Esperando a Voltaire

“Me dices: invadieron nuestros países, los ocuparon, nos humillaron. La primera pregunta que se me ocurre es: ¿por qué no conseguimos impedírselo? (…) Porque somos débiles, me dirás, porque estamos divididos y mal organizados y mal equipados. Y ¿por qué somos débiles? ¿Por qué somos incapaces de fabricar unas armas tan poderosas como las de Occidente? ¿Por qué esa deficiencia de nuestras industrias? ¿Por qué ocurrió la revolución industrial en Europa y no aquí? ¿Por qué nos quedamos en el subdesarrollo, la vulnerabilidad y la dependencia? Podríamos seguir repitiendo sin cesar: la culpa es de los demás, la culpa es de los demás. Pero al final no nos quedará más remedio que mirar de frente nuestras carencias, nuestros propios defectos, nuestras propias invalideces. No nos quedará más remedio que mirar de frente nuestra propia derrota, la gigantesca y clamorosa debacle histórica de esta civilización, de nuestra civilización”

Amin Maalouf, Los Desorientados.

El islam, se dice con toda autoridad, tiene que hacer su Revolución Francesa. Necesita su Ilustración. Debe aprender a convivir con las normas básicas del mundo moderno, con las reglas de la convivencia democrática, debe hacerse a la idea de que no puede formar parte del Estado, que debe separarse de él, la política por un lado, la religión por otro, como hizo el cristianismo en Europa desde que los discípulos de Voltaire, Diderot y compañía tomaron la Bastilla. Lo dicen así, el islam, como si fuera una religión (y no un país, una sociedad, una comunidad) la que experimenta una Ilustración, como si (cogiendo el ejemplo europeo), un día un Papa se hubiera levantado y hubiese dicho: vamos a separarnos del poder, vamos a separar Estado y religión. Como si hubiera salido del cristianismo hacerlo. Como si una religión pudiera ser ilustrada, como si en riguroso orden intelectual después de Voltaire viniera Rouco Varela.

No, una religión no puede ser ilustrada, claro, es un oxímoron. En cambio, una religión puede y debe adaptarse a las normas que los ciudadanos de un Estado han decidido establecer, y eso es lo que ha hecho Occidente con la religión cristiana mayoritaria desde la Ilustración hasta ahora, con mucho esfuerzo, con altibajos, con frenazos y acelerones y con resultados desiguales según qué parte del mapa se mire. En este sentido, en las sociedades occidentales, en las sociedades europeas, es imperativo exigir a los ciudadanos que profesan la fe musulmana que acepten las mismas normas que los que profesan otras creencias o ninguna. Es una idea por la que merece la pena luchar ante imanes y obispos. Ojo, los mismos deberes y los mismos derechos para todos. Por eso, independientemente de lo que se pueda opinar sobre las caricaturas de ‘Charlie Hebdo’, ante la duda y el conflicto, el Código Penal y los jueces y la ley. Ahí es donde el Estado debe tratar por igual a todos los ciudadanos, recen a Jesús o a Mahoma. La pregunta, claro, es si realmente los Estados europeos tratan igual a sus ciudadanos musulmanes que a sus ciudadanos cristianos. Yo creo que no, el doble rasero no es sólo cosa de la política internacional.

El islam, decíamos que dicen, tiene que hacer su Revolución Francesa. Necesita su Ilustración, como si existiera tal cosa, el islam, como sujeto político colectivo; lo que existen son personas que profesan el islam y países en los que el islam es mayoritario. En todo caso, son estos países los que deberían hacer esa Revolución Francesa, los que necesitan un Voltaire y un Diderot. De hecho, algunos de estos países (Siria, Irak) tuvieron algo parecido: el partido Baaz. Antes de que Occidente convirtiera al partido Baaz casi en la reencarnación del nazismo, los enemigos mortales de los baazistas eran los islamistas. El ideario baazista contemplaba extirpar la influencia de la religión en la sociedad y educar a la población en principios de ciudadanía basados en el nacionalismo árabe, profundamente enraizado en la lucha contra el colonialismo. La guerra interna del Baaz fue contra los islamistas; la externa, con Occidente. ¿No queremos en Occidente una Ilustración en los países musulmanes? Ahí tuvimos una oportunidad. La pena fue que, además de ser ilustrados, esa gente del Baaz se empeñó en nacionalizar los pozos de petróleo. La pena fue que, además de ser ilustrados, esa gente del Baaz decidió que sólo una brutal represión contra su propio pueblo los mantendría en el poder ante el desafío islamista interno y el boicot internacional. La pena fue que, por poner sólo el ejemplo de Irak, este país lleva en guerra ininterrumpida con EEUU desde la primera guerra del golfo. Cambian los presidentes (Bush, Clinton, Bush, Obama), los enemigos y los ‘casus belli’, lo que no cambia es EEUU haciendo la guerra en Mesopotamia. ¡Así cualquiera se vuelve ilustrado!

