Espiral de violencias

Que la vida de un israelí no vale lo mismo que la de un palestino es una dinámica harto conocida en el llamado conflicto palestino-israelí, sobre la cual, por su obviedad, no es necesario extenderse demasiado. De creer al discurso oficial y mayoritario en medios periodísticos y políticos, israelíes y palestinos se encuentran enzarzados de nuevo en una de sus periódicas espirales de violencia, esta vez, nos alertan, teñida de enfrentamiento religioso: se pelean por la Explanada de las Mezquitas (así, en plural, los dos a la vez, con idéntico derecho e idénticas agresiones) y las sinagogas son atacadas (así, en plural, también). Como es habitual, la espiral de violencia sólo se decreta estallada en el discurso político y mediático mayoritario cuando hay víctimas  israelíes. Estas espirales son arrebatos sin causas y con terribles consecuencias para el proceso de paz. La realidad, claro, es otra: la espiral de violencia no es más que la punta del iceberg de las distintas espirales de diferentes violencias a las que a diario la ocupación (y los ocupantes) someten a los ocupados. Sigue leyendo

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Del Baaz al Estado Islámico

Texto preparado para una conferencia pronunciada el 14 de noviembre en Málaga invitado por Al Quds Andalucía, Asociación de Solidaridad con los Pueblos del Mundo Árabe.

La novela ‘Expediente Bagdad’, que he co-escrito con Eugenio García Gascón, decano de los periodistas españoles en Jerusalén, está dividida por días. Empezamos la trama el 3 de abril del 2003, el día en que las tropas estadounidenses, en su subida desde el sur, llegaron al aeropuerto de Bagdad, dando inicio así al asalto final de la ciudad. Y la acabamos el 9 de abril, cuando en una imagen que seguro que muchos recordáis decenas de iraquíes (muchos menos de lo que los planos cortos televisivos daban que pensar) derribaron una estatua de Saddam Hussein con la ayuda de un tanque estadounidense, en lo que por sí mismo ya era una buena metáfora de lo que estaba por suceder. Así que, igual que hicimos en la novela, si me permitís, voy a intentar apoyarme en fechas para explicar cuatro brochazos de los que está sucediendo ahora en Irak y en la vecina Siria y, en general, en Oriente Próximo. Sigue leyendo

Arafat: el hacedor de un pueblo

Ahora que se cumplen diez años de la muerte de Yasir Arafat, recupero el perfil de Abu Amar que publiqué en el El Periódico hace ahora diez años, el 12 de noviembre de 2004, escrito en Ramala mientras el único verdadero ‘rais’ que han conocido los palestinos agonizaba en París.

Si hubiera que elegir sólo una de las centenares de imágenes que Yasir Arafat ha deparado en sus 75 años de vida, tal vez sería la del 13 de noviembre de 1974. Ese día Arafat dijo a la Asamblea General de la ONU: “Traigo una rama de olivo y la pistola de un luchador por la libertad. No dejen que la rama se caiga de mi mano”. Terrorista o Nobel de la Paz. Esta dicotomía marca la vida de Arafat, el hacedor de un pueblo, el hombre que creó una causa, la palestina, por la que vivió, luchó, mató y murió. Mohamed Abdel Ramán Abdel Rauf Arafat al Qudua al Huseini primero se construyó como palestino antes de inventar al pueblo palestino. Nacido en El Cairo en 1929 de madre palestina y padre egipcio de Gaza, Arafat siempre defendió hasta el sonrojo que nació en Jerusalén. Una ficción –desmentida sobradamente por sus biógrafos– que daba un toque de palestinidad a alguien que siempre tuvo claro que los palestinos no debían ser un peón de las tortuosas estrategias de los países árabes. De ahí esa kufiya que caía sobre su espalda simulando el mapa de Palestina y que en los últimos años ocultaba su alopecia. Y de ahí su nombre de guerra, Abú Amar, el de un guerrero del profeta Mahoma. Sigue leyendo

Entre la Religión y la religión

En la tercera planta del centro Notre Dame de Jerusalén se puede visitar ‘Vidas comprometidas: Presencia religiosa de España en Tierra Santa’, una exposición de excelentes retratos del fotógrafo Mikel Marín y textos de la periodista Anna Garcia que recoge la vida de 35 religiosos españoles en la zona. La muestra narra la vida de religiosos como Pedro Tomé, franciscano nacido en Santa Inés (Burgos) en 1925, que llegó a Oriente Próximo en 1951 y que ha vivido en Jaffa, El Cairo, Estambul, Belén, Tiberíades, Nazaret y, por supuesto, Jerusalén, el gran parque temático mundial de la fe. Sigue leyendo