Krahe y la troika

Ha querido el calendario, ese caprichoso, que coincidieran en tiempo y titulares el europicidio de Alemania y la muerte de Javier Krahe, y uno no puede dejar de imaginar al gran poeta madrileño de Zahara de los Atunes de toda la vida pergeñando unos versos que dijeran algo así como es un asunto muy delicado, el de la troika y la Merkel, mientras veía ir y venir las olas, que ya se sabe que mal mirado el mar es una redundancia. Seguro que de dedicarle unos versos a la Merkel Krahe lo haría con más gracia que Pablo Iglesias, que en su famoso actuación conjunta con Krahe en la sala Galileo Galilei mancilló el recuerdo del ‘Cuervo Ingenuo’ para cantar algo así como “Tú mucho partido, pero, ¿es socialista, es obrero, o es español solamente?  Pues tampoco cien por cien si alemán también, Merkel ser muy absorbente”. Por Manitú, que Krahe le cantaría unos versos mucho mejores a Merkel y al paréntesis de sus caderas que el líder de Podemos, que por suerte para él no se gana la vida en el escenario (o sí).

‘Cuervo ingenuo’ fue el himno de la caída de un guindo, la de los progresistas con el PSOE de Felipe González. La canción, como todo el progresismo de aquella época, ponía en la diana a Estados Unidos y su (literalmente) brazo armado, la OTAN. Entonces, un cuervo ingenuo que le cantara las verdades, chirigota en mano, a la UE no hubiera tenido demasiado sentido. La UE (o la CEE) de entonces, era algo intrínsecamente ‘bueno’, en el maniqueísmo habitual con el que se trata la política internacional. Europa era el buenazo de de Jacques Delors, una bandera llena de estrellas, la unión de los pueblos, el sueño de los Estados Unidos de Europa, la concordia, la paz, el himno a la alegría. Europa quería ser una, pero era difícil, era lento y era un trabajo arduo, se nos explicaba con ese tono con el cual uno se enfrenta a los elementos. En España este buenismo europeísta, fondos de cohesión mediante, estaba tan acentuado que ha durado hasta bien entrada esta crisis. Un punto álgido fue el referéndum sobre la Constitución, al que los españoles fuimos como corderitos, sin debate, sin pensar (también sin entusiasmo, todo hay que decirlo) y por supuesto sin leernos el texto, a pesar de que algunas de las ideas de la ortodoxia que hoy son tan denostadas ya marcaban paquete allí. Tuvieron que ser los franceses (sus ciudadanos, no sus políticos) los que salvaran a Europa de sus constructores. Respecto a Europa, respecto tantas cosas, España se parecía mucho a las Antípodas de Krahe: ‘En las antípodas todo es idéntico, tienen teléfonos, tienen semáforos, con automóviles, con sancristóbales, muchos estómagos están a régimen. Tienes políticos más bien estúpidos pero son súbditos muy pusilánimes’.

Hoy, ‘Cuervo ingenuo’ es hasta naíf, si de aplicarlo a Europa se trata. La construcción europea ya no es una cosa simpática, sino una cárcel de espíritu panóptico pero con forma de €. Hemos pasado de la unión de pueblos, cultura y lenguas a un club, en palabras de Mariano Rajoy, en el que hay que cumplir las reglas para permanecer en él. Normas que no han elegido los ciudadanos y que ni siquiera marcan los dirigentes a los que han elegido los ciudadanos. Un club que primero se cargó a Silvio Berlusconi pero mira, como nos caía mal no dijimos nada, y que después de ahogar a Grecia durante años ahora no sólo la ha derrotado: la ha humillado con la intención de hacer un Berlusconi, es decir, derrocar a un Gobierno democráticamente elegido. Miro a mi alrededor, no le veo la gracia pero la desgracia sí. De mi boca, reacia, sale un jé, pero un jé muy flojín, de media comisura. Cucufato: mi humor o caeré en la locura, que cantaba Krahe.

No sé si quedaban europeístas de raíz naíf ya a estas alturas del partido. Si alguno había, el europicidio de Alemania de este fin de semana con Grecia los habrá aniquilado de raíz. La UE ya no es un himno a la alegría, es una trituradora como el FMI, igual siempre lo fue, lo que pasa es que no quisimos verlo, ¿qué nos habremos creído estos holgazanes mediterráneos, que todo es follar? Sólo queda agradecerle a Merkel que le haya quitado al mito pastoril de Europa su última capa de maquillaje. Muchos serán así los cuervos ingenuos que dejarán de silbar el himno a la alegría y mascullarán: “Señor Juez nada más le quería decir, que en el día de hoy cansado de vivir me decido a causar mi baja, la eterna, la fetén, me excluyo del padrón y aquí a renglón seguido le expongo la razón, por la cual rompo la baraja: (…) Y si no soy quien soy, es una ingenuidad creer que si me ahorco tengo libertad, más que para escoger la soga. ¡Mi asesino es usted!, ¿por qué no lo iba a ser?, representa la ley, simboliza el poder, el poder y quien se lo arroga…”.

Aunque, bien pensado, excluirse del padrón no debe de ser tan sencillo: fuera de la mazmorra del euro debe de hacer más frío que dentro, sólo así se entiende que Alexis Tsipras, pese a todo, haya decidido permanecer dentro, descalzo y con el culo al aire ante los suyos. Fuera sus carceleros se han quedado sin una triste bandera europea con la que taparse las vergüenzas. Algo es algo: ahora ya sabemos que los europeos estamos en un club que es una mazmorra, que la existencia de Europa no es más que un burdo rumor, que lo que hay es un club económico, y ni eso, porque ¿qué sentido tiene una moneda única si su banco central no es un prestamista de último recurso de buena fe sino un brazo armado político?

Qué tentación, coger de una vez a Marieta de la cintura y hacerse pescador allí en la costa suiza, oé, oé.

PD: Y mientras, mi chirigota está de duelo. Habrá que ocuparse sólo de lo que tiene importancia.

@jcbayle

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