Es que ese es el pequeño problema de la Ilustración: que quienes podrían impulsarla tal vez no jugarían con los precios del petróleo para arruinar a Rusia, como está haciendo ahora la oligarquía de Arabia Saudí, uno de los dos socios preferentes de EEUU en Oriente Próximo. Los ilustrados, mecachis, igual tendrían ideas propias respecto no sólo el papel de la religión en el Estado, sino sobre el control de sus propios recursos naturales, la geoestrategia y las alianzas internacionales. Los ilustrados de Bagdad y Damasco, que aún los hay, se sientan a cenar con sus hijos barbudos y no saben qué decir cuando estos les hacen la lista de todos los agravios que a sus ojos fanáticos justifican la yihad internacional. Porque esos ilustrados no quieren hacer la yihad, pero no pueden rebatir esos agravios que cita su hijo. Atrapados entre Occidente y los islamistas, sólo les queda el exilio interior o exterior, como a los Desorientados de Maalouf.

Sin remontarnos a los efectos de la colonización y la descolonización, durante décadas las políticas de Occidente en los países árabes y musulmanes han logrado aislar y convertir en irrelevantes a los sectores de la población que podrían haber impulsado esa Ilustración que decimos que tanto deseamos. Durante décadas, los tiranos apoyados o tolerados por Occidente sólo dejaron un ámbito en el que hacer política: las mezquitas. Durante años, Occidente ha jugado un peligroso doble juego con los fanáticos islamistas, ya fuera en Gaza o en Afganistán, ya fuera para debilitar a Sadam Husein o para desestabilizar Siria. Durante años, Occidente ha establecido una política de doble moral e hipocresía en Oriente Medio que desautoriza a cualquiera que intente salir de la dicotomía del ellos y nosotros e introducirse en los grises. Durante años Occidente dice que combate el islamismo mientras los príncipes saudíes son recibidos por todos los honores de Washington a Marbella. En la tierra quemada que son ahora las sociedades árabes, no es que no haya espacio para una Ilustración; es que la única idea que sobrevive es la barbarie fundamentalista. Si hoy surgiera un Voltaire en Siria o Irak, probablemente moriría o en un bombardeo de EEUU o degollado por el Estado Islámico; en el Kurdistán, estaría combatiendo a los islamistas; en Arabia Saudí sería azotado en público ante la indiferencia internacional; en Irán optaría por el exilio tras pisar la cárcel; en Palestina estaría en una cárcel israelí, y en Egipto, en una prisión militar; en el Líbano habría tirado la toalla; en Marruecos estaría pidiendo la nacionalidad francesa; en Turquía, combatiendo a su propia versión de la casta. Y en Occidente, sería visto con recelo por unos por ser musulmán y por otros, por apoyar la publicación de una caricatura de Mahoma con una bomba en un turbante.

La Ilustración no es un proceso religioso, sino político. Por tanto, para entender por qué las sociedades y comunidades musulmanas no han hecho su Revolución Francesa, hay que fijarse en las causas políticas. No basta con decir que estamos esperando a un Voltaire; hay que crear las condiciones para que aparezca. Y sí, que aparezca o no un Voltaire depende en última instancia de esas sociedades y comunidades musulmanas, y que no haya aparecido es responsabilidad en última instancia de esas sociedades. El pecado de Occidente, creo, es que en realidad no quiere esa Ilustración que tras tragedias como la de ‘Charlie Hebdo’ tantos demandan.

@jcbayle

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11 pensamientos en “Esperando a Voltaire

  1. El problema de base es que Islam, supone lo que separo hace años, pues poder Politico y religioso deben estar en manos de un Jalifa. El Panarabismo esta muy bonito, pero no ha sido mas que el truco de los masones y sionistas para destruir el mundo arabe, y cuando no pueden enviar militares o financian guerras o primaveras. Justo cuando penetro en el Islam, la destrucción de esto a través de los cristianos masones, perritos falderos de los nuevos amos sionistas, entonces, comenzó el verdadero declive. A mi en lo particular me da risa, el conecto “democracia” o “ilustración” que no han dado mas que una sociedad decadente, una masa atontada, que se come y se cree lo que haga falta, sin mas valores, que el triunfar o morir. Ciertamente demasiados prejuicios contra las religiones, y siempre poniendo el dedo en ellas. Ni que la religion del dinero o de la libertad no hubiera dejado ya bastante muertos.

  2. La història s’escriu dia a dia, i obviar la colonització i la descolonització és faltar a la veritat. La responsabilitat d’Occident en la manca d’una il·lustració en els països àrabs és molt molt més gran. Si no, recordem que va passar a Algèria. Occident exporta sempre el model de democràcia que convé a les seves multinacionals. I es preocupa per capar els intents revolucionaris que poden perjudicar els seus interessos.

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