Gaza, la primavera y el señor Wolfensohn

Se cumplen diez años de la crucial victoria de Hamas en las elecciones legislativas de la ANP y yo no puedo dejar de pensar en James D. Wolfensohn.

Hace diez años, decía, nos levantamos en Gaza con un bombazo diferente de los habituales, cuyas consecuencias duran hasta hoy: Hamas había ganado las elecciones legislativas de la Autoridad Nacional Palestina. Recuerdo que mi crónica publicada el 26 de enero del 2006 en El Periódico (lo que se llama una previa, escrita el día anterior) anunciaba en el título la victoria de Al Fatah. Por supuesto, estaba caducada casi en el mismo instante en que se imprimió y se distribuyó el diario. Releída después, era una crónica que titulaba con la previsible victoria de Al Fatah pero que, a partir del lid, enumeraba los motivos por los cuales… Al Fatah iba a perder. No me sucedió sólo a mí, nos pasó a todos los corresponsales: todos nos habíamos movido por los territorios ocupados, todos sabíamos del hartazgo de la población palestina, todos éramos capaces de enumerar los motivos por los cuales Hamas debía ganar. Y aun así, resultaba inconcebible que Al Fatah fuera derrotada y cediera el poder (lo primero sucedió; lo segundo, como se vio después, era cierto). Los palestinos, siempre un paso por delante de sus “hermanos árabes”, inauguraron lo que después Robert Fisk llamó “la manía de los árabes de no votar lo que toca”. Lo que toca, claro, lo decide Occidente. Sigue leyendo

Diez a uno

Diez a uno. Esa es la ya famosa equivalencia que, según desveló la diputada Anna Gabriel, alguien del equipo negociador de Junts pel Sí les transmitió al equipo negociador de la CUP durante el largo proceso de diálogo que ha acabado con Artur Mas fuera de la Generalitat y con Carles Puigdemont como presidente. “La cabeza de un israelí vale más que la de 10 palestinos”, les dijeron, en una comparación en la que el israelí es Artur Mas y los palestinos, los diez diputados cuperos. Sigue leyendo

Columpios terroristas

Así, a bote pronto, me vienen a la cabeza dos parques infantiles en Jerusalén Este. Uno se encuentra adyacente a una pista polideportiva cercana a varios consulados, entre ellos el español; el otro está en el barrio de Beit Hanina. Supongo que como parque infantil también cuenta el espacio para niños en el ‘compound’ del hospital Victoria Augusta. En el parque del consulado es frecuente ver botellas rotas y suciedad, no es que el ayuntamiento se esmere mucho en cuidarlo. El parque de Beit Hanina es de arena, y tiene una buena sombra. Suele estar frecuentado, aunque es más fácil ver a los niños vagar por Beit Hanina en sus bicicletas entre medio del tráfico que en el parque. Normal, estos dos parques son la excepción, ya que en Jerusalén Este no hay parques infantiles. Sigue leyendo

Trump y el ‘show-business’ de los feos

En este tiempo de florecimiento de nuevos medios y nuevas narrativas periodísticas, hay un proyecto cuyo devenir me intriga por encima del resto: el aterrizaje en Bruselas de ‘Politico’, la publicación que en Washington ha logrado convertirse en la referencia de la información política, por encima de cabeceras clásicas como ‘The Washington Post’. La política de Estados Unidos es muchas cosas, y una de ellas es espectáculo, un ‘show’ que los medios alimentan y retroalimentan con gran sentido del momento y del sentido escénico por tres grandes motivos, no necesariamente en este orden: porque es su obligación social, porque su opinión pública lo exige y porque es rentable económicamente. En ese sentido, la gris y burocrática Bruselas está muy alejada del ‘show-politics-business’ de Washington. A Jay Leno, y a muchos otros antes y después de él, se le atribuye la frase “la política es el show-business de los feos”. En Bruselas sin duda hay muchos feos, mucha política y mucho negocio; lo que me intriga es si de todo ello se puede hacer además un ‘show’ entretenido y rentable a la estadounidense. Sigue leyendo