Campeón en eufemismos

Todos tenemos vicios ocultos e inconfesables en los que nos solazamos. Uno de los míos, rarito que soy, es detectar los deliciosos eufemismos con los que Israel inunda la conversación pública. El Estado hebreo tiene una ingente capacidad de dar a las palabras significados nuevos o directamente inventarse conceptos. No es que torture al diccionario, sino que tortura con palabras la realidad. Todo el mundo usa eufemismos (ese finiquito en diferido) pero en este asunto, como en muchos otros, el Estado hebreo es el rey y otros (de nuevo ese finiquito en diferido), párvulos jugando a que son adultos. Viene a cuento porque leía un artículo sobre la última visita (?) de John Kerry a la zona y lo que me ha llamado la atención no es la vuelta a la escena de la carta que George W. Bush envió a Ariel Sharon en el 2004 (sí, en serio, sería hilarante si no fuera trágico), sino uno de mis eufemismos favoritos: los “cambios demográficos sobre el terreno”, o su hermano, la “realidad demográfica sobre el terreno”.

Lo de los eufemismos, al margen de servir para indignarte, reírte o maravillarte (la reacción va por barrios y por etapas de tu vinculación con este mal llamada conflicto, mira, otro eufemismo, como proceso de paz, aunque este, más que un eufemismo, es un gran embuste), es una perfecta prueba del algodón. Cuando lees o escuchas a periodistas o políticos usarlos en su discursos ya sabes que a) el rigor no es lo suyo b) compran, o forman parte, o refuerza, la narrativa israelí. También puede ser que sean de aquellos periodistas que yo llamo de camuflaje: que quieren hacer ver que son lo que no son, es decir, expertos en la zona. Porque una de las muchas cosas que tienen los eufemismos es que son un festín para el postureo. Los usas y parece que incluso sepas de lo que estás hablando sin haber pisado jamás tú solito la ciudad vieja de Jerusalén ni para comprar un posavasos de cerámica.

He aquí una reducida lista de algunos de mis eufemismos favoritos:

— Los cambios/realidad demográfica sobre el terreno también conocido como crecimiento demográfico de las comunidades judías. Israel siempre pide a Estados Unidos que reconozca esta realidad. La demografía, qué bonita palabra, trae imágenes de poblaciones reproduciéndose en armonía y prosperidad. De lo que hablamos, en realidad, es de Israel aumentando de forma unilateral e ilegal la población de los asentamientos en Cisjordania, construyendo más y más y enviando a más y más gente. Sí, también hay un crecimiento natural de población que vive allí. Lo cual no quita que habitan en las colonias de forma ilegal, porque los asentamientos, crezcan y se reproduzcan o no, son ilegales. El truco es delicioso, y por sí mismo explica la historia de Israel y al mismo tiempo es otro eufemismo: se llama crear realidades sobre el terreno para después incorporarlas a las negociaciones como hechos consumados. Se podría escribir un libro sobre ello.

— La bomba/amenaza demográfica a la que se enfrenta Israel. Siguiendo con la demografía. Lo leeréis en (pseudo)sesudos análisis. A lo bruto: las palestinas paren más que las israelíes (pese al esfuerzo de los ultraortodoxos), y esto es una amenaza para Israel. La imagen que evoca es hordas de barbudos islamistas asesinando a israelíes. Lo que quiere decir es que Israel se considera a sí mismo (eso es el sionismo) un Estado estrictamente judío. Si en lugar de amenaza demográfica hablamos de diversidad en  un Estado que quiere ser étnicamente puro, la perspectiva es otra.

— Derecho a la defensa propia / seguridad. Qué decir de este eufemismo. Israel hace todo lo que tenga que hacer para defenderse. Punto. Sin peros. Esto significa: bombardeos, detenciones, represión, cárceles secretas, una amplísima red de colaboracionistas, encarcelar a niños que lanzan piedras, matar sin consecuencias… y una amplia red de violencias que podemos resumir, para no cansarnos, en ocupación La palabra que esconde seguridad es esa, ocupación, y otra: impunidad.

