Felipe

Sobre la carta de Felipe González a los “ciudadanos de Cataluña para que no se dejen arrastrar a una aventura ilegal e irresponsable que pone en peligro la convivencia entre los catalanes y entre estos y los demás españoles”:

  1. Los problemas políticos, como el de Catalunya, no se solucionan en los tribunales, sino con política. Alguien que hizo la Transición debería saberlo, ya que se basó en obviar la justicia en nombre de la política (con consecuencias que vemos ahora en muchos ámbitos). Insistir como argumento definitivo en el debate en la “ilegalidad” de las aspiraciones políticas de miles de catalanes es echar de ese marco legal a ellos y a muchos otros que sin ser independentistas no entienden por qué el marco legal no permite dirimir este asunto en las urnas.

  1. González agradece a los “ciudadanos de Cataluña” su apoyo en la gobernabilidad de España cuando él fue presidente del Gobierno. Quiero pensar que no usa “ciudadanos de Catalunya” como sinónimo de nacionalistas de CiU (los famosos “catalanes” con quien han formado coaliciones tanto PSOE y PP en una asimilación que hacía las delicias del pujolismo y enervaba a quien no era ni convergente ni nacionalista) y que se refiere, pues, a los votantes del PSC de aquellos años y a los de CiU. Hoy, los del PSC han menguado a mínimo históricos desde que su partido, el PSOE, contribuyó a pasarle el cepillo al Estatut impulsado por un socialista a quien su propio partido le hizo la vida imposible y ridiculizó. A los catalanes votantes de CDC les agradece el apoyo diciéndoles que o bien son nazis o bien quieren convertir Catalunya en Albania.
  1. González alerta de la fractura de Catalunya, al estilo de lo que ya hizo José María Aznar. No es un peligro desdeñable, pero obvia que a las elecciones del 27-S concurren tres bloques y no dos. Tras cuatro años de proceso soberanista, la sociedad catalana no está partida de forma pura entre el sí y el no. Seguramente González considera que Catalunya Sí Que Es Pot en un submarino del independentismo… de la misma forma que desde el independentismo se considera a Catalunya Sí Que Es Pot como la reencarnación de Lerroux. Al negar los matices, la fractura parece estar ya instalada en el discurso de González.
  1. “¿Imaginan un Consejo Europeo de 150 o 200 miembros en la ya difícil gobernanza de la Unión?”, se pregunta González. Me recuerda a un tipo al que conocí, un “español de pura cepa nacido en las Vascongadas”, que me dijo en Ramala: “Yo no soy anti-nacionalista, sino anti-nacionalista de quien no se merece serlo. Hay unas cuantas naciones de verdad, España, Alemania, Francia, los británicos, Israel… El resto, nacionalistas vascos, catalanes, los palestinos, no son naciones de verdad”. En su mensaje a los ciudadanos de Catalunya González les dice que a) La UE es un club de Estados y no de ciudadanos (cierto) y b) Que hay naciones que son Estados de verdad y otras que no pueden serlo. Lo cual deja a los independentistas con solo una salida: convirtamos Catalunya en un Estado y a ver qué pasa.
  1. La independencia desconectaría a Catalunya de la “dimensión iberoamericana” porque “este vínculo se hace a través de España como Estado nación y de la lengua que compartimos con 500 millones de personas —el castellano—”. Lo cual, intuyo, significa que en caso de independencia de repente a los siete millones de catalanes se nos olvidaría el idioma castellano; lo cual implica que a ojos de González en realidad el ciudadano catalán no es bilingüe, sino monolingüe catalán, y que regresaría a ese estado en caso de independencia. La frase también implica que las relaciones culturales solo se pueden hacer a través de los “Estado nación” (razón de más para los independentistas para convertir Catalunya en un Estado) y que sólo se puede tratar con Iberoamérica a través de España. Tal vez por eso España ha sido tan importante en temas como la normalización de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba, por decir algo.
  1. Mi argumento preferido es este: ” Vivimos en la sociedad más conectada de la historia. La revolución tecnológica significa “conexión”, “interconexión”, todo lo contrario a “desconexión”. Cada día es mayor la interdependencia entre todos nosotros: españoles de todas las identidades, europeos de la Unión entre 28 Estados nación, latinoamericanos de más de 20 países, por no hablar de nuestros vecinos del sur o del resto del mundo”. ¿Qué sentido tiene, en una sociedad interconectada, querer desconectarse de España? Si los europeos de 28 “Estados nación” y “latinoamericanos de más de 20 países” están interconectados, ¿por qué no puede estarlo un Estado nación catalán?, responderán los independentistas catalanes? Porque el nacionalismo (el de los otros, el de los que no se lo merecen) es provincianismo y regresar al villorrio: esa es la idea (muy a lo Vargas Llosa) que subyace en este argumento de González. Es una idea prima hermana de otra: ¿para qué quieren los catalanes recibir clase en la universidad en catalán, cuando lo que deberían hacer es estudiar en un idioma que hablan millones de personas para ser modernos y cosmopolitas? El catalán sirve para hablar de tus cosas en casa, pero no para estudiar ciencia. Para eso están los grandes idiomas que se lo merecen: ¿el inglés y el francés? No, el español. De nuevo, la forma de seducir a los “ciudadanos de Catalunya” de González es ponerles el dedo en el ojo a unos cuantos miles de ellos.
  1. González aboga por “reformas pactadas que garanticen los hechos diferenciales sin romper ni la igualdad básica de la ciudadanía ni la soberanía de todos para decidir nuestro futuro común”. A ello aspiraba, con sus aciertos y errores, el Estatut cepillado.
  1. “El señor Mas engaña a los independentistas y a los que han creído que el derecho a decidir sobre el espacio público que compartimos como Estado nación se puede fraccionar arbitraria e ilegalmente, o que ese es el camino para negociar con más fuerza. Comete el mismo error que Tsipras en Grecia, pero fuera de la ley y con resultados más graves.” Como tantos otros desde hace tanto tiempo, González comete el error (¿o es estrategia?) de atribuir en exclusiva a Artur Mas la situación política en la que se encuentra Catalunya (la famosa “deriva”). Primero, le hacen un favor a Mas y a sus aspiraciones políticas; segundo, es un reduccionismo que no hace ningún bien al debate, hay miles de catalanes que quieren romper con España en una cifra que no ha hecho más que aumentar y parece que a nadie le importe saber las causas. Considerar a miles de catalanes tontos útiles de la estrategia de un político maquiavélico para seguir saqueando las arcas públicas como su mentor caído en desgracia (y no hace tanto considerado como un gran hombre de Estado por quienes ahora lo comparan con los nazis) no es la mejor forma de afrontar el asunto. Así nos va, de hecho.
  1. González dice: “No creo que España se vaya a romper, porque sé que eso no va a ocurrir, sea cual sea el resultado electoral. Creo que el desgarro en la convivencia que provoca esta aventura afectará a nuestro futuro y al de nuestros hijos y trato de contribuir a evitarlo. Sé que en el enfrentamiento perderemos todos. En el entendimiento podemos seguir avanzando y resolviendo nuestros problemas”. Dejando al margen su idea de que la nación española es irrompible por encima de lo que piensen miles de personas que no quieren formar ni se sienten parte de ella, no voy a dudar de las buenas, tolerantes y dialogantes intenciones de González con su carta. Pero el efecto entre muchos catalanes ha sido el contrario, y no ha dejado en situación cómoda a muchos que no son independentistas pero tampoco partidarios del actual estado de las cosas, entre ellos gente de su propio partido. No es precisamente un esfuerzo de seducción lo que llega a los ciudadanos catalanes desde hace tiempo. La carta de González tampoco lo es. Sí es un buen compendio de motivos (hay muchos más, y de signos opuestos) por los cuales Catalunya se encuentra en la situación en la que está.
  1. Qué cansado es ser catalán, entre unos y otros.

@jcbayle

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