Jerusalén y las cerillas

Jerusalén, la ciudad con miles de cerillas encendidas en medio de un lago de gasolina. Jerusalén, la ciudad que, más que tres veces santa, es tres veces maldita. Jerusalén no es la ciudad que mejor muestra la realidad de la ocupación israelí de los territorios palestinos, ese triste papel corresponde a Hebrón, pero sí es el lugar donde se concentran, como en un vértice de una película de serie Z de ciencia ficción, las corrientes políticas, religiosas, demográficas, geográficas, burocráticas e históricas del conflicto. Jerusalén, la ciudad que te miente sin compasión, la ciudad que no es Occidente aunque en ocasiones lo parezca, la ciudad que ya no es totalmente de Oriente aunque a uno y otro lado de la Línea Verde se esfuercen en ello, la ciudad que se ríe de ti, te enseña un tranvía y te dice que es símbolo de tolerancia y cientos de bienintencionados (o no) no sólo se lo creen, sino que van y hasta lo escriben. Sigue leyendo

Israel y el exilio identitario

Dos extraordinarios artículos han coincidido con pocos días de diferencia en la prensa: ‘I wish to resign and cease considering myself a Jew’, del historiador Shlomo Sand (en realidad, un fragmento de su nuevo libro, ‘How I Stopped Being a Jew’), y ‘Becoming post-Israeli: Why I immigrated to Berlin’, del periodista e investigador Na’aman Hirschfeld. Ambos textos, espléndidos reflejos de la realidad del Israel de hoy, no de la falaz propaganda que emerge del discurso mayoritario, reflexionan precisamente sobre el discurso social mayoritario en el Estado Hebreo y el concepto de identidad en Israel, en el que se mezclan el judaísmo, el sionismo y la nacionalidad israelí. Ambos textos, cuya lectura íntegra recomiendo, son un ejemplo de la presión que soporta el disidente en la sociedad israelí y de lo complicado y desgarrador que es el exilio no ya el político (que también), sino, como en este caso, el identitario. Sigue leyendo

Ammunition Hill y Silwan

Ammunition Hill –la parada del tranvía de Jerusalén en la que el miércoles un palestino arrolló a los pasajeros de un convoy con su coche, en un atentado que acabó con la vida de una niña de tres meses y con la del propio atacante, abatido por la policía– es un intercambiador de transporte público: tranvía, autobús, taxi y un gran aparcamiento. Se alza en un lugar cercano a donde hubo una feroz batalla entre tropas jordanas e israelíes en la Guerra de los Seis Días y muy cerca de una gran comisaría en Jerusalén Este. De ahí que entre los centenares de personas que la transitan a diario haya siempre muchos uniformados de la miríada de fuerzas de seguridad israelíes, desde la policía a la Policía de Fronteras, pasando por jóvenes que cumplen el servicio militar en el Ejército. Sigue leyendo

¿Para qué va a hablar un palestino sobre Gaza?

Foreign Affairs acaba de publicar un libro electrónico, ‘Clueless in Gaza’, que publicita así: The recent reconciliation deal between rival Palestinian factions Fatah and Hamas opens a new chapter in the continually-evolving struggle between Israel and Palestine.

Para escribir sobre Gaza, ha reclutado a: “Two-time U.S. Ambassador to Israel Martin Indyk, Brookings Institution Senior Fellow Daniel Byman, former Deputy Assistant Secretary of State for Near Eastern Affairs and now CFR Senior Fellow Robert Danin, former Israel Defense Forces Brigadier General Michael Herzog, Washington Post Correspondent Yuval Elizur, and Mark Perry, former advisor to the late Palestinian leader Yasser Arafat”.

El único palestino que sale listado como autor en el índice es Khalil Shikaki, director del Palestinian Center for Policy and Survey Research. Si hay más, no aparecen en el listado del índice con el que promocionan la publicación.

Es decir: para hablar de Gaza, las fuentes de autoridad intelectual no son palestinas. ¿Para qué, debe de haber pensado Foreign Affairs, va a hablar o escribir de Gaza un palestino?

En este post del blog lo hablamos una vez: “Es esta una postura muy habitual: la ‘auctoritas’ del conflicto recae, a ojos de Occidente, en los israelíes. Nadie puede ser más “lúcidamente crítico” con la ocupación israelí que un… israelí; nadie sabe mejor que un israelí cómo piensa un palestino, o cómo sufre la ocupación; o cómo ama, o cómo odia, o cómo vive. Ningún cineasta mejor que un israelí para mostrar en la gran pantalla la vida diaria en los territorios ocupados; ningún escritor, mejor que un israelí, para explicar cómo vivían los árabes bajo el Mandato británico. ¿Hay que hablar de la gestión del agua en los territorios? Expertos israelíes. ¿Del fenómeno de los suicidas en la intifada? Expertos en seguridad israelíes. ¿De las luchas internas palestinas? Analistas israelíes. ¿De la vulneración de los derechos humanos en los territorios? ONG israelíes. ¿Del papel de la mujer en la lucha contra la ocupación? Feministas israelíes. ¿Del hummus y el babaganush? Cocineros israelíes.”

@jcbayle

¿Y las condenas de los musulmanes al Estado Islámico?

A vuelapluma: leo textos que exigen a los musulmanes del mundo mundial que condenen con toda firmeza al Estado Islámico. Por supuesto, estoy de acuerdo en todo lo que sea condenar el horror del Estado Islámico. Ahora bien, la exigencia suele presuponer que todo musulmán que no condena el Estado islámico les apoya, es incluso su cómplice,si no material sí afectivo, ideológico, religioso. Lo cual, aplicando el silogismo, nos llevaría a decir, por ejemplo, que todo europeo que no se ha manifestado con toda firmeza en contra de las políticas migratorias que asesinan a miles de muerto (en vida) de hambre (que es lo que son) en el Mediterráneo es cómplice de estas muertes; que todo estadounidense que no se ha manifestado con toda firmeza en contra de las muertes de civiles en bombardeos de drones es cómplice de estas muertes; que todo occidental que día sí día también no se manifiesta con toda firmeza en contra del expolio genocida de los recursos africanos es cómplice de ese expolio; que todo cristiano que no se manifiesta con toda firmeza día sí día también ante el Vaticano es cómplice de lo que han hecho centenares de curas pederastas y de su impunidad. Curiosamente, es la misma lógica que aplica el Estado Islámico cuando dice que no diferencia a la hora de atacar a militares o a civiles occidentales porque ambos son ciudadanos del mismo Gobierno, del mismo país. Condenas igual no se oyen, pero son musulmanes los que combaten cuerpo a cuerpo contra ellos en Siria e Irak. Son musulmanes los que mayoritariamente mueren a manos del horror del Estado Islámico. Occidente bombardea desde el aire, por no hablar del papel occidental en la creación no ya de este Estado Islámico, sino en la expansión sin pausa del fundamentalismo islámico desde hace décadas, con las guerras, los experimentos de la CIA con gaseosa, el expolio de recursos naturales, los pactos con el wahabismo de Arabia saudí, etcétera, etcétera, etcétera.