— Continuo / Contiguo. Uno de mis favoritos. Es la propuesta (sic) con la que Ariel Sharon se presentó a la cumbre de Aqaba en junio del 2003 con Mahmud Abbás y George Bush y desde entonces reaparece de vez en cuando. Israel ofrece a los palestinos un Estado sin continuidad pero contiguo. Diccionario en mano, continuo es que uno sigue al otro; contiguo es que uno está junto al otro lado. Esto quería decir: una Palestina troceada por los asentamientos en los que no había continuidad territorial, en que para ir de Ramala a Belén (línea recta) debías dar un rodeo para no pasar por Jerusalén y las colonias a través de una red de túneles y puentes (de verdad, no es broma). Deliciosa era la contigüidad ofrecida con Gaza: una carretera controlada por Israel. En serio, Condoleezza Rice hasta lo negoció. Antes de la victoria electoral de Hamás en el 2006, claro. Desde entonces, a nadie le importa ya Gaza (tampoco es que antes importara mucho, tampoco). En Suráfrica, lo de contiguo lo llamaban bantustanes.

— La parcialidad de la ONU contra Israel. Es que la ONU es parcial, dicen, porque siempre sus resoluciones van en contra de Israel. Es lo que tiene vulnerar la legalidad y las resoluciones internacionales sistemáticamente desde hace décadas. Lo raro sería lo contrario (y sucede, gracias a EEUU y a UE, más a menudo de lo que debiera).

— Israel pierde la guerra de las relaciones públicas. Divertidísimo. En realidad sucede lo contrario: Israel siempre gana en el terreno de las relaciones públicas. Suelen decirse cosas así cuando, por ejemplo, el IDF mata a más o menos 500 niños en Gaza en más o menos 50 días, lo que da una media de diez por día. Hay que ser muy bueno en relaciones públicas para que algo así no hunda tu reputación y te sigan viniendo turistas a emborracharse en el paseo marítimo de Tel-Aviv cuando la Gay Parade.

— Jerusalén, capital de Israel. La ciudad es muchas cosas. Lo que no es: la capital de Israel, así que usarlo como la parte por el todo, como utilizamos Washington por EEUU o París por Francia, no es que sea un eufemismo, es que va en contra de entrada de la legislación internacional. Por mucho que el Gobierno israelí esté en Jerusalén, ningún país (salvo un par o tres rollo Micronesia) lo reconoce. Incluso EEUU tiene su embajada en Tel-Aviv.

— Ramala, capital administrativa de la ANP. Me encanta. Por esta regla de tres, habría que llamar a Jerusalén capital administrativa ocupada de Israel.

— Antisemitismo. Cansa, pero hay que repetirlo. Israelí, judío y sionista no son sinónimos. Israelí es una nacionalidad (hay israelíes cristianos y musulmanes); judío es quien profesa una religión, también una identidad, hay judíos de muchísimas nacionalidades. Sionista es quien es partidario de una ideología, el sionismo. Hay muchísimos sionistas que no son judíos. Por tanto, ser antisionista no es ser antisemita.

— Paz. En fin.

— Mahmud Abbás, líder palestino: Más que un eufemismo, es un oxímoron.

Lo sé, hay muchísimos eufemismos más: dolorosas concesiones, deterioro de la situación, espiral de violencia, la verja que es un muro, la amenaza estratégica, el terrorismo, los asesinatos selectivos, los palestinos nunca pierden la oportunidad de perder una oportunidad, si los palestinos quisieran a sus hijos como odian a los israelíes… Y la madre de todos los eufemismos: la única democracia de Oriente Medio. Pero eso es materia para otro post.

PD: Os dejo un artículo que he publicado en ctxt: El rey de tréboles y el armario de Blair.

@jcbayle

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4 pensamientos en “Campeón en eufemismos

  1. Reblogueó esto en Palestina en el corazóny comentado:
    Joan Cañete Bayle sobre los eufemismos de la narrativa sionista y sus cómplices internacionales:
    “— Israel pierde la guerra de las relaciones públicas. Divertidísimo. En realidad sucede lo contrario: Israel siempre gana en el terreno de las relaciones públicas. Suelen decirse cosas así cuando, por ejemplo, el IDF mata a más o menos 500 niños en Gaza en más o menos 50 días, lo que da una media de diez por día. Hay que ser muy bueno en relaciones públicas para que algo así no hunda tu reputación y te sigan viniendo turistas a emborracharse en el paseo marítimo de Tel-Aviv cuando la Gay Parade.”

  2. Reblogueó esto en Los otros judíosy comentado:
    — Antisemitismo. Cansa, pero hay que repetirlo. Israelí, judío y sionista no son sinónimos. Israelí es una nacionalidad (hay israelíes cristianos y musulmanes); judío es quien profesa una religión, también una identidad, hay judíos de muchísimas nacionalidades. Sionista es quien es partidario de una ideología, el sionismo. Hay muchísimos sionistas que no son judíos. Por tanto, ser antisionista no es ser antisemita.

  3. Pingback: Lieberman, el puño de hierro sin guante | Palestina en el corazón

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