Emojis y refugiados

¡Qué barbaridad de emojis que hay en Facebook estos días! Es publicar un post exigiendo a las autoridades que pongan fin al sufrimiento de los refugiados sirios y llenarse tu muro de ‘Me Gusta’ de decenas de personas. Es escribir un post criticando el sensacionalismo de los medios por publicar la foto del pequeño Aylan muerto en la playa (acompañando el post con la foto, por supuesto, que las redes sociales no son un medio donde se publican cosas, sino donde se comparten) y cientos de amigos te aplauden y te dan la razón, todo por la audiencia, malditos medios, total, para qué queremos periodistas, todo el mundo sabe que si una fotógrafa profesional que trabaja para una agencia de noticias no hubiera ido a la playa a informar de lo sucedido (y a fotografiar el cadáver del pequeño Aylan), seguro, seguro, seguro que un muchacho con un móvil hubiera tomado igualmente la foto, ¿no? ¿No? ¿No? Y no la hubiera publicado en Facebook, sino que la hubiese compartido para denunciar tanta sinrazón, ¿verdad? ¿Verdad? ¿Verdad? Sin ánimo sensacionalista, por supuesto, nada más lejos que el sensacionalismo del ánimo, espíritu y letra de las redes sociales, ¿a que sí? ¿A que sí? ¿A que sí?

Pero decía que igual que todos fuimos Charlie en enero, ahora todos somos sirios, lo cual no deja de ser curioso, ya que a quienes cuando tocaba ser Charlie decíamos que sí, que de acuerdo, pero que Siria, pero que Irak, pero que Libia, nos dijeron de todo menos demócratas, empezando por filo-terroristas y acabando por tontos tontísimos que no veíamos que la verdadera guerra no era la que sucedía en esas montañas lejanas y desiertos remotos, sino la que el islam había desatado contra los valores de Occidente. Por eso debe de ser que son árabes, y la gran mayoría musulmanes, los que huyen de las consecuencias de esa guerra que los musulmanes han desatado contra los valores occidentales. Qué cosas que tienen estos seguidores de la fe del islam, lo que sea para incordiar los valores de Occidente.

Pero bueno, ahora somos Siria, pese a que, qué se yo, no fuimos ni Kobane, ni Kuwait ni Somalia el día del último atentado contra turistas occidentales (de los nuestros) en Túnez. Porque, oiga, un turista muerto es un turista muerto, a dónde vamos a ir a compararlo con 40 médicos, albañiles, profesores, desempleados y taxistas despedazados en una mezquita en uno de esos jaleos que tienen los musulmanes entre ellos, que no hay quien los entienda. Tampoco fuimos muy de los 700 muertos ahogados tratando de llegar a Lampedusa en abril, apuesto a que nadie sabe decir ni siquiera el nombre de uno de ellos. Hoy al menos sabemos que Aylan se llamaba Aylan y que a los niños sirios, igual que a los nuestros, también les gustan los osos de peluche. Lo sabemos gracias a los nobles ciudadanos 2.0 que retuitean los reportajes de los desalmados y sensacionalistas medios de comunicación. Algo es algo, podemos llenar nuestros muros de #JeSuisAylan y ganarnos los retuit, favs y Me Gusta de nuestros amigos. Qué bien podremos dormir por la noche ahora que ya hemos aprendido la diferencia entre refugiado y emigrante y hemos escrito un post explicándola, que cuando me acosté iba por los 97 Me Gusta y subiendo. Y cuánto emoji, da gusto verlos, tan amarillos, tan sonrientes, tan enfadados, tan llorosos.si llego a saber antes que hay una guerra en Siria…

No hace mucho, Aylan también se acostaba por la noche, quién sabe si abrazado a su oso de peluche. Por edad, fue uno de esos niños nacidos en una guerra civil que aunque muchos de los que llenan sus pantallas de emoji ni lo saben ni les importa empezó hace cinco años. Por tanto podría haber aparecido en uno de esos reportajes que aún hoy, pese a todo, se publican de una boda en Alepo, una maternidad en Homs, la vida sigue en Siria pese a la barbaridad en que Bachar al Asad, el Estado Islámico, Arabia Saudí, Qatar, Irán, Turquía, Rusia, Estados Unidos y Europa han convertido Siria (e Irak). Esa gente a la que en la más vieja de la vieja Europa hacinamos en trenes y encerramos en campos que son cualquier cosa menos de acogida no son pobres, como los emigrantes subsaharianos que en España devolvemos en caliente o disparamos en el mar mientras intentan saltar la valla de Melilla. Si a alguien se parecen, son a quienes cambian de canal en el informativo de la noche o han abandonado Facebook unos días porque no pueden soportar ver más la foto de Aylan en la orilla, ni los Me Gusta compensan el nudo en el estómago, oiga, que podría ser mi niña jugando a ser una sirenita este verano en Menorca, mierda de sensacionalismo, ¿por qué se publican estas imágenes, aunque sean pixeladas?

Estoy reconfortado, porque ahora que sabemos que a los niños sirios también les gustan los osos de peluche estoy seguro, convencidísimo, de que una oleada de emojis cabreados tomará las calles contra sus gobiernos y contra Bruselas, contra el Estado Islámico y contra Asad, contra el Pentágono y contra el Kremlin: ya lo veo, miles, millones de emojis cabreados que han saltado de las redes sociales a la calle, que es donde se hace la política, a exigir de verdad, con todas las consecuencias, el fin genuino, sin dobleces ni intereses ocultos, de la barbaridad en Siria. ¿Son eslóganes y gritos lo que llega desde la calle? ¿Usaremos las urnas para marcar la política de nuestros gobernantes? ¿Asumiremos como europeos qué parte de responsabilidad, desde el colonialismo hasta el expolio de sus recursos naturales, tenemos en lo que sucede en Oriente Próximo?

Me temo que no. Es lo que tiene vivir en un mundo de emojis: la indignación, la tristeza, la rabia y la solidaridad dura lo que dura un scroll.

Y hasta la siguiente pantalla.

@jcbayle

P.D: Publiqué estos días en Facebook sobre este tema:

— Que a una opinión pública como la española, con su siglo XX, haya que hacerle pedagogía con pies de plomo sobre refugiados y emigrantes. En fin.

— Hay una forma de evitar que la imagen de cadáveres de niños ahogados en la playa nos fastidien la cena: que sus padres no tengan motivos para abandonar sus hogares. Los gobiernos ya sabemos que no están dispuestos a ello; ¿están dispuestas las opiniones públicas? El primer paso para ello es saber lo que sucede en esos países (Siria, Libia, Irak, pero también el África subsahariana). ¿Están las opiniones públicas informadas? No. ¿Hay información sobre lo que allí sucede? Sí. ¿Por qué la ciudadanía no está informada? Porque no quiere. Hoy nadie puede alegar inocencia ni una conspiración de los medios para mantener en la ignorancia a la noble ciudadanía. Quien quiere saber de algo, lo encuentra.

Si hay que hacer una fila para criticar a la casta y a los del 1% yo seré el primero. Ahora bien, me agota un poco el discurso pastoril de qué malos son los gobernantes (ellos) y qué buenos somos los gobernados (nosotros). Existe un vínculo directo entre la decisión de Mariano Rajoy de no acoger refugiados y, por decir algo, mover cielo y tierra para que tu niño o tu niña no vaya a esa escuela que te ha tocado en el sorteo porque tiene mala fama dado que está llena de niños de emigrantes.

Los gobernantes, como Colau y Carmena están demostrando en este tema, deben liderar, pero la ciudadanía debe no ya responder, sino exigir. No con emoticonos de consternación en twitter y facebook, ni cambiando de canal a la hora de la cena, sino donde se responde y se exige en política: en la calle, en las urnas. De aquí a fin de año se votará en las autonómicas catalanas y en las generales españolas. Veremos en qué se traduce tanto cabreo, tanta consternación, tanta desafección.

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2 pensamientos en “Emojis y refugiados

  1. Tú eres muy malo… Así es, y no los vamos a cambiar escribiendo artículos desde el cabreo, por muy cargados de razón que estén. Se puede mirar desde otro punto de vista. La gente, así, en general, como masa, acostumbra a estar muy desconectada de lo que no sea su entorno inmediato. Las redes sociales han permitido que, aunque sólo sea como postureo, muchos de los que ni sabían ni les importaba lo que pudiera pasar con “esos moros fanáticos”, ahora ya lo sepan, y quizás algunos pasen de ese postureo a mojarse de verdad.
    La respuesta a la iniciativa de Colau está siendo buenísima. Ya veremos si acaban llegando refugiados, porque va a depender de la “solidaridad” del Estado (y con el PP al frente poco se puede esperar), y ahí tienes toda la razón en que es la sociedad civil la que debe exigir, demostrando con hechos (movilizaciones, iniciativas, votos…) que no vamos a conformarnos con el compromiso que acepte, por obligación y tacticismo electoral, el gobierno.
    Un abrazo.

  2. Pingback: ‘Me Gusta’ Alepo | Décima Avenida 2.0

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