El profeta como excusa

El mismo día en que ‘Charlie Hebdo’ agota millones de ejemplares con una nueva caricatura de Mahoma, en algunos países árabes y musulmanes se producen detenciones de periodistas por reproducir la portada de la revista, y algunos clérigos y regímenes (Irán, Marruecos) protestan por este nuevo “desafío”, dicen, al islam. Estas reacciones, en Occidente, son consideradas pruebas fehacientes de que con el islam no hay nada que hacer que, como dice el primer ministro francés, Manuel Valls, Occidente está en guerra con una parte del islam.

El 6 de febrero del 2006 publiqué una pieza en El Periódico titulada ‘El profeta como excusa’. Estábamos en plena tormenta de la primera crisis de las carticatura de Mahoma, y el día anterior una turba había asaltado el consultado danés en Beirut. Releído ahora, el texto es, por un lado, vigente y, por el otro, un poco agorero.

El profeta como excusa

Los regímenes árabes totalitarios agitan las protestas contra Europa a cuenta de la publicación de las caricaturas de Mahoma

Manifestaciones violentas en Siria, el Líbano y en Gaza y Cisjordania. Amenazas de secuestros. Boicots comerciales en la mayoría de países árabes y musulmanes. Irán amenaza con congelar los acuerdos comerciales, lo que inevitablemente lleva a pensar en el petróleo, ese oscuro objeto de deseo. Todas estas reacciones no las ha causado la guerra de Irak ni la ocupación israelí de los territorios palestinos, sino unas caricaturas del profeta Mahoma publicadas por un pequeño diario danés. Árabes y musulmanes han ofrecido estos días una espectacular demostración de coordinación, rapidez y determinación para trabajar por un mismo objetivo. La Liga Árabe, ese templo de la desunión y el caos, es probable que logre llevar el caso de las caricaturas a la ONU gracias a una campaña internacional de una eficacia inusitada. Tal unanimidad no es gratuita. Nada se mueve en Siria, y mucho menos miles de manifestantes, sin que lo sepan y lo permitan los servicios secretos. En Jordania la prensa lleva tiempo intentando, tímidamente, hacerse valer. Dos redactores jefe de dos publicaciones fueron detenidos este fin de semana por haber publicado las caricaturas. El mensaje para el resto es diáfano.

Parece mentira en Occidente, pero lo cierto es que las manifestaciones violentas contra las viñetas en Oriente Próximo han sido minoritarias. Los secuestros y asaltos en la franja de Gaza o en Nablús los han protagonizado decenas de encapuchados de las Brigadas de Mártires de Al Aqsa que llevan meses creando el caos en las calles. Nada que ver, por ejemplo, con las multitudes que Hamas ha reunido durante la Intifada en los funerales de sus líderes asesinados por Israel. La multitud que ayer incendió el consulado de Beirut es muy inferior a las manifestaciones en protesta por el asesinato del exprimer ministro Rafic Hariri y contra la ocupación siria de la primavera de Beirut. Esto no quiere decir que las viñetas no hayan ofendido, pero una vez más, unos pocos radicales ahogan las voces más moderadas y mayoritarias, con el beneplácito de unos regímenes que manipulan los sentimientos por su propio beneficio.

“Las caricaturas son una ofensa que la libertad de expresión no justifica”, dijo el rey Abdalá de Jordania. Poco después, el periodista Jihad Momani fue arrestado por publicar los dibujos y escribir que “lo que realmente daña al islam es un terrorista volándose en un hotel de Ammán en nombre de Alá”, en referencia al atentado del pasado noviembre en la capital jordana. El presidente egipcio, Hosni Mubarak, se pronunció en la misma línea que el rey jordano, teniendo en cuenta el auge de los Hermanos Musulmanes.

En una zona tan interconectada y en la que el conflicto palestino ha servido durante años, y sirve, de opio para el pueblo, no es casual que los regímenes inciten la ira por las caricaturas justo después de la victoria de Hamas en Palestina en unas elecciones impecablemente democráticas. Los mensajes que surgen de Damasco o Beirut son claros. ¿Cómo va a forzar Occidente la caída de Bashar al Asad si la alternativa en Siria son hordas de manifestantes quemando embajadas? ¿No prefiere Mahmud Ahmadineyad que los iranís protesten por las caricaturas y no piensen en las sanciones que previsiblemente les esperan por el desarrollo de su plan atómico ¿Quién va a exigir a Egipto y Jordania una auténtica democratización, si quienes aguardan son los islamistas que piden cortar las manos de los caricaturistas daneses

 @jcbayle

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