Jugar a cambiar palabras

Vamos a jugar a cambiar unas cuantas palabras, unas pocas:

“Un hombre de origen árabe ha estrellado esta mañana un coche supuestamente con explosivos contra la sede del Partido Popular en Madrid. El conductor, que ya ha sido detenido, llevaba en el vehículo, un Citroën Xantia con matrícula de Guadalajara 9650 G, dos bombonas de gas y dos sacos de abono industrial. La policía ha acordonado la zona y los agentes de los Tedax se han desplazado a la calle Génova para investigar lo sucedido. El detenido, que se ha definido como un profundo creyente en el islam, ha declarado que su intención era “atentar contra toda la clase política occidental, porque todos los políticos occidentales son iguales”, según fuentes policiales. Y ha añadido que lo mismo que ha atacado la sede del PP “habría atentado contra la del PSOE”. Según fuentes del grupo de explosivos de la policía, a juzgar por cómo estaba armado el artefacto, este difícilmente podría haber explotado”.

Se echa de menos una palabra en esta crónica: terrorista, por supuesto. La podríamos haber puesto al principio, “Un terrorista de origen musulmán ha estrellado esta mañana un coche…” o más adelante, “El terrorista, que se ha definido como un profundo creyente en el islam, ha declarado que…” Sin duda, la habríamos puesto en el título: “Un terrorista (o un terrorista islámico, o un islamista) estrella un coche en la sede del PP con dos bombonas de gas”. Esto es lo que hubiera sucedido casi con toda seguridad si quien hubiese estrellado el coche en la calle Génova de Madrid hubiera sido un musulmán. Pero no, no era musulmán, era un hombre de Teruel que culpa al PP y sus políticas de la trágica situación económica en la que se encuentra (oh, sí, podríamos escribir: “era un hombre de Rabat que culpa al PP y sus políticas de la trágica situación económica en la que se encuentra”). A este señor de Teruel no se le ha llamado terrorista en los medios españoles. Es más, se ha destacado que tenía problemas de salud mental, que era esquizofrénico (ante la indignación de las asociaciones de enfermos mentales), lo cual me ha llevado a preguntarme si no habrá habido nunca un musulmán con problemas mentales que haya cometido actos de violencia. No lo recuerdo, la verdad, el titular “Un hombre musulmán con problemas de salud mental comete un acto de violencia en nombre del islam”. Igual no lo he leído ni lo he escuchado porque nunca ha pasado, los musulmanes a lo mejor no sufren enfermedades mentales, no hay que ser malpensados. No sé, el secuestrador y asesino de Sidney (un caso único de chií en las filas del Estado Islámico) no tenía mucho aspecto de ser una persona sana desde el punto de vista de la salud mental, la verdad.

Jugar a cambiar palabras es un juego muy divertido, yo suelo hacerlo, no sé, “Un militar israelí mata a un ministro palestino”, “Un miliciano palestino mata a un ministro israelí”; “Un policía blanco mata de un tiro en la cabeza a un joven negro en Estados Unidos”, “Un joven negro mata de un tiro en la cabeza a un policía blanco en Estados Unidos”; “Mafiosos mexicanos ejecutan y queman los cadáveres de 40 estudiantes”; “Terroristas del Estado Islámico ejecutan y queman los cadáveres de 40 estudiantes”; “Los terroristas del Estado Islámico torturaban y simulaban ejecuciones de sus prisioneros”, “Agentes de la CIA torturaban y simulaban ejecuciones de sus prisioneros”…  Los hechos son los mismos, pero cuando cambian las palabras se modifican también la repercusión mediática y política, la trascendencia y la estigmatización de comunidades enteras. Estigmatización que sólo hace que empujar y expulsar a muchos miembros de estas comunidades.

Un último juego de cambio de palabras:

“Esta ley tiene como objetivo definir la identidad del Estado de Palestina como el Estado Nación de la nación musulmana. Palestina es el hogar histórico del pueblo musulmán, y el lugar de establecimiento del Estado musulmán. El Estado de Palestina es el hogar nacional del pueblo musulmán en el cual el pueblo musulmán lleva a cabo su derecho a la auto-determinación de acuerdo con su herencia cultural e histórica. El derecho a llevar a cabo la auto-determinación en el Estado de Palestino es exclusivo del pueblo musulmán. La ley musulmana (sharia) servirá como fuente de inspiración para el Parlamento.”

Este texto no existe. En cambio, si cambiamos Palestina por Israel y musulmán por judío, lo que tenemos es  la propuesta de de ley de Estado judío aprobada por el Gobierno de Binyamin Netanyahu.

Llevado a la esencia, muchas veces la mirada a este mundo se limita a una dicotomía: o tienes más o menos un doble rasero, o tienes más o menos principios.

@jcbayle

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3 pensamientos en “Jugar a cambiar palabras

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