseñan estas dos décadas de guerra ininterrumpida en Irak es que a Estados Unidos en realidad le conviene más la guerra, estúpida, justa, lo que sea, que la paz y por supuesto que la justicia. Al Estado Islámico, también, así que todos (ellos) contentos.

@jcbayle

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4 pensamientos en “Obama y las guerras estúpidas

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