Diez a uno

Diez a uno. Esa es la ya famosa equivalencia que, según desveló la diputada Anna Gabriel, alguien del equipo negociador de Junts pel Sí les transmitió al equipo negociador de la CUP durante el largo proceso de diálogo que ha acabado con Artur Mas fuera de la Generalitat y con Carles Puigdemont como presidente. “La cabeza de un israelí vale más que la de 10 palestinos”, les dijeron, en una comparación en la que el israelí es Artur Mas y los palestinos, los diez diputados cuperos.

La frase lo tiene todo. En los dos extremos del nacionalismo catalán, Junts pel Sí y la CUP se posicionan en los frentes opuestos del mal llamado conflicto palestino-israelí. JxSí (tanto CDC como una parte nada desdeñable, diría incluso que mayoritaria, de ERC) son pro-sionistas, siguiendo la tradición abierta en Catalunya desde el ‘Israel, 1957’ de Josep Pla. Como grupo de izquierdas, la CUP se dice pro-palestina entre otros motivos por el derecho a la autodeterminación de los pueblos. En esta línea se encuentra también, por ejemplo, el mundo aberzale en el País Vasco. La comparación del simpático negociador de JxSí incide, pues, en esta diferencia entre los dos grandes grupos partidarios de la independencia en Catalunya.

La frase también refleja una visión determinada del mundo por parte de JxSí, lógica si se tiene en cuenta que entre sus referentes intelectuales (?) se encuentra la aprendiz catalana de Golda Meir. Una visión en la que hay cabezas que valen más que las de otros. La de Mas vale por diez de la CUP; la de un israelí vale por diez palestinos; la de un catalán que se puede pagar una mutua vale más que la de diez ciudadanos que dependen de la recortada sanidad pública; la de un ‘senyor de Barcelona’ más que la de diez (qué digo diez, cientos) de profesores o trabajadores sociales o enfermeras de sueldos y condiciones laborales recortadas; la de un señor de Vic por diez señoras de Córdoba; la de un cristiano por diez musulmanas con burka (aunque nadie haya sido capaz aún de ver ni un solo burka en Catalunya, ¡ay la ignorancia!); la de un empresario amigo por diez parados; la de uno ‘dels nostres’ por diez ‘del seus’.

Uno de los privilegios de ser corresponsal en Jerusalén es que por ahí acaba pasando mucha gente. Por eso he conocido a unos cuantos de los que hoy se llaman Junts pel Sí, a unos cuantos de estos diez por uno. Dicen y hacen lo mismo que los otros diez por uno, aquellos de los que ahora dicen que quieren desconectarse. Porque si algo tienen en común los señores de JxSí con los señores de orden del (resto de) España (de derecha e izquierda, eso da igual, que un socialista suele llevar kufiya en la oposición, hasta que se pone la corbata de estadista y entonces el mundo se convierte en un lugar mucho más complicado, donde hay cabezas que valen por diez) es que adoran a Israel. Por nacionalistas y porque identifican al Estado hebreo con el poder, porque forma parte del 1% mientras que los palestinos, igual que los negros en EEUU, igual que los beneficiarios de la pirmi en Catalunya, igual que los kurdos en Turquía, igual que los saharauis en el Sahara, igual que los parados en España, igual que los refugiados que se agolpan a la fortaleza europea, igual que los muertos que nutren la fosa común del Mediterráneo, son el 99%. Una a diez, esa es la proporción.

En el lado catalán, de ese amor a ratos sentimental, a ratos ideológico, a ratos interesado surge el delirio de que Israel será un gran aliado de la Catalunya independiente, esa realpolitik con espardenyes. De ahí también la comparación del simpar negociador de JxSí: a estos niños de la CUP que han estado jugando con los mayores y que con su irresponsabilidad casi rompen la vajilla  hay que dejarles las cosas claras. Muchas cosas deben entender con meridiana claridad, y una de ellas, no baladí, es que hay cabezas que valen por diez. La lección ha quedado plasmada, negro sobre blanco, en el acuerdo que ha supuesto la presidencia de la Generalitat para Carles Puigdemont, pro-israelí orgulloso, amigo de Prenafetas y Alavedras, etiquetador de los catalanes entre “bona gent” (lo que quieren la independencia, el 48% de los que votaron el 27-S) y el resto, el 52%, que por oposición deben de ser “mala gent” (catalanes que se odian a sí mismos) en este juego de suma cero y de bloques que es la política catalana.

Que hay un 1% y un 99% y que este 1% ve la vida a través de un prisma de uno a diez hace tiempo que se sabe, y si alguien tenía dudas esta crisis que fue una estafa lo constató. Que el nacionalismo catalán cree fervorosamente que la vida de un israelí vale la de diez palestinos tampoco es nuevo. Que para JxSí la CUP siempre ha sido el rebaño de niños revoltosos a los que hemos dejado jugar hasta que casi joden el invento hay quien lleva tiempo diciéndolo. Nada nuevo.

La pregunta es qué hacen los diez eligiendo como presidente a uno de los del grupo del uno, por qué le garantizan la estabilidad parlamentaria con lo que a efectos prácticos casi equivale a un cheque en blanco, qué les van a decir a los votantes que votaron a un partido anticapitalista y se encuentran con que dan su apoyo a Antoni Castellà, el responsable del aumento de becas en las universidades catalanas, como nuevo conseller de Empresa i Coneixement, por decir algo. Cada uno elige sus baremos y sus barras de medir, y la CUP ha mostrado las suyas: prefiere pactar con JxSí en la Generalitat que con Ada Colau en el Ayuntamiento de Barcelona. Sí, lo sé, esto es por la ruptura y para montar la República Catalana, son acuerdos temporales por un bien superior. Pero por mucho que algunos de los que forman parte del grupo de los diez se enfaden estos días en las redes sociales cuando se les recuerda, la realidad es que han pactado con los del diez por uno. Eso es lo que hay.

La cuestión es que si algún día llega el momento de montar esta República Catalana (pese a que los independentistas tienen un evidente problema del 52%, por decirlo en términos clásicos de la política catalana) sus socios seguirán siendo los del diez a uno. Y ya hoy apuesto diez a uno a que entonces también surgirá una República basada en el diez a uno, no sé si me explico. Al fin y al cabo, lo de las hegemonías y el ‘primus inter pares’ es más viejo que la tos, y no veo por qué los diez lograrían más réditos entonces, cuando la cosa vaya en serio, que ahora, en pleno proceso. Entonces, lo de ahora sería un juego de niños, saco seis en el dado, me como a diez y cuento veinte (18 meses para refundar tranquilamente Convergència, con su árbol y sus hojas).

En un sistema del 1% y del 99%, los palestinos de este mundo, en Gaza, en Baltimore, en Madrid y en Catalunya, siempre pierden.

@jcbayle

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Un pensamiento en “Diez a uno

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