Columpios terroristas

Así, a bote pronto, me vienen a la cabeza dos parques infantiles en Jerusalén Este. Uno se encuentra adyacente a una pista polideportiva cercana a varios consulados, entre ellos el español; el otro está en el barrio de Beit Hanina. Supongo que como parque infantil también cuenta el espacio para niños en el ‘compound’ del hospital Victoria Augusta. En el parque del consulado es frecuente ver botellas rotas y suciedad, no es que el ayuntamiento se esmere mucho en cuidarlo. El parque de Beit Hanina es de arena, y tiene una buena sombra. Suele estar frecuentado, aunque es más fácil ver a los niños vagar por Beit Hanina en sus bicicletas entre medio del tráfico que en el parque. Normal, estos dos parques son la excepción, ya que en Jerusalén Este no hay parques infantiles.

No es una impresión. En los barrios de Shuafat y Bet Hanina, donde viven 60.000 personas, sólo hay dos parques infantiles (un tercero lo han construido con aportaciones privadas). En el vecino asentamiento de Pisgat Zeev, hay 56 parques para 44.000 personas. De media, en Jerusalén Este (la parte árabe de la ciudad) hay un parque infantil por cada 30.000 habitantes; en Jerusalén Oeste (la parte judía) hay un parque cada 1.000 habitantes. Los hay enormes, como el Liberty Bell Park y con encanto, como el de la plaza Chile (donde está la casa en la que nació Edward Said) o uno pequeñito en la German Colony. El adyacente al parque de la Independencia, con su trenecito metálico y sus bizarras atracciones, es uno de mis favoritos, y el de Mushrara los sábados se llena de niños ultraortodoxos, ya desde muy pequeños con los tirabuzones y demás parafernalia de la fe de sus padres. Aunque el gran parque infantil de los religiosos se encuentra a la entrada de Mea Sherim, el barrio ultraortodoxo. Allí se citan familias religiosas para que los niños se desbraven; allí puedes ver que la ley del parque (los mordiscos, los empujones, las colas para el columpio) no sabe de fe, de fronteras ni de color de la piel, que los niños son ante todos niños, hasta que los padres los maleamos.

Las cifras de parques salen de la demanda presentada en un tribunal de Jerusalén en la que familias palestinas exigían al Ayuntamiento de Jerusalén que construya zonas de juego infantiles en Shuafat y Beit Hanina. El juez ha fallado a favor, y ahora el Ayuntamiento debe construir al menos 10 parques en Shuafat y Beit Hanina en dos años y otros 20 en cinco. Hasta que no lo vea, no me lo creo. De entrada, el consistorio recurrirá, por supuesto. Su defensa es que por motivos urbanísticos es muy difícil construir parques infantiles en Jerusalén Este. Raro que no haya argumentado motivos de seguridad, que ya se sabe que los columpios pueden ser instrumentos terroristas.

Israel dice que Jerusalén es la capital unidad e indivisible de Israel. La realidad es muy distinta: Jerusalén es una ciudad profundamente dividida, y el ayuntamiento (en manos hoy de un alcalde que se pasea armado por los barrios árabes de su ciudad) es una institución más de la trama discriminatoria construida en la ciudad para hacer, literalmente, la vida imposible a sus ciudadanos árabes. En transporte público y en recogida de basura; en calidad de internet y en limpieza de las calles; en los permisos para abrir negocios y en las rutas turísticas; en el precio de los impuestos y en la duración de los semáforos en rojo: todo en Jerusalén está concebido para que la vida en las zonas árabes (y las de sus ciudadanos) sea farragosa, difícil, imposible. En Jerusalén Este hay ruinas en la calle, contenedores en los que humea basura, cristales en las aceras y carriles bici que acaban en avenidas de dos carriles por sentido de la marcha. En Jerusalén Este no hay cines, apenas hay restaurantes, y los tour-operadores son presionados para que no lleven los turistas a sus hoteles. No es aleatorio, es premeditado, como lo es todo en esa red de violencias que se resume bajo el nombre de ocupación. En Jerusalén Este la vida no es tan dura como en Gaza o en Cisjordania, pero allí vivir también es resistir.

Estos palestinos se quejan de vicio. ¿Para qué querrán columpios y toboganes sus hijos?

PD: Alguien dirá: ya, pero es un tribunal israelí quien ha sentenciado a favor de que se construyan parques infantiles en los barrios árabes. Cierto, y ello no invalida nada de lo expuesto. Como ocurre, por ejemplo, en las sentencias favorables a propietarios de tierras palestinos que forzó a un ligero cambio en el trazado del muro en Cisjordania, estos fallos (si se acaban cumpliendo) no ponen en duda el sistema discriminatorio, sino que lo maquillan. Para entender el papel del sistema judicial israelí en la ocupación, hay que leer a Martín Pallín.

@jcbayle

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2 pensamientos en “Columpios terroristas